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Marta Minujin, la reina del ‘happening’, en el Reina Sofía

Marta Minujín en su casa del barrio de San Cristobal de Buenos Aires (F: Mariana Nedelcu/Clarín)

Su aclamada obra La Menesunda, en tour europeo, recala en Madrid el 17 de noviembre

Cuando tenía 23 años, en 1965, la artista argentina Marta Minujin (Buenos Aires 1943) envolvió su cuerpo con periódicos y se fue a la Costanera Sur, en la capital bonaerense, a leer el diario. Después, se metió en el agua del río de la Plata, dejando que los periódicos que cubrían su cuerpo se disolvieran, igual que desaparecen las informaciones del día. Una espectáculo muy visual de la fugacidad de las noticias.  

Ya entonces era una artista reconocida por sus acciones efímeras que habían comenzado dos años antes, en París, cuando invitó a otros artistas de la época a quemar en un descampado sus obras. Inclasificable, irreverente, bromista y muy divertida, Minujin ha sido considerada como la reina del pop art latinoamericano. Sus performances son impactantes y han recorrido medio mundo. En unos días, el Museo Reina Sofía traerá a Madrid su obra icónica La Menesunda, una de las primeras instalaciones inmersivas de la historia el arte que podrá ser visitada desde el 17 de noviembre de este año al 8 de marzo de 2027 junto a una gran retrospectiva de la artista.

Experiencia sensorial y visual

Minujin y Santantonin construyendo La Menesunda en 1965

La Menesunda fue un proyecto creado en 1965 como experiencia sensorial y visual ideado por Minujin y el artista bonaerense Rubén Santantonín. Éste tenía entonces 46 años -fallecería cuatro años después- y Minujin 23, y ambos buscaban crear una instalación que provocara sensaciones y estímulos en los visitantes, que pasarían, cruzando y sumergiéndose en un laberinto de salas, a formar parte del arte.

Arte invendible, experiencia pura y efímera, que el vanguardista Instituto Torcuato di Tella acogió en aquel entonces y que no sería recreado de nuevo hasta 2015 en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. También pudo ser visto en Nueva York en 2019. Tras cinco años de preparación, comenzó su gira europea el pasado año en el Copenhagen Contemporary de Dinamarca. En noviembre llega al Reina Sofía que dirige Manuel Segade y después viajará al Kanal-Centre Pompidou de Bruselas para finalizar la gira en la Tate Liverpool.

Confusión y caos

Instalación de La Menesunda en el New Museum de Nueva York

“Menesunda” es una palabra que proviene del argot local bonaerense que podría ser traducida como confusión, inquietud y caos. Y eso es lo que encontrará el visitante curioso: a través de un laberinto se visitarán once habitaciones imaginarias, una con olor a pollo frito, otra donde si te descuidas te maquillan, una calle iluminada con neón (que tanto le gusta a Minujin), una sala donde una pareja lee tranquilamente en una cama o un consultorio dental con instrucciones para salir. Son algunas de las ideas plasmadas en La Menesunda.

Una de las instalaciones de La Menesunda

Marta Minujín, premio Velázquez de las Artes Plásticas 2016 -entre otros muchos galardones-, ha desarrollado principalmente su arte a través de instalaciones efímeras, muchas de ellas sin posibilidad de ser concebidas dentro de un museo. Son muchas las exposiciones con las que ha dejado huella. Citemos algunas.

Picasso y el secuestro

Picasso fue un referente para Minujin y su muerte, en 1973, le causó gran impacto. Como homenaje al pintor malagueño, la argentina creó una “obra de arte en acción” que se desarrolló en Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York. La muestra se tituló Kidnappening (una mezcla de las palabras kidnapping ‘secuestro’ y happening ‘está pasando’).

Marta Minujín (en el centro) durante su «Kidnappening» en el MOMA en 1973 (Archivo del MOMA, Nueva York)

En escena, en la terraza del MOMA, más de treinta actores, con los rostros pintados por Minujin con motivos cubistas, realizaban una coreografía de movimientos sugeridos a partir de las figuras y pinturas picassianas. Mientras repetían insistentemente la palabra de picasso y kidnapping, “secuestraban” cada noche a otras treinta personas. Les decían: «usted va a ser raptado. Esto es parte de una obra de arte». Y las llevaban con los ojos tapados a diferentes lugares de la ciudad. Casi imposible de imaginar, pero sí, sucedió.

El obelisco de pan dulce

El Obelisco de pan dulce (Archivo Minujin)

En su serie sobre La caída de los mitos universales destaca El Obelisco de pan Dulce (1979), una obra enorme que tomaba como referencia el Obelisco de Buenos Aires, un monumento nacional construido en 1936 para conmemorar la fundación de la ciudad. Si unos años antes había recubierto el obelisco con tres metros de helado para que la gente lo consumiese, ahora creaba una estructura metálica de 36 metros de altura que fue recubierta con más de 10.000 panes de dulce (el panetone), envasados al vacío en moldes metálicos. El antimonumento estuvo once días exhibido en la Segunda Feria de las Naciones de Buenos Aires y después derruido. Los paquetes de pan fueron repartidos entre más de 5.000 personas en lo que se ha considerado la primera obra de arte comestible del mundo (me río yo del plátano de Maurizio Cattelan).

El Partenón de los libros

El Partenón del Libro, instalación en Friedrichsplatz, Kassel (F: Roman Maerz)

En 1983 colapsa la dictadura argentina y Raúl Alfonsín gana las primeras elecciones democráticas. En la avenida 9 de Julio de Buenos Aires, Minujin monta una enorme instalación a la que llamó el Partenón de los Libros, compuesto por los libros prohibidos por la Junta de gobierno. Años después la artista es invitada a dOCUMENTA14 en Kassel (Alemania). A ella acude con una réplica a escala real del templo de la Acrópolis de Atenas. Su Partenón de los Libros, un monumento contra la censura, compuesto por 100.000 libros prohibidos en todo el mundo, mide 70 metros de largo por 30 de ancho y 20 de largo y se podía ver en Friedrichsplatz, la plaza de Kassel donde los nazis quemaron miles de libros durante una “campaña contra el espíritu no-germano”.

Se incluyeron libros que fueron censurados en algún momento o que están prohibidos en algunos países. Así, se podía encontrar Alicia en el país de las maravillas, prohibido en China en la época de Mao, libros de Harry Potter cancelados, El principito, prohibido en Argentina durante la dictadura, o Caperucita Roja, que en la guerra civil española cambiaba el color de su capa -rojo o azul- según el bando fuera republicano o falangista. En fin, la lista es muy larga. Tras la muestra, los visitantes pudieron retirar un libro, dejando su nombre, y también se donaron a bibliotecas y a refugios de emigrantes.

El pago de la deuda externa

Fotografía de la acción El pago de la deuda externa con choclos, con Marta Minujin y Andy Warhol

Andy Warhol conoció a Marta Minujin cuando ella vivía en Nueva York en 1966 y congeniaron inmediatamente. De aquella amistad surgió en 1985 la creación artística El pago de la deuda externa con choclos. La idea era comprar cientos de mazorcas de maíz, pintarlas de color dorado de manera que algo completamente banal se convirtiera en opulento. La acción se desarrollaría en The Factory, el estudio de arte de Warhol. Allí, sentados en una montaña de maíz, Minujin pagaba simbólicamente con choclos la deuda argentina a unos EEUU representados por Warhol. La reina de Argentina y el rey de Nueva York. El happening quedó plasmado en diez fotografías. Terminada la sesión, firmaron algunas mazorcas y las demás fueron repartidas por la calle. Y tiradas al suelo mientras salían  corriendo, según ha contado la propia artista en varias entrevistas.

A sus 83 años, Marta Minujin, con sus anteojos negros que le sirven como “una especie de protección”, se mantiene activa y tiene una presencia constante en su cuenta de Instagram con su lema favorito: Arte, arte, arte.

Ana Amador

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