Relatos con música

El tango del sol naciente

Campeonato de Tango en Asia 2019 (Fuente: Embajada de Japón)

La culpa la tuvo en barón Tsunayoshi Megata, un aristócrata japonés, enfermizo y melancólico que, a finales de la década de los años 30 del pasado siglo, viajó a París para tratarse de una enfermedad de la piel. Como tenía mucho tiempo libre entre consulta y consulta y la cartera llena de yenes, comenzó a frecuentar los cafetines nocturnos parisinos donde se cantaba y se bailaba de todo. El tango argentino era una de las atracciones más novedosas en el París de entreguerras. Y Megata se enamoró de los arrabaleros tanguistas que pululaban por la ciudad de la luz. Cuando regresó a Japón, puso en marcha la idea de crear escuelas de tangos en Tokio. En aquella época, el jazz estadounidense estaba prohibido por decisión del emperador. Los japoneses vieron en el tango la representación de la modernidad más allá de sus fronteras, a falta de otros movimientos musicales que hacían furor en aquella época, porque los desconocían. Tan lejos de Occidente y tan aislados, el tango fue la tabla de salvación. En la década de los 50 comenzaron a proliferar en Japón las orquestas y las tanguerías.

La formación más famosa fue la Típica Tokyo, dirigida por Shinpei Hayakawa. Su esposa, Ranko Fujisawa fue la más famosa tanguista de la época. La troupe viajó hasta Buenos Aires para pasear el tango japonés por los escenarios bonaerenses. Y dicen que hasta el propio Perón aplaudió la actuación de los tanguistas orientales.

Ikuo Abo

Pero de entre todos ellos, hay que destacar una figura verdaderamente emblemática de este fenómeno musical por lo que representa. Se trata del cantante Ikuo Abo.

El joven Abo, oriundo de una ciudad de provincias, padecía parálisis facial. Se trasladó a Tokio para ponerse en manos de especialistas y tratarse del mal. En la capital escuchó el tango. Y se enamoró de la melodía, el ritmo e incluso el baile, él, que era un enclenque bajito y esmirriado. Se matriculó en una academia de tango que dirigía Ricardo Franco, un cellista y arreglador porteño, afincado en el país oriental. Franco sólo enseñaba a sus alumnos un tango: Nostalgia, porque consideraba que si un cantor podía con ese tango, podía con cualquier otro. Y Ikuo Abo pudo. Además, las lecciones del canto argentino le ayudaron a recuperar parte de la movilidad de sus músculos faciales. No sabía español ni tenía ubicada Argentina en el mapamundi, pero el empeño y tesón del joven japonés cubrieron esas carencias. Le faltaba la prueba de fuego. Era conocido en Japón, pero había que dar el gran salto.

Disco de Ranko Fujisawa y Ikuo Abo titulado en español Tango en kimono

En 1964, Ikuo Abo viajó a Buenos Aires, por fin. Y salió airoso. Fue presentado en algún club nocturno y grabó un disco que incluía las versiones de Ríe, Payaso, un tango de Virgilio Carmona, con letra de Emilio Falero, y La última copa, una composición de Francisco Canaro y Juan A. Caruso. Y con esa grabación llegó el éxito que paseó por varios países latinoamericanos. Le faltaba un último reto para entrar en los hogares de todos los porteños: la televisión. Y la oportunidad le llegó de la mano del programa de mayor audiencia en la Argentina de la época: Sábados circulares, donde Ikuo Abo se codeó, por ejemplo, con Charles Aznavour y otras figuras de renombre que recalaban en los estudios de la televisión argentina para promocionar su trabajo.

Ikuo Abo paseó el tango, y su particular forma de entenderlo e interpretarlo, por todo el mundo. Tal vez la extrañeza de ver a un cantante bajito, con los ojos rasgados, sin sombrero fedora y pañuelo blanco al cuello, arrastrando un acento porteño postizo, fueron cualidades superiores a su voz para que, a día de hoy, todavía sea recordado por los nostálgicos del tango. Si es cierto que la música no tiene fronteras, este episodio es buena prueba de ello.

Ikuo Abo murió de una neumonía a los 84 años. De su parálisis facial, nunca más se acordó. El tango es un remedio que sirve para todo.

Gabriel Sánchez

El cantante Ikuo Abo interpreta el tango En esta tarde gris, con la Orquesta Masaichi Sakamoto, durante la emisión del programa Teleritmo de TVE, en 1967:

2 comentarios en «El tango del sol naciente»

  • No tenía ni idea de este cantante japonés. Es increíble escuchar su voz de tanguista y verle con esa contención que tiene y su kimono. Gracias por traernos esta historia.

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