Un nuevo Requiem
A la memoria de Pedro Soriano, colega en esto del periodismo

El éxito de Aida le había dejado extenuado. Basta ya de óperas. Hay que descansar de este género porque no va a volver un reconocimiento tan extraordinario como el que había recibido con las últimas composiciones operísticas. Verdi decidió cultivar otros registros. Corría el año 1871 y la música sacra no había entrado todavía en su repertorio. Pero tenía una espina clavada. La muerte de Rossini, en 1868, le había producido enorme tristeza. Pensaba en dedicarle una composición en su memoria. Entre varios compositores de la época, la Misa para Rossini se hizo realidad. Verdi colaboró componiendo el Libera me Domine. Dos años después, en 1873, otro mazazo retumbó en su interior. La muerte del poeta y narrador Alessandro Manzoni, gran amigo y correligionario político de Verdi, le dejó extraordinariamente impresionado. Los dos compartían la idea del Resorgimiento, una Italia libre, donde la justicia y la libertad prevalecieran. Y comenzó a componer su misa de réquiem, en homenaje al escritor desaparecido.

Para una persona que no se consideraba creyente, la composición del Réquiem fue todo un reto que superó, a juicio de los críticos, las partituras de Bach, con su Pasión según San Mateo e incluso la de Beethoven con su Misa Solemnis. Si bien es cierto que el Requiem de Verdi no responde a los cánones que le hubieran gustado a la iglesia de Roma, hay que reconocer que el compositor italiano cambió radicalmente la forma en que la sociedad de la época se relacionaba con la iglesia a través de la música. Era el momento de la Italia nueva, aquel país que había soñado Manzoni en el que el poder de la iglesia y el Estado estaban divididos y no prevalecía uno sobre el otro.
La obra puede ser considerada una ópera con ropajes eclesiásticos, en palabras de Hans Von Bulov, compositor y director de orquesta alemán, coetáneo de Verdi. En el Réquiem, Verdi utiliza todos los recursos puramente musicales que había venido desarrollando en el transcurso de veintiséis óperas y que pudo explotar al máximo, sin tener en cuenta las especiales demandas que la escena impone en cada momento.
Al no existir un texto unificado del Réquiem admitido oficialmente, cada compositor suele elegir las partes básicas de la liturgia que va a emplear, a las que puede añadir determinadas secuencias u otros textos. Pero el objetivo de todas las misas de difuntos suele ser el mismo: evocar en el oyente una sensación de paz. Verdi agregó a los textos básicos el Libera me que había compuesto para la Misa para Rossini y además amplió el Diesirae.

En abril de 1874 el Réquiem estaba completado. El lugar elegido por Verdi para su presentación fue la Iglesia de San Marco, en Milán, pues pensaba que su acústica favorecería la interpretación de la obra. El estreno tuvo lugar, según lo previsto, el 22 de mayo de 1874 –exactamente un año después de la muerte de Manzoni− bajo la batuta del propio compositor. A la semana siguiente se realizaron otras tres interpretaciones. Gran éxito de público. La obra tenía todos los ingredientes de una ópera. Pero Verdi advirtió: “No se debe cantar esta Misa en la forma en que se canta una ópera y por lo tanto el fraseo y la dinámica que puede estar bien en el teatro no tienen cabida aquí”.
Lo decía porque, según el compositor, el Réquiem no convierte a los cantantes en personajes que interpretan roles, al menos no en un sentido tradicional, ya que unas veces hablan desde una perspectiva general y otras, en términos de una súplica individual que busca la misericordia divina.
Y ya que hablamos de voces, estos datos. En el estreno de Milán se empleó un coro de 120 cantores y una orquesta de casi cien músicos, La representación más extravagante fue la del Royal Albert Hall, cuando la obra se representó en Londres en 1875: 1.200 almas formaron el coro verdiano. Merecido derroche, desde luego.
Gabriel Sánchez
Dies Irae e Tuba Mirum, del Requiem de Verdi, retransmitido por la BBC:

Gran homenaje
Pero q muy grande…sobre todo en Londres donde 1.500 voces formaban el coro…menudo lío.
Gracias Gabriel.