La fabulosa colección particular de arte que acabó en el Museo Fogg

“9 de junio de 1950. Más de treinta pinturas, dibujos y esculturas de artistas modernos, de una `calidad fabulosa´, han sido donados al Museo Fogg en el testamento de Maurice Wertheim, fallecido a los 64 años en Connecticut”. La información se pudo leer en The Harvard Crimson, el periódico estudiantil de, tal vez, la universidad más prestigiosa del mundo, Harvard (Boston).



La noticia no era para menos. Entre las obras legadas se encontraban piezas de artistas tan reconocidos como Gauguin, Degas, Monet, Renoir y Van Gogh, entre otros. Wertheim legaba su colección a Harvard, donde él había sido alumno en 1906, para que fuera estudiada, y disfrutada, por estudiantes y académicos, con una única condición: todas las obras debían mostrarse de forma conjunta en una misma sala. Y así es como entrar en la Room 1220 de este museo se convierte en un verdadero placer a la vista. Mires donde mires, reconoces a los maestros: Matisse, Dufy, Manet, Cézanne, Toulouse-Lautrec, Picasso… El arte recogido en estas cuatro paredes es apabullante.

Rico, rico de verdad

Pero, ¿quién fue Maurice Wertheim (1886-1950)? Digamos que fue un hombre que nació siendo rico. Su padre, Jacob Wertheim, era dueño de una fábrica de tabaco y puros, poseía varias empresas inmobiliarias, fue director de la General Motors Corporation y fundador de la Federación de Apoyo a las Sociedades Filantrópicas Judías. Maurice siguió el mismo camino: estudió en la prestigiosa Universidad de Harvard y empezó a trabajar con su padre. Se casó con una mujer de parecido o incluso mejor status, Alma Morgenthau, hija de Henry Morgenthau, un destacado banquero y diplomático, conocido por haber sido embajador de Estados Unidos en el Imperio otomano durante la Primera Guerra Mundial. Para hacernos una idea, añadiremos que al morir el padre de Maurice, en 1920, dejó un patrimonio valorado en 7,3 millones de dólares brutos y seis millones de dólares netos. ¡De la época!
Además de rico, Maurice fue banquero y financiero. Compraba compañías, invertía, perdía, ganaba. Desarrolló con gran éxito un negocio con fusiones y adquisiciones, enriqueciéndose en el proceso. Un ejemplo: durante la Depresión, su compañía W&Co., una de las primeras empresas en tener departamento de análisis, compró Nedicks (una cadena de restaurantes neoyorquina famosa por sus perritos calientes) por 46.000 dólares; tras pagar 3 millones en dividendos a lo largo de los años, la vendió por 4,5 millones en 1951. En fin, su currículo empresarial es enorme y se puede buscar, para los más interesados, en Wikipedia.
Apasionado del teatro



Maurice Wertheim tuvo tiempo para dedicar su esfuerzo y su dinero a otras actividades menos lucrativas, pero mucho más divertidas. Apoyó activamente al teatro en Nueva York. Fue fundador y director del New York Theatre Guild, una innovadora sociedad teatral que ha producido más de 200 obras extranjeras y estadounidenses de alta calidad y que contribuyó en gran medida al éxito de Broadway desde la década de 1920. En 1935, Maurice compró The Nation, el semanario liberal más antiguo de Estados Unidos, cuando estaba al borde de la quiebra. Una de sus hijas, Barbara, colaboró en The Nation hasta que su padre lo vendió dos años más tarde. Como corresponsal, Barbara cubrió desde Valencia y Madrid la Guerra Civil española.
Pescando salmón a mosca seca
Fue también un destacado pescador, que publicó un libro titulado Salmon on the Dry Fly (Salmón a mosca seca). Antes, en 1935, había comprado el arrendamiento para la pesca privada de todo el río Santa Ana, en la península de Gaspé (Quebec). En 1969, su última esposa (se casó tres veces) devolvió al Gobierno de Quebec todos los contratos de arrendamiento de pesca privada en este río.

También adquirió para su uso personal un terreno (1.800 acres, algo más de siete kilómetros cuadrados) a lo largo del río Carmans, en el este de Long Island, que acabó donando en 1947 al Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos. Hoy es el Refugio Nacional de Vida Silvestre Wertheim, de conservación de la naturaleza, donde se puede observar durante todo el año la vida silvestre de animales como el zorro rojo, el pavo salvaje y el venado de cola blanca.
La partida de ajedrez entre EEUU y la URSS
Wertheim era ajedrecista aficionado y mecenas del juego. Fue presidente del Club de Ajedrez de Manhattan, al que ayudó económicamente y se interesó por el ajedrez por correspondencia. Era tan entusiasta del ajedrez y sus beneficios que en 1946 tuvo la idea de crear un torneo de ajedrez entre Estados Unidos y la Unión Soviética en Moscú, y convenció al Departamento de Estado de Estados Unidos asegurando que marcaría la diferencia en el deshielo de la Guerra Fría. Pagó todos los gastos y dirigió personalmente al equipo en el torneo.

En 1951, un año después de su muerte por un ataque al corazón, se organizó en Nueva York un torneo de ajedrez en su memoria. Samuel Reshevsky se alzó con el triunfo. En 1963, su hija Barbara creó la Sala de Estudio Wertheim en la Biblioteca Pública de Nueva York en honor a su padre.
Arte comprado durante la IIGM



En 1936, Maurice inició su colección de pinturas y esculturas impresionistas de finales del siglo XIX y principios del XX. La mayoría de sus adquisiciones se realizaron durante la Segunda Guerra Mundial. Al igual que otros coleccionistas que compraron arte en aquella época, seguían las recomendaciones de asesores y aprovecharon el precio accesible de las obras en aquel momento.
Por cierto, las que se exponen en la sala 1220 del Museo de Arte de Harvard, en Boston, se adaptaban muy bien al moderno y enorme ático en el Upper East Side de la ciudad de Nueva York, donde habían estado en vida de Maurice Wertheim. Después llegó la donación…
Texto y fotos: Ana Amador

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