La riviera francesa invade Londres

Estos días Londres sabe a Mediterráneo. Dos enormes exposiciones, Painting the French Riviera y Renoir y el amor se exhiben en dos de los museos más importantes de la ciudad del Támesis, la Royal Academy of Arts (RA) y la National Gallery, respectivamente. Y se podrán visitar hasta el próximo 31 de enero de 2027.
Bellas escenas francesas, con el azul intenso del mar y del cielo, la frondosa vegetación, los ocres y rojos de la tierra, que vieron y pintaron desde Cezanne a Picasso, o escenas de amor, amistad y emociones plasmadas por el impresionista Renoir se encuentran tras las paredes de estas galerías de arte. Hablaremos hoy solo de la Costa Azul.
De Cezanne a Yves Klein
La Royal Academy nos invita a un viaje para contemplar obras de artistas que fueron seducidos por la belleza, la luz y el color de la costa mediterránea. A través de un siglo, desde Cezanne hasta Klein, pintores de finales del siglo XIX y XX encontraron en la Costa Azul –así la describió el escritor Stéphen Liégeard en 1887–, la inspiración para su arte.
Según vamos cruzando las salas del museo se descubren todos los ismos de la época: expresionismo, neo-impresionismo, puntillismo, fauvismo, etc. Veamos algunos ejemplos que se explican en la exposición.

Paul Cezanne, considerado por muchos el padre de la pintura moderna, vivió y trabajó en un pequeño pueblo pesquero al oeste de Marsella llamado L’Estaque donde quedó impresionado por la belleza del paisaje y pintó numerosos cuadros. Comenzó también aquí a explorar el tema del bañista en la naturaleza, como la obra Bañistas realizada en 1890. Varios pintores visitaron a Cezanne y compartieron pinceles. Uno de ellos fue Renoir, que se establecería más tarde en Cagnes-sur-Mer, cerca de Niza.

También viajó a la Provenza Berthe Morisot, pintora y una de las primeras impresionistas en utilizar el Mediterráneo francés para su desarrollo hacia el modernismo. La exposición de la RA recoge su conocida obra Playa de Niza donde aparece su hija disfrutando de la playa en un día de mucho viento. El cuadro lo tuvo que terminar en el hotel.

Morisot pasó un invierno a principios de los 80 en Niza, con su esposo Eugène Manet, y su hija Julie. Allí pintaron ambos los mismos paisajes, incluso con el mismo título, como este de barco iluminado, el de Eugène a la izquierda de la imagen, es casi un esbozo, y el de Berthe a su derecha, de gran belleza y, en ambos, el azul como protagonista.

Claude Monet visitó por primera vez la Costa Azul en 1884 y quedó cautivado por el paisaje. Durante casi tres meses pintó de forma apasionada la zona y los alrededores. Mismo ángulo a diferentes horas para plasmar los cambios de luz y color. Cerca de 40 cuadros pintó sin descanso en ese tiempo. Cuatro años más tarde regresó a la Costa Azul, esta vez a Antibes, donde sigue buscando esos cambios de luz, en ese aire “como de cuentos de hadas”, como él mismo describió.
Matisse, Derain y Braque

Continuando las salas de la RA, descubrimos las obras que Matisse, Derain y Braque realizaron a su paso por la Riviera francesa. Henri Matisse llegó en 1904, mientras Paul Signac le introducía en la técnica puntillista. Un año después volvió, esta vez a Colliure, e invitó a André Derain a unirse al viaje. Como se lee en la exposición, durante nueve intensas semanas, los dos artistas inventaron un nuevo lenguaje visual que redefinió el papel del color en la pintura. Rechazando el color descriptivo, lo usaron para expresar lo que sentían más que lo que veían.
El Salón de Otoño de París de 1905, que acogió las obras pintadas por Matisse y Derain en Coll no comprendió esta obra y uno de los críticos, indignado, llamó a los artistas les fauves (bestias salvajes, para ser exactos).

Cuando el pintor Georges Braque vio las obras de Matisse y Derain las adoptó de inmediato, así se ve en sus obras de L’Estaque, y el fauvismo pasó a ser un movimiento, donde los colores brillantes fueron su seña de identidad.

Matisse pintó Los tres bañistas en Coillure dos años después, en el verano de 1907 y el cuadro supone un cambio en su pintura que pasa de su antiguo estilo fauvista hacia un tratamiento más clásico de la figura humana, al estilo de Cezanne.

Paul Signac también varió su estilo y en Antibes pintó La nube rosa. Es 1916 y está pintado durante la Primera Guerra Mundial. Ante esa inmensa nube rosa se ven veleros de colores y al fondo el humo de los cañones alemanes afirmando la posibilidad de esperanza en medio de la tragedia.
El color de Dufy

Las salas continúan con otros artistas, pero en todas ellas sigue presente el azul del Mediterráneo. Especialmente fuerte es el color que emplea Raoul Dufy en su obra Golfe Juan de 1927. Aunque ya había estado en el sur de Francia en 1908, con Braque, regresó concluida la Primera Guerra Mundial y en la década de 1920 pintó vistas panorámicas de esta villa marítima, experimentando con el color y la luz más que con la realidad exterior.

La Riviera francesa fue un lugar de visita de las grandes aristocracias del norte de Europa y rusas, por lo que no es de extrañar que muchos pintores se trasladasen en algún momento a la Costa Azul. Tal es el caso del pintor finlandés Léopold Survage y de su amigo, el artista nacido en Ucrania, Alexander Archipenko, que se decantaron por un estilo cubista. La obra Niza, pintada por Survage en 1917, muestra el paisaje verde y la arquitectura urbana de la ciudad de una forma innovadora, personal y… cubista.

Chaim Soutine, otro de los artistas que aparecen en la muestra, nacido en la actual Bielorrusia, pintó desde Cagnes-sur-mer, paisajes tumultuosos y apocalípticos caracterizados por la distorsión y el drama. Como Landscape en Cagnes, de 1923 donde exageró la topografía de las laderas de la ciudad, pintando carreteras con giros en horquilla y ascensos dramáticos.

También hay obra del ruso nacido en la actual Bieloerrusia Marc Chagal, que vivió en el sur de Francia los últimos 36 años de su vida y pintó obras que pueden ser consideradas poéticas.

También se pueden contemplar varias obras de Pablo Picasso, como Día de viento en Canes o Bahía de Canes (1958), una composición repleta de palmeras, veleros, mar y edificios que empiezan a invadir la costa.

Mención aparte merece Nicolas de Stäel, representado en la exposición con la obra abstracta El fuerte Carré de 1955. Se trata de una fortaleza militar –pintada en toso azules y grises-que Stäel veía desde su estudio en Antibes a donde se había trasladado a vivir en otoño de 1955. En seis meses no dejó de pintar, en total 350 obras. Sufría de insomnio y depresión y el 16 de marzo de 1956 se suicidó. Tenía 41 años.
Y si hablamos del azul mediterráneo, obligado es terminar con el francés Yves Klein, nacido en Niza en 1928. Acostado en la playa a los 19 años, Klein ideó como primera obra de arte el azul de ese cielo mediterráneo. Acabaría desarrollando su color característico, el International Klein Blue (IKB), que lo mismo representa el cielo que el mar. Todos reconocemos sus pinturas monocromáticas, como la que encabeza este reportaje.
A. Amador
