Relatos con música

5/4

The Dave Brubeck Quartet. De izquierda a derecha: Paul Desmond, Joe Morello, Eugene Wright y Dave Brubeck (F: © JJ Archive)

La trinchera les hizo amigos. Tantas noches sin dormir en las proximidades de la playa de Salerno, a donde las tropas del general Clark habían llegado en el otoño de 1943 para participar en la liberación de Italia desde el norte de África, hizo que los dos soldados congeniaran. La música fue el catalizador de la amistad. Hablaban de jazz, de los nuevos estilos, tendencias, músicos que uno y otro valoraban… E hicieron planes de futuro en aquellos días entre cañonazos de Panzer y pasadas rasantes de una Lutfwaffe en retirada.

Paul era saxofonista, instrumento al que se había apegado después de pasar, en su época de universitario, por el clarinete. Dave era pianista y su ilusión era formar un cuarteto de jazz que impulsara nuevas formas de sentir esa música tan espiritual. Los dos tenían ascendencia musical. Paul era hijo de un pianista que se ganaba la vida tocando en las sesiones de cine mudo. Dave tenía raíces europeas.  Su padre, suizo, era ganadero y regentaba un rancho en California mientras su madre, inglesa, era una reconocida pianista y daba clases para contribuir económicamente a la estabilidad familiar. Entre sus alumnos, naturalmente, su hijo Dave. Éste pensó en dedicarse a la ganadería y se matriculó en la facultad de Veterinaria. Pero un profesor le dijo: Tu cabeza no está aquí sino ahí enfrente, en el conservatorio. Y dejó de estudiar los animales para profundizar en la música. 

Dave y Paul en 1955

Cuando acabó la guerra, Dave emprendió su sueño: formó un cuarteto de jazz, Y naturalmente se acordó de su amigo de armas. Llamó a Paul y le ofreció un puesto en el grupo. Corría el año 1946 y el cuarteto, cuyo nombre era The Dave Brubeck Quartet comenzó a cosechar discretos éxitos. Su música era melódica, con un característico estilo propio que no tenían otros combos y repleta de gran pureza, vigor y dulzura al mismo tiempo. Se hicieron famosos en los campus universitarios de todo el país que recorrían de punta a punta con un repertorio en el que destacaba como solista el generador del grupo, el pianista Dave Brubeck. Hasta 1959. Ese año, el saxofonista Paul Desmond –que en realidad se apellidaba Breitenfeld- compuso un tema que no era habitual para una partitura jazzística: Take Five. El título de la obra hacía alusión a que la melodía estaba compuesta en un compás de 5/4, algo inusual en este tipo de composiciones. El tema relegaba al piano a un segundo plano, le daba todo el protagonismo al saxofón, al que le acompañaba la batería como aliado imprescindible. El éxito de Take Five desbancó del liderato del grupo a Brubeck y ensalzó a Desmond como el verdadero alma mater de The Dave Brubeck Quartet. La canción se grabó en los estudios de Columbia en Nueva York en el verano de 1959, dentro del álbum Time Out.

A partir de ahí, Desmond intentó una carrera en solitario, no sin cierto disgusto de su amigo Dave, quien veía que, poco a poco, el cuarteto se iba desmoronando, hasta que se disolvió a mediados de los años sesenta. El saxofonista siguió una discreta carrera en solitario, actuando con Gerry Mulligan, también saxo tenor, o con el guitarrista Jim Hall. Pero ya nada era como antes. Los sueños de trinchera se habían desvanecido cuando el éxito de Take Five encandiló a uno y ensombreció a otro. Se reencontraron efímeramente en el año 1972 en el marco del festival de jazz de Newport. Desmond ya estaba aquejado de la enfermedad que terminaría con su vida en 1977, un cáncer de pulmón, mal que le había sumido en una profunda pereza para desarrollar nuevas composiciones y le había llevado a depender de la botella de alcohol para tomar cualquier decisión. En aquellas circunstancias, naturalmente, casi todas ellas eran equivocadas. Todas menos dos: en su testamento dejó escrito que todos los derechos de autor de su Take Five fueran a parar a las arcas de la Cruz Roja de los Estados Unidos. Se calcula que la institución recauda unos 100.000 dólares al año, gracias al altruista gesto. Y la otra, que su cuerpo fuera incinerado, pues no quería ser, textual, un monumento, camino del aeropuerto. Y es que en Nueva York, las autopistas que conducen a los distintos aeropuertos pasan por varios cementerios. Las copas no le privaron ni de la generosidad ni del buen humor.

Gabriel Sánchez

The Dave Brubeck Quartet interpretan Take Five (Bélgica, 1964):

He aquí otra versión de Take Five, a cargo de Tito Puente:

2 comentarios en «5/4»

  • Muy interesante la historia de The Dave Brubeck quartet! Sin duda Take Five uno de las canciones más influyentes del jazz… bueno, a mí gusta mucho!

    Respuesta
  • Bona jazz nit, hay otra versión respecto a «Take Five», hace referencia a esta misma expresión, muy usada entre personas que cuando están trabajando la usan para hacer una pausa de cinco minutos.
    Paul Desmond opinaba que el público no entendería su significado y Dave Brubeck siempre le respondía que seguro que sólo él desconocía a que se refería el título.
    Junto a Eugene Wright y Joe Morello, fueron responsables de acercar el jazz moderno al público.

    Respuesta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *