Literatura y política: espacios para un desencuentro

Acontecimientos recientes ilustran la siempre difícil relación de los escritores y la política

Sergio Ramírez y Daniel Ortega, en Managua, 1981

La ficción literaria se ha ocupado en alguna ocasión de esa relación conflictiva, peligrosa para los escritores cuando el poder es dictatorial y se osa ir contra él; pero tampoco amable cuando el poder que ejerce un gobierno democrático entra en el territorio de los escritores bien con el halago, o buscando alguna estrategia de autobombo a su amparo o su respaldo. A veces con su consentimiento.

Escenario 1: Una novela

El 1 de septiembre, el nicaragüense Sergio Ramírez escribía en El País que la regla que más ha respetado a lo largo de su carrera de escritor es “la que manda alejarse de los acontecimientos y de los personajes hasta lograr una especie de neutralidad. Nunca tomar partido. Y justificaba la asunción de esta norma por estar convencido de que “la intención deliberada de que la obra de ficción funcione como vehículo de propaganda política resulta condenada de antemano, porque la novela es el instrumento menos adecuado para esa tarea que se convierte en patética. La ahoga la obviedad, que es enemiga mortal de la complejidad, y el discurso narrativo arriesga a volverse infantil, por su simpleza didáctica, como la que pretendía el realismo socialista.”  No puedo estar más de acuerdo con la reflexión, de gran valor si tenemos en cuenta que quien la expresa estuvo comprometido en la lucha política y en tareas de gobierno en su país, Nicaragua.

Relacionaba Ramírez estas disquisiciones sobre la ficción y el presente político con su última novela, Tongolele no sabía bailar, en la que su protagonista, el inspector Dolores Morales, se adentra en una investigación que tiene como trasfondo la represión desencadenada en Nicaragua desde 2018 por el régimen de Daniel Ortega, otrora su correligionario en la lucha contra la dictadura de Somoza. Negaba el escritor nicaragüense haber incumplido con su norma porque no ha tratado tanto de denunciar unos sucesos represivos que la comunidad internacional conoce bien, como mostrar cómo su héroe Morales se desenvuelve en ese escenario. Del argumento, el autor nos informa de que Tongolele es el apodo del jefe de sicarios al que se enfrenta Morales y que, tiempo atrás, ambos compartieron guerrilla en la lucha para derrocar al tirano Somoza, aunque ahora sus caminos se han separado y deben enfrentarse… como les ha ocurrido a Ramírez y Ortega.

Pocos días después de publicarse el artículo, el gobierno nicaragüense decretaba la detención de Ramírez por una serie de dudosos delitos, entre otros, el de trabajar contra la integridad de su país, y prohibía la distribución de la novela. De Ramírez sabemos que vive desde hace tiempo en el exilio, en Costa Rica. De Ortega no sabemos si lee las novelas de su antiguo compañero…, y en caso de hacerlo, si ha comprendido bien las diferencias entre realidad y ficción…  

Escenario 2: Una feria

La Feria (postpandémica) del Libro de Madrid regresó al Retiro para reestablecer ese ritual de encuentro anual de los lectores con sus escritores predilectos, de los curiosos con los libros, de la industria editorial con sus consumidores.

Cartel de la Feria del Libro de Madrid 2021

El país invitado era Colombia y con la llegada (o no) de sus escritores saltó la polémica. Quienes desde el gobierno colombiano decidieron la selección de su representación literaria en la Feria dejaron fuera a escritores como Santiago Gamboa, Laura Restrepo, Héctor Abad Faciolince, William Ospina o Fernando Vallejo, conocidos y apreciados en España. Su ausencia se justificó oficialmente en función de que se había tenido en cuenta para la selección la “diversidad regional, generacional, literaria y de género”.

Pero el lapsus del embajador de Colombia en España, Luis Guillermo Plata, afirmando que se había buscado una representación políticamente “neutral”, porque “no quisiera que una feria literaria se convirtiera en una feria política”, puso al descubierto otro criterio más determinante: los críticos con el presidente Iván Duque, los que públicamente cuestionan su acción de gobierno, quedaban descartados. El propio Iván Duque iba a participar en un acto para presentar un libro suyo que finalmente se suspendió. La polémica provocó que algunos de los invitados renunciaran a asistir por estar en contra de los vetos, otros argumentaban razones de agenda. No obstante, los no convocados mostraron en todo momento respeto por los elegidos. A pesar de todo la presencia de la literatura colombiana en la Feria del Libro quedó herida. Y quien esto escribe se quedó sin poder pedirle la firma a Juan Gabriel Vásquez en el ejemplar de Volver la vista atrás, una novela memorable, al a que no escatimaba elogios Vargas Llosa en su último artículo publicado en El País.

Escenario 3: Una Convención Política 

Mario Vargas LLosa, en la convención (PP)

El artículo de Vargas Llosa aparecía justo al día siguiente de su intervención en la Convención del Partido Popular. Fue la más destacada del mundo de la cultura, y no pasó inadvertida. Vargas Llosa es un gran lector de novelas (son memorables sus reflexiones sobre de Madame Bovary, por ejemplo), y un reconocido maestro a la hora de escribirlas. Otra cosa es que en el terreno de la política termine de acertar en sus apuestas. Veamos. Fue insuficientemente votado cuando se presentó a las elecciones de Perú; se empeñó en denunciar fraude en las de este año, mientras que los observadores internacionales lo negaban. Él había apostado por la hija de Fujimori en Perú; y por Ciudadanos en España, dijo en la Convención, para anunciar que, prácticamente desaparecida la formación liberal, votará en el futuro al PP. 

Pero el momento cumbre del Nobel de literatura fue cuando, durante esa intervención, se le ocurrió soltar aquello de que “más importante que la libertad para votar es votar bien.” Seguirle a él en el voto, imagino que querría decir, que en esto de los actos fallidos las interpretaciones pueden ser variadas.

                                                                                                             ALFONSO SÁNCHEZ

Posdata

 “Defendamos nuestras políticas sin complejos” (Aznar, Casado).

 “Dicen sin complejos cuando quieren decir sin escrúpulos” (Rafael Sánchez Ferlosio)

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