Semanario Cultural

De Vila-Matas a Benjamín G. Rosado: El vuelo de la imaginación (literaria)

Ya en el momento de su publicación dejamos aquí constancia de cómo nos sorprendió, del último Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros del Ministerio de Cultura, el dato de que el 75,3% de las personas de entre 14 y 24 años lee libros en su tiempo de ocio, siendo así el grupo más lector en España. 

Los jóvenes entre 14 y 24 años, el grupo más lector en España (Foto: Elin Melaas)

Vuelve sobre el asunto esta semana El Cultural con un reportaje de Nuria Azancot en el que recoge algunas matizaciones y desconfianzas que extraer de esas cifras, como las del crítico y editor Ignacio Echevarría, que entiende que “la relación que tienen con el libro muchos de esos jóvenes lectores de romantasy que abultan las estadísticas es de naturaleza ocasional, no muy distinta de la que tienen con otros chismes tecnológicos”. Cree que el enganche de la mayoría de los lectores jóvenes es con la ficción y la fantasía, antes que con la lectura, un enganche que se consolidará previsiblemente más con los videojuegos, la televisión y el cine, por encima de los libros. Desde otra perspectiva, la catedrática Gemma Lluch opina que el problema está no tanto en que lo que lean las nuevas generaciones sea o no basura, sino que esas ficciones narrativas en muchos casos crean adicción. Pero también advierte de que “si se tiene esa opinión sobre algunas lecturas de los jóvenes, se debería tener la misma sobre la de algunos adultos”. Para ella la cuestión está en qué tipo de lectura realizar en cada espacio: “La obligación de la escuela (y de la biblioteca pública) es enseñar y acompañar para que las lecturas ganen complejidad. ¿Por qué? Porque la mayoría de los libros más leídos devuelve al lector el mismo mundo que habita y conoce; funciona como el algoritmo de las redes sociales: aquello que lees o consumes es el mundo que tienes o que deseas”.  Lo que viene a corroborar que, “contra lo que suele pensarse, la lectura no es por sí sola una actividad buena ni mala –según Echevarría–. Depende de su contenido”. Por ello ve un error que padres y maestros empleen “como anzuelo para la lectura ficciones producidas industrialmente, que abonan la sentimentalidad y la ideología dominantes mediante esquemas narrativos elementales, maniqueístas y escapistas”.

Sirva este preámbulo para abrir nuestro resumen semanal, en que nos fijaremos en dos autores que están de actualidad, aunque por motivos (¿y apreciaciones?) literarios muy distintos. 

Canon de cámara oscura, de Vila-Matas

“Del niño Vila-Matas su maestro se burló (…) leyó en voz alta su redacción escolar y se mofó.

—Como pueden comprobar, el alumno Vila-Matas nos informa en este texto de la baja intensidad de la luz de la lámpara de su escritorio.

Todos rieron.

El alumno Vila-Matas –flaco, cejas largas, frente ancha, pómulos marcados, raya a la izquierda, grillos en la cabeza asomando por los ojos– debió de bajar la mirada. Había escrito que aquella lámpara dormía sobre sus ojos en vela. Era una metáfora de su estado de ánimo; una imagen de la precariedad económica que sufrían en el piso de la calle de Rimbaud, Barcelona, años sesenta; el mundo de ayer. Todos rieron. Pero aquella tarde remota en que su maestro lo llevó a conocer el hielo de la crítica, el alumno Vila-Matas descubrió algo más importante. Sintió, por primera vez, la íntima necesidad de escribir.”

Enrique Vila-Matas (Librería Lé)

Con esta descripción del momento inaugural de “la íntima necesidad de escribir” comienza el perfil de Enrique Vila-Matas el también escritor Paco Cerdà en Babelia con motivo de la llegada a las librerías esta semana de la última novela del escritor barcelonés, Canon de la cámara oscura. 

Vila-Matas, recuerda Cerdà, ha publicado más de 40 libros y cita algunos de ellos a los que adjunta un logro o intención: “En Impostura exploró el misterio de la identidad personal, la pasión por ser otro, la necesidad de habitar vidas distintas. En Historia abreviada de la literatura portátil creó los shandys y aquella conjura secreta de escritores con maleta”. Y así varios más hasta llegar al último hasta ahora, Montevideo, en el que “se preguntó si la vida solo fuera leer y escribir flaneando por París y otras ciudades”. Y concluye el repaso con esta afirmación: “Todo –siempre– entretejido con la literatura. Una catedral metaliteraria”. Aunque –añadimos aquí– no siempre la crítica supo apreciar ese intento de superar el ramplón realismo que padece buena parte de la narrativa española.

El nuevo libro (“otra vuelta de tuerca a su literatura”) regresa al espíritu de sus bartlebys, y la historia empieza con la muerte de un marginal escritor barcelonés, al que llaman El Fracasista, que deja encargado a su secretario la selección de entre su inmensa biblioteca, de 71 libros: “La misión es que Vidal Escabia, así se llama su asistente, conforme un canon literario desplazado, intempestivo e inactual. Un canon disidente. Que discrepe. Que bordee la locura. Que se mueva, oscuro, entre las sombras. Como aquella débil lámpara en los días no azules de la infancia.

Pero hay una duda. Un misterio. El enigma es averiguar si Vidal Escabia es un hombre herido por el amor que siente por su hija ausente o acaso es un androide, un Denver-7 infiltrado entre la gente corriente”.

El perfil de Vila-Matas trazado por Cerdá es un repaso, además de por la obra del escritor, por su particular visión de la narrativa, de su poética: “Sueña Vila-Matas con una novela desterrada de tramas, argumentos y realismos y ya felizmente instalada en la frontera; una novela en la que sin problemas se mezclara lo autobiográfico con el ensayo, con el libro de viajes, con el diario, con la ficción pura, con la realidad traída al texto como tal”. Una narrativa que tiene su propio canon real: “Ese vasto mundo de citas y afinidades que van de Pitol a Tabucchi, de Magris a Sebald, de Bolaño a Musil. Y sobre todo: la angustia existencial de Kafka, el concepto libro-mundo de Joyce, la escritura infinita de Borges, la desaparición del autor de Walser, el paroxismo de la experimentación en Goethe, Shakespeare y Cervantes”. Sí, Cervantes también, –y esto lo debemos resaltar–, pues como bien se ha señalado la vinculación de Enrique Vila-Matas con Cervantes tiene mucho que ver con el interés del primero por la literatura y sus mecanismos de creación y la concepción del espacio novelesco “como espejo de un alter ego, narrador-protagonista productor y comentador de la escritura que va cuajando” (Dana Diaconu).

El vuelo… a la fama 

Benjamín G. Rosado (Diario de Ávila)

De las críticas y reseñas de la novela de Vila-Matas nos haremos eco en próximas entregas (de momento está en la fase de promoción pre-publicación), y comprobaremos si en algún sector aún pervive ese “hielo de la crítica”, del que hablaba Cerdà. De las que sí podemos dar cuenta es de las ya recibidas por El vuelo del hombre, la primera novela de Benjamín G. Rosado, que ha sido la ganadora del Premio Biblioteca Breve de la edición de este año. “El jurado ha reconocido de manera unánime la obra de Rosado, nacido en Ávila, que considera una investigación literaria que no da sosiego al lector, un libro sobre libros y sobre el poder de la ficción para transformarnos la vida, una ópera prima en la que construye un ejercicio metaliterario que bebe de la tradición de fabuladores como Paul Auster o Roberto Bolaño, decía el teletipo de la agencia EFE. De la biografía profesional del autor, se daba cuenta de su condición de periodista cultural de El Mundo y colaborador de otras revistas como Esquire o Harper’s Bazaar. Las primeras críticas son, en general elogiosas. En La Lectura, donde colabora G. Rosado, el crítico Juan Marqués exclamaba: “¡qué ganas tenía yo de leer un libro así! Y qué necesidad de esta literatura tan primitiva y a las vez tan elaborada y cuidadosa, qué hambre de una ficción tan pura, llena de trampillas, de niveles de sentido” …

La novela cuenta la historia del fulgurante éxito editorial de un joven escritor español que se refugia en Nueva York para asimilarlo y tratar de prolongarlo con nuevos libros… que no llegarán, pues hay un juego de imposturas, atribuciones y malentendidos. Marqués pone algunos ligeros peros a la novela como, por ejemplo, “la verosimilitud de algunos minúsculos detalles”, poco más. 

Objeciones de mayor peso leemos en la crítica de la novela que firma en El Cultural Santos Sanz Villanueva. Ya de la trama dice que si quisiera dar cumplida cuenta de ella “necesitaría la mitad de las páginas de esta entrega de El Cultural (…) Tan meándrica, enzarzada y compleja es la historia que Benjamín G. Rosado fabula en su primera novela”. 

El vuelo del hombre –escribe Sanz Villanueva– responde, en última instancia y bajo su liosa apariencia, a un modelo narrativo clásico, la novela de personaje. Resume parte de la trama y desvela uno de los giros más sorprendentes: “Conocemos que Marín no es el autor del famoso libro sino un plagiario, y no hago un impertinente espóiler porque en ello está la clave de la obra. Esclarecer esos hechos y mostrar el complicado mundo mental del autor falsario ocupan mucho espacio y complican al extremo la línea anecdótica zigzagueante”. 

No obstante, y “a pesar de una trama un tanto farragosa”, termina la reseña elogiando las “muy notables cualidades narrativas” del autor, en el que ve fuerza fabuladora y a un contador de cuentos nato. “Construye su historia, además, con auténtico virtuosismo, con la pericia de un relojero. En una trama tan rebuscada, todo encaja a la perfección”. A pesar de ello, estas “admirables e infrecuentes cualidades”, concluye, no consiguen que la historia imante al lector “por culpa del excesivo rebuscamiento formal y del atosigante juego de espejos culturalista. Una historia que debiera ser amena, resulta fatigosa”. 

Imantado con la novela sí debió quedar el filósofo y columnista Jorge Freire, pues no ahorraba elogios en su columna de Abc Cultural del sábado 22, hasta llegar a comparar el debut como novelista de G. Rosado con hitos históricos del arte en todas sus expresiones: “De Frankenstein a la alternativa de José Tomás, pasando por Ciudadano Kane, Pedro Páramo o el primer disco de The Clash, hay debuts que no parecen debuts”. Elogios a un “debutante que tiene algo que contar” en contraposición, dice Freire, a lo que escriben “tantos carcamales de la prosa”, aunque de estos Freire no da nombres. Ese mismo día, en el mismo periódico, se publicaba una entrevista con el autor abulense en el que, la también periodista cultural, Karina Sainz Borgo escribía: “Ha salido a la luz un narrador. Y de los buenos”. 

Vila-Matas ha sido citado como candidato al Premio Cervantes en varias ocasiones e incluso al Nobel, pues goza de gran reconocimiento fuera de nuestras fronteras. Podríamos decir que su obra está ya hecha. G. Rosado, por el contrario, tiene por delante, como el personaje de su primera novela, que asimilar las buenas críticas que está recibiendo (otra cosa serán las ventas) y consolidar su gran debut. Los editores le presionarán para que así sea. Estaremos atentos.

E. Huilson

3 comentarios en «De Vila-Matas a Benjamín G. Rosado: El vuelo de la imaginación (literaria)»

  • Apuesto por Rosado, de Ávila. La última de Vila Matas, Montevideo no la pude terminar de leer. Me iré a New York con el Vuelo del hombre de Rosado y sus buenas críticas. A ver q pasa con Benjamin…

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  • En este patio hay entusiasmo por Vila Matas. El escritor, el mito, la leyenda. A veces es necesario el exceso.

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  • Yo creo que Vila-Matas tiene un público muy fan y sus libros siempre sorprenden, aunque no tengan trama. Y gracias a él hemos descubierto anécdotas geniales y a algunos escritores maravillosos como Walser o Aira.

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