Relatos con música

Un anónimo con muchos autores

Guitarra (F: Caio Silva)

Dicho de una obra o un escrito: que no lleva el nombre de su autor. Es la definición que el diccionario de la RAE otorga a la entrada Anónimo. Y estamos muy acostumbrados a saber que determinadas obras (desde el Cantar del Mío Cid hasta el Lazarillo de Tormes, pasando por los romances que los ciegos pregonaban en la Edad Media, algunos escritos que veían la luz cuando los copistas de los monasterios se aplicaban para su difusión o simplemente cuadros, bocetos o alguna partitura que ha sobrevivido generaciones sin firma alguna) son anónimas.

Pero ¿y si una obra que es considerada anónima tiene varios autores o, al menos, los investigadores atribuyan a varios padres la autoría? Vaya lío.

Cuando suenan los primeros acordes de guitarra de una de las piezas más conocidas del repertorio de este instrumento, que es interpretada por virtuosos de la guitarra clásica, nuestra mente nos lleva rápidamente al título de la obra: el Romance Anónimo. Y efectivamente, así es. Pero el adjetivo que acompaña al nombre nada tiene que ver con el origen de la partitura. A ver si soy capaz de explicar detalles que den pistas. Bajo ningún concepto se podrá aseverar, después de leer este relato, ni el origen ni el autor verdadero.

Narciso Reyes (Revista Diapason-COESSM)

Rene Clement fue un director de cine francés que en 1953 estrenó la película Juegos prohibidos. Se trata de un film, basado en una novela del mismo nombre de François Boyer, que retrata la vida de dos niños que ven, a través de sus particulares ojitos, los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Clement había escuchado las obras y el virtuosismo del guitarrista español Narciso Yepes. Y le encargó la banda sonora. El guitarrista interpreta en la película el Romance y lo titula Romance de Juegos prohibidos. De hecho, lo registra en la Sociedad General de Autores y, a día de hoy, sigue constando como autor del famoso Romance

Vicente Gómez en 1946 (Library of Congress, Prints & Photographs Division, Washington D.C. 20540 USA)

En 1941, Hollywood lleva a la pantalla una novela de Blasco Ibáñez. Su título era Sangre y Arena, igual que el de la película (Blood and sand). Tyrone Power interpretaba al torero. Estaba dirigida por Rouben Mamoulian. En la banda sonora suena el Romance, a cargo de un guitarrista español afincado en Estados Unidos, país a donde se exilió tras la Guerra Civil. Se trataba de Vicente Gómez, quien también se declaró autor del Romance. La diferencia entre la versión de Yepes y la de Gómez es que este último decidió dar más colorido a la partitura, prestándose a improvisaciones. Consta como autor en los títulos de crédito.

Daniel Fortea registró una partitura con los acordes del Romance en 1930. Reconoce Fortea que su versión está basada en un manuscrito del siglo XIX. Esta partitura se parece mucho a la de Yepes, más ortodoxa y pura que huye de los arpegios y extraños arabescos que había introducido Gómez. 

Daniel Fortea (Biblioteca Fortea)

 Seguimos.

David del Castillo fue un guitarrista español que adquirió cierta fama y fortuna en la Francia del siglo XIX.  Hijo de un afrancesado que se exilió en el país vecino después de la Guerra de la Independencia, se dedicó a dar conciertos y clase de guitarra en París. Según algunos investigadores, Castillo compuso el Romance a finales del siglo XIX y lo tituló Romance sans paroles. Otro más a tener en cuenta.

Antonio Rubira fue un español que emigró a Argentina en 1881. Aficionado a la guitarra, pronto encontró en la ciudad porteña adeptos que valoraron su virtuosismo. Consta en los registros de autores que en 1900 compuso una pieza titulada Estudio de arpegio, que no es ni más ni menos que el Romance anónimo que conocemos hoy.

Y, para dar una nota sofisticada y cosmopolita, también los extranjeros reivindican la paternidad: Mihail Glink era un compositor ruso, considerado el padre del nacionalismo musical, que vivió entre 1804 y 1857. En un viaje que realizó a España, se obsesionó con la guitarra andaluza, después de pasar una larga temporada en Granada, escuchando los acordes del flamenco de la época. Hizo un buen amigo, el guitarrista Francisco Rodríguez, apodado “El Murciano”, y todas las noches acudía al tablao donde sonaban los cantes y los toques gitanos. Un día, acordándose de una melodía que le cantaba su madre cuando vivían en el Cáucaso, se la tarareó  al guitarrista. “El Murciano” captó la idea rápidamente y sacó los acordes del Romance tal y como lo conocemos hoy. Hay que tener en cuenta que Francisco Rodríguez no sabía música y no pudo escribir la partitura. Así pues, su versión fue pasando de generación en generación, hasta que alguien la transcribió al pentagrama. De ahí su anonimato. Nadie se acordó ni de Glink ni de “”El Murciano”, si es que damos por buena esta versión, que es de las más antiguas y justifica el adjetivo anónimo, atribuido al famoso Romance.

Si tenemos en cuenta que Fortea reconoce que su versión está basada en una partitura anónima del siglo XIX, es posible que sea la transcripción que salió de la guitarra de Francisco Rodríguez, “El Murciano”.

Las demás conjeturas se las dejo a ustedes, si es que les interesa el origen. Si sólo se conforman con escuchar, una vez más, esta bella pieza para guitarra, déjense de entelequias. Como yo.

Gabriel Sánchez

El guitarrista cántabro Julio Calvo interpreta Romancero Anónimo, en la versión de Narciso Yepes:

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