Semanario Cultural

‘El contrabando ejemplar’ o de “¿cuándo se jodió la Argentina?”

El contrabando ejemplar o de “¿cuándo se jodió la Argentina?”

En este tránsito de un año a otro, entre largas listas de lo mejor que nos dejó 2025 y las previsiones de lo que se avecina en 2026 en el campo literario, la novela que ganó el último Premio Herralde, El contrabando ejemplar, del escritor argentino Pablo Maurette, ha ido cosechando en las últimas semanas las mejores críticas que hemos leído sobre premios otorgados por editoriales (tan cuestionados) en los últimos años. Advertía de ello Domingo Ródenas de Moya en Babelia, destacando cómo su “prosa de alta elaboración, cruzada de tonos y acentos diversos, hacen que la novela sea el Premio Herralde más certero (y literario) de los últimos años”; y en Abc Cultural, J.M. Pozuelo Yvancos también apunta esta semana en la misma dirección: “Estaba necesitando el premio Herralde una buena novela, y considero un acierto haber reconocido El contrabando ejemplar, de Pablo Maurette, que es distinta, creativa, se sale de moldes, incluso excesivamente, de tantos vericuetos en que entra.”

Pablo Maurette

A modo de resumen, la novela dispone como línea anecdótica principal una historia interesante que, según señala Santos Sanz Villanueva en El Cultural, “despierta curiosidad desde el comienzo del libro. Nos cuenta el fraude y plagio que Pablo, un escritor desaprensivo y sin éxito, comete. A la muerte de su veterano maestro y amigo Eduardo recoge los papeles que este ha dejado, entre ellos el borrador inconcluso de una novela de ardua y larga gestación en la que pretendía explicar el devenir histórico de Argentina”. 

Un devenir que remonta a los orígenes de la nación, a la práctica durante 200 años del contrabando de esclavos y “al mito de origen de un monstruo tricéfalo nacido del cruce de una india querandí (Teruca) con un europeo (Álvaro)”. Para contarlo, explica el crítico de Babelia, “el autor imagina a un escritor, Eduardo, que durante mucho tiempo se consagró al proyecto de una gran novela sobre el ser y el porqué de los argentinos (como Rayuela, como Sobre héroes y tumbas), un proyecto que había abandonado por impotencia después de haberse mudado a Madrid y salir del armario. Su muerte, durante la pandemia, dejó definitivamente inconcluso El contrabando ejemplar, que había de ser el título”.

Así, escribe por su parte Sanz Villanueva en su reseña, la vida azarosa de Eduardo se convierte en el eje de la novela y en el sostén argumental de un propósito literario de envergadura: “Sobre la trayectoria del país planea el estigma de un fracaso nacional cuyas raíces se remontan en el tiempo y al que bien podría aplicársele el famoso interrogante que Vargas Llosa pone en boca del protagonista de Conversación en la catedral: ¿cuándo se jodió el Perú? (Por cierto, también Ródenas de Moya recuerda en su reseña la frase de Vargas Llosa en la comparación).

Este recorrido histórico aproxima El contrabando ejemplar al territorio del ensayo, pero no olvida su autor que él juega en la liga de la ficción. Por ello el libro está concebido como una invención que ofrece los alicientes propios del relato, con lo cual se va más allá del fondo discursivo y de la recreación histórica. Un elemento fundamental de la obra es la creación de personajes, señala Sanz Villanueva: “Uno, fascinante, Eduardo, con encarnadura de aventurero, que ofrece una atractiva complejidad psicológica. Y otros que lo acompañan y forman una amplia galería de tipos misteriosos y seductores: la hechicera tía Chiquita, el médico Zebulao Mendes…”

Aviso al lector

En definitiva, unas críticas que animan a leer ya la novela que se alzó con el último premio Herralde, aunque, como señala Pozuelo Yvancos en Abc Cultural, el lector debe estar avisado de que tendrá que someterse a un pacto de lectura “que lo saca continuamente de la línea, y le hace recorrer peripecias de una cincuentena de personajes, donde los saltos temporales se superponen a los saltos de estilística narrativa, pues el realismo de motriz inicial se quiebra en excursos”. 

Y es a la vez un ejercicio metaliterario con reflexiones agudas sobre Borges, Sarmiento, Cortázar o Manuel Puig. Hay mucha literatura previa, evidente como guiños muy especializados, dice el crítico: “Algunos he captado y otros seguramente han quedado sin una descodificación pertinente. Con todo, estos juegos constantes entre historia, literatura, narraciones orales y mitos ancestrales, algunos prehispánicos, componen un tejido de lazos que se abren y abren. En algún momento debe el lector dejar la novela y volver luego a ella, pues las teselas que van componiendo las historias requieren un pacto de lectura que debe ser aceptado si quiere disfrutar de ella”. 

Lo que nos promete el 2026

Bajo el título genérico “Lo que no te puedes perder este año”, La Lectura ofrece una serie de listas sobre distintos acontecimientos artísticos que se desarrollarán en 2026. En la materia que nos ocupa en estos resúmenes, principalmente la ficción narrativa, se ofrece una lista de diez novedades que irán llegando a las librerías en los próximo meses como Despedidas, de Julian Barnes, que lo hará en unos días, una novela sobre la memoria, la vejez, el amor, la escritura y la cercanía de la muerte (su autor cumplirá este año los 80). También llega, en febrero, la nueva novela de Luis Landero, Coloquio de invierno, en la que siete personajes atrapados en un temporal se cuentan historias que nunca habían confesado y de este modo animar la espera. Se anuncian nuevas novelas de Emmanuel Carrère (Koljós), Juan Gómez Bárcena (Abril o nunca) o Sara Barquinero (La chica más lista que conozco), una historia sobre una joven que llega a Madrid para estudiar Filosofía y se ve inmersa en experiencias iniciáticas.

Y también se hablará de otros autores a través de sus respectivos aniversarios. En el suplemento Abril recuerdan que el próximo lunes se cumplirá medio siglo de la muerte de Agatha Christie. Ya en febrero echaremos de menos a Umberto Eco, que murió en 2016, y en marzo a Marguerite Duras, treinta años después de que falleciera, premiada por la Academia francesa (pero a la que nunca perteneció, como se cita por error en el listado al confundirla con Marguerite Yourcenar que sí lo fue, la primera mujer en formar parte de ella). Otros aniversarios ya en la segunda mitad del año tendrán como protagonistas a García Lorca, Pardo Bazán, H.G. Wells

Un futuro distópico

Víctor Lapuente (F: Verónica Lacasa/AdNovelas)

El politólogo Víctor Lapuente es, además de doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Oxford y profesor en la de Gotemburgo, un conocido analista de la política nacional a través de sus artículos en El País y como tertuliano en la Cadena Ser. Ahora, con la publicación de su primera novela, Inmanencia, debuta en la ficción. Reseña la novela en La Lectura David Jiménez Torres, también profesor, también formado fuera de España (Universidad de Cambridge, en EE UU) y articulista político, en su caso en El Mundo.

La novela se desarrolla en tres fechas alejadas: 1996, cuando tres adolescentes, Martín, Miriam y Pablo, de un pueblo junto al desierto de los Monegros descubren un misterio oculto que comienza como un juego y los lleva a enfrentarse a fuerzas oscuras. 2025, cuando Martín despierta de un coma en Gotemburgo, donde investiga sobre ciber-democracia, y finalmente 2086 en el que una denominada República de Occidente vive bajo la guía de FRIDA, una inteligencia artificial que garantiza la libertad absoluta de todas las personas. 

Empieza la reseña Jiménez Torres citando una frase de la novela que a su juicio resume uno de los aspectos más interesantes de Inmanencia: “Hoy has pasado varias horas en las cloacas del cruce entre la calle SpaceX y la avenida Karl Marx”. En la descripción de ese mundo distópico, donde todo se controla con el objetivo de maximizar tanto la igualdad como la “verdadera” libertad, en el que el sueño altruista ha desembocado en pesadilla totalitaria, señala, como elemento notable, “la dificultad para sexar ideológicamente aquello contra lo que nos está previniendo”, pues el igualitarismo represivo que muestra recuerda el totalitarismo comunista, pero a la vez, el nuevo orden que predica apela a un hiperindividualismo e incluye “elementos del discurso reaccionario de algunos tecno-gurús actuales”.

Y, por ello, dice Jiménez Torres que, en Inmanencia, “tanto la narración como los protagonistas nos dicen mucho, y sin embargo hay algo en la obra que sigue resultando huidizo: esas cuestiones que debemos decidir por nuestra cuenta”. 

Literatura e IA

Hablando de inteligencia artificial, no de su capacidad para gobernar en el futuro a la humanidad, sino algo más modesto (o no) como es escribir buena literatura, nos encontramos con un irónico artículo del editor Enrique Murillo en Abril que no tiene desperdicio.

Enrique Murillo (F: Ana Portnoy / Negritas y Cursivas)

Empieza contando que por lo que él ha averiguado, en su modelo actual (no descarta otros futuros), la actual IA no equivale a pensamiento, sino a “memoria de palabras y frases”, por lo que invita a cambiarle el nombre actual por el borgiano de “Funes la Memoriosa”. Porque lo único que hacen esas maquinarias digitales –explica Murillo– es calcular qué palabra suele venir detrás de cada otra palabra, almacenando “sin pedir permiso, sin pagar derechos, hay que subrayarlo”, todo lo que se ha escrito, y que las máquinas conservan y manipulan y reordenan mediante artes combinatorias. 

Y cuenta una anécdota divertida. Mediante esa manipulación, y preguntada, llegó hace poco “a la conclusión de que Enrique Murillo es el traductor de Jorge Luis Borges. ¿Qué me dice usted? Lo que acaba de leer. Estos errores patéticos no quitan que su capacidad de articular discursos copiados de otros discursos sea notable, hay que admitirlo”.

Y por tanto, concluye que a día de hoy “la IA derivada del arte de Funes es totalmente incapaz de innovar (…) La IA jamás nos dará un nuevo Franz Kafka ni un nuevo Jorge Luis Borges, ni tampoco un nuevo Edgar Allan Poe o un nuevo Miguel de Cervantes o Luis de Góngora o Francisco de Quevedo. Podrá producir cosas parecidas a las obras de todos esos grandes escritores, pero jamás tendrá lo que realmente caracteriza esas obras, que es la novedad absoluta de su visión, lo que llamamos borgiano o cervantino, a través de la escritura”.

Pero eso ocurre si hablamos de calidad literaria, porque sobre novelas de ánimo comercial sí le concede, no sin ironía crítica, cierta capacidad: “Podrán clonar una nueva novela de Danielle Steel, y hasta podemos pedirle que fabrique una novela de Juan del Val escrita por Sonsoles Ónega. Pero que escriba la obra de un autor que aún no ha nacido sobre un mundo que todavía no existe ni ha sido jamás pensado, me temo yo que no le será jamás posible, al menos usando este modelo de almacenamiento/combinatoria de palabras ya escritas”.

Tomamos nota de la advertencia (empezábamos este resumen con el Premio Herralde para terminarlo “en otro planeta”).    

 E. Huilson

Un comentario en «‘El contrabando ejemplar’ o de “¿cuándo se jodió la Argentina?”»

  • Aprovechando que el Planeta pasa por Valladolid…
    Onega y Val con el fiel de la balanza y entre el éxito y la vergüenza

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