¿De quién es esta foto?

Found Photographie

Cuando encuentras una foto en la basura, ¿es ético quedártela, publicarla, exponerla? La respuesta sería sí pues quien se deshizo de ella no parecía hacerse esta pregunta.

Muchas fotografías pasan de padres a hijos, de generación en generación, pero otras muchas acaban descartadas, tiradas a la basura por feas, borrosas, irreconocibles o por carecer de valor sentimental. ¿A la basura? Con suerte, alguien va a encontrar esas fotos. ¿Y entonces? Entonces es fácil que esas imágenes acaben teniendo una segunda vida. Son las llamadas found photographies, fotografías encontradas, que han pasado a ser un subgénero del arte visual de la fotografía. Como dijo Susan Sontag un su ensayo Sobre la Fotografía “el tiempo termina por elevar casi todas las fotografías, aun las más inexpertas, a la altura del arte”.

Esas fotografías encontradas son imágenes anónimas que se pueden rebuscar en mostradores de mercadillos, tiendas y rastros, que a veces se encuentran en contenedores de basura, en maletas perdidas, en altillos de casas a los que nunca se ha entrado. Fotos que provocan melancolía y una enorme curiosidad por saber o imaginar quiénes fueron sus protagonistas.

Cambiando de estatus

En un ensayo sobre la fotografía anónima que huye de su destino como residuo, la historiadora de Arte Florence Pillet explicaba que “el reciclaje de esas fotografías, que socavan su integridad al insertarlas en algo nuevo, les permite escapar al menos durante una generación más a los residuos que les esperan y al deterioro físico que parece inevitable”. El principio de esta segunda vida de las fotografías convierte la imagen, dice Pillet, en “un objeto con un aura singular que hace que su conservación sea aún más conmovedora”.

Las fotografías provocan un sentimiento de nostalgia porque, en palabras de Sontag, “atestiguan la despiadada disolución del tiempo”. Quien hace una fotografía “está comprometido, quiéralo o no, en la empresa de volver antigua la realidad, y las fotografías mismas son antigüedades instantáneas”.

Esas imágenes que, desde el momento que se toman, son parte del pasado, y que ya abandonadas son encontradas por azar, provocan hoy una melancolía y añoranza incluso mayor y generan un deseo de mantenerlas “vivas” en una nueva oportunidad de existencia.

Una segunda vida con arte

Un ejemplo del uso artístico de la fotografía encontrada es el trabajo del artista afincado en Berlín Joachim Schmid. En su proyecto Imágenes de la calle (Bilder von der Straße, en alemán), que comenzó en 1980 y continuó durante más de treinta años, Schmid utilizó fotografías -o fragmentos de fotografías- que encontró en espacios públicos, en la calle, en mercadillos. Todas las piezas de la colección estaban ordenadas y expuestas en hojas idénticas de papel de archivo, en orden cronológico, con la fecha y el lugar donde se encontró cada una. La revista Lensculture daba en el clavo al decir que era “imposible mirar esa colección y no tratar de imaginar historias sobre quiénes son los retratados, y quiénes eran los dueños de la foto, y por qué se tiraron las fotos”.

No me resisto a contar aquí otro de sus proyectos, muy divertido, que surgió de una broma. Publicó en un periódico un aviso alertando de los daños medioambientales (que también) de tirar negativos y fotografías a la basura. Para ello, decía, se había creado el llamado “Instituto para el Reprocesamiento de Fotografías Usadas”. La noticia saltó por azar a diarios de todo el mundo y Schmid se vio inundado con miles de fotos y negativos que le habían sido enviados por gente que quería deshacerse de ellos de forma segura.

Rescatadores de negativos

En otras ocasiones, la fotografía encontrada tiene un destino diferente al arte y más cercano al hobby. Un ejemplo es el proyecto los rescatadores de negativos, creado por las fotógrafas argentinas Jimena Almarza y Gabriela Parborell. Su objetivo es recuperar fotos de su país tiradas a la basura. La idea surgió cuando Jimena Almarza compró una cámara de segunda mano y encontró en su interior un carrete usado que acabó revelando por curiosidad. Las imágenes de gente desconocida le provocaron una gran nostalgia y decidió darles una segunda vida.

Caja cuadrada de madera del año 1944, para guardar negativos. Foto. A.A.

En 2012, ambas fotógrafas crearon un grupo en Facebook llamado Negativos encontrados, que hoy cuenta con casi 30.000 miembros. El objetivo, además de recuperar esas fotos abandonadas es crear una nueva historia con ellas. El proyecto tiene sus reglas: el material debe ser encontrado en la calle o en la basura, tiene que ser analógico y estar acompañado de un relato que explique dónde fue encontrado. Además, no se permiten desnudos, publicidad, documentos personales o fotos propias. Cada imagen tiene su parte real, con los datos de dónde y cómo fue descubierta, y su parte ficticia, ya que a partir de ahí los miembros del grupo imaginan quién es el protagonista y crean su propia historia.

Futuros digitales

Decía Susan Sontag que “la omnipresencia de las cámaras insinúa de modo persuasivo que el tiempo consiste en acontecimientos interesantes, dignos de fotografiarse (…)  Una vez terminado el acontecimiento, la fotografía aún existirá, confiriéndole una especie de inmortalidad (e importancia) de la que jamás habría gozado de otra manera.”

Cuesta imaginar qué sucederá en el futuro con las fotografías actuales, digitales en su inmensa mayoría. Muchas desparecerán para siempre, al perderse los móviles o no poder recuperar las imágenes del aparato. Una pena. Otros cientos de miles, qué digo miles, millones, de imágenes vagarán por la red en busca de autor, tomarán nuevas vidas, serán bien o mal utilizadas cuando ya nadie sea capaz de reconocer su procedencia ni su creador y protagonista. Da un poco de zozobra pensar en ello.

Después de todo lo leído, una cosa hay que tener clara: si vas a deshacerte de las fotografías o negativos y no quieres que tengan una “segunda vida”, asegúrate de destruirlos de verdad y no tirarlos a la basura sin más. Si te da lo mismo, abandónalas a su suerte o destino. Quién sabe, tal vez acaben haciendo memes con ellas o formando parte de una exposición universal en el año 2190.

ANA AMADOR

Fuentes:

Información sobre negativos encontrados en la basura en Infobae

Información sobre el ensayo de Florence Pillet en Edit-Revue

Susan Sontag: Sobre la fotografía

Sobre Joachim Schmid en Lumpenfotografie

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2 comentarios en «¿De quién es esta foto?»

  • el 9 de marzo de 2021 a las 2:26 pm
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    Qué bonito relato Ana, y qué curioso el tema de la segunda vida que se les da a algunas fotografías.
    Había pasado tardes enteras mirando álbumes de fotos familiares y me embobo en los mercadillos con las fotos antiguas…
    ¿Desaparecerá todo esto con el mundo digital?
    Gracias!

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