Semanario Cultural

‘Las cinco heridas’ (Kirstin Valdez) del pobre Padilla

La escritora Kirstin Valdez Quade es una relevante figura del cuento norteamericano que fue incluida en The Best American Short Stories y escribe en The New Yorker. Con este pedigrí publicó su primera novela en 2021, Las cinco heridas, que precisamente tiene su origen en un relato publicado en la citada revista allá por 2009, novela que se acaba de publicar en España. Recuerda estos datos en la reseña del libro Javier Aparicio Maydeu en Babelia. La historia comienza en Semana Santa, en el pequeño pueblo de Las Penas, Nuevo México, donde Amadeo Padilla, un desempleado de treinta y tres años, ha sido elegido para representar a Jesús en la procesión del Viernes Santo, cuando la aparición de su joven hija embarazada, en la puerta, trastoca sus planes. 

“Que la novela comience con un tal Amadeo Padilla, un pobre diablo alcohólico a la deriva, preparándose para hacer de Jesús en la procesión de Semana Santa y de este modo tratar de abandonar la abulia y renacer;” –escribe Aparicio Maydeu– “que sea un pobre hombre de la misma edad de Cristo al morir; que las cinco heridas del Redentor sirvan de título y que Amadeo y su hija adolescente embarazada (…) habiten en la barriada de Las Penas (las siete penas de Cristo en el huerto de Getsemaní, según Lucas, 22) constituye una declaración de intenciones en toda regla y un aviso al lector que pudiera pensar que se enfrenta a un tedioso drama en tres actos (…) que Las cinco heridas desde luego no es”.

Kirstin Valdez Quade en 2015 (F: Larry D. Moore / Wikipedia)

Al contrario, nos encontramos, continua el crítico, ante “un singular retrato alegórico de nuestra sociedad contradictoria y enfermiza como la desestructurada familia Padilla, que aglutina esta historia de valores en la que confluyen casi todos los trances y aprietos morales de la sociedad actual, centrándose en la comunidad latina de Las Penas y en su sentimiento identitario, su cultura permeable (…) y su endogámica existencia, que no puede sino experimentar la marginalidad, el machismo endémico y el desarraigo, al amparo de una idea sagrada de la familia que se desvanece y obligada la mujer a refugiarse en una habitación propia y entender el embarazo como un feliz calvario”. 

Una novela a la vez intimista y divertida. No es un melodrama ni tampoco una novela social, leemos en la reseña: “Se parece en extremo a una tragicomedia lúcida que se juega a los dados el riesgo de exclusión por un modo de vida obsoleto, anclado aún en la religión y la familia, y que pretende y logra que un mensaje ambiguo y tentador se estampe en sus páginas como una marca de agua”. Y todo ello contado con una evidente perspectiva de género por un narrador omnisciente.

Sobre cómo nació esta novela

A Kirstin Valdez la entrevistó hace una semana para La Lectura Andrés Seoane, entrevista en la que hablaba de cómo se gestó la novela: «Después de que el cuento se publicara, quien ahora es mi editora me escribió para preguntarme `si estaba pensando en ampliarlo hasta convertirlo en una novela´. Le respondí que no tenía ningún plan de escribir una novela y que para mí el cuento ya estaba terminado. Pero unos meses después estaba revisando algunos relatos a medio escribir y de repente tuve una revelación: estaba escribiendo sobre los Padilla, sobre un alcohólico desempleado y su relación codependiente con su madre y su hija distanciada. Pensé: ‘Vaya, quizá sí estoy escribiendo una novela'».

Aquel hallazgo le llevó a una pregunta que acabaría sosteniendo todo el libro. En el relato original, Amadeo experimentaba “una suerte de epifanía espiritual al ser clavado en la cruz durante la representación de la Pasión”, comprendiendo que la verdadera redención no estaba en su gesto teatral sino en asumir su responsabilidad como padre. Pero la escritora empezó a desconfiar de esa revelación, cuenta Seoane, y reproduce la explicación de la autora: «Pensaba que Amadeo tendría esa epifanía, pero no estaba segura de que bastara para provocar un cambio duradero en su carácter. Al fin y al cabo, cambiar de verdad es difícil. La pregunta que impulsó la novela fue entonces: qué tendría que ocurrir para que Amadeo cambiara de verdad».

Y es que la historia parte de esa duda, y de una exploración paciente y profundamente humana de la posibilidad -o la imposibilidad- de la transformación moral. “Valdez Quade observa a sus personajes con una mezcla de lucidez y compasión, consciente de que el sufrimiento rara vez tiene la forma grandiosa que adoptan los mitos religiosos”, explica el crítico de La Lectura. «El sufrimiento es cotidiano, es profundamente ordinario. A veces podemos extraer significado del sufrimiento, pero otras veces es completamente absurdo», cuenta por su parte Valdez.

La religión, de hecho, atraviesa la novela como un marco simbólico y cultural más que como una respuesta definitiva. Amadeo, el personaje que más piensa en términos religiosos, se identifica a lo largo del libro con diferentes figuras del relato cristiano, pero las preguntas fundamentales que afronta son las mismas que atraviesan cualquier vida.

Una región mestiza y desigual

En la entrevista también se aborda la elección del escenario de la novela -los pueblos del norte del estado de Nuevo México-, una decisión que no es casual. Se trata de una región marcada por la colonización, el mestizaje y la desigualdad “que apenas aparece en la literatura estadounidense dominante”, apunta Seoane. Aunque la novela, según su autora, es la de una familia de EE UU: «Los personajes nacen de un lugar muy concreto con una historia muy concreta. Pero el legado de violencia y colonialismo que ha marcado el norte de Nuevo México está presente, con formas apenas distintas, en el resto de Estados Unidos. En el fondo, mi novela es la historia de una familia estadounidense».

Aunque la novela está ambientada durante los años relativamente optimistas de la presidencia de Barack Obama, Valdez terminó de escribirla mientras Donald Trump ascendía al poder para su primer mandato instrumentalizando un discurso agresivo contra las comunidades latinas. Sobre este particular, y la situación actual, la autora no alberga demasiadas ilusiones sobre el poder inmediato de la literatura para transformar ese tipo de discursos, cuenta Seoane, pero sí cree que el retrato complejo de una vida concreta puede desmontar las simplificaciones ideológicas. «No me hago ilusiones pensando que Trump o sus colaboradores hayan leído mi novela, aunque quizá si lo hicieran olvidarían algo su odio. Quiero que mis personajes estén plenamente realizados, que sean individuos complejos y no fácilmente descartables o catalogables».

Han Kang regresa con Tinta y sangre (¿otro éxito de ventas?)

Hang Kang, en la semana del Premio Nobel 2024 en Estocolmo (F: John Sears / Wikipedia)

La escritora surcoreana Han Kang se ha consolidado como un auténtico fenómeno de ventas en España, y también a nivel internacional. Qué duda cabe que ese es uno de los efectos de recibir el Premio Nobel, que ella obtuvo en 2024. 

Entre los títulos más vendidos en España en los últimos dos años están La vegetariana, Actos humanos e Imposible decir adiós. Recientemente llegó a las librerías otra novela de la surcoreana, Tinta y sangre, escrita después de La vegetariana, en la que se relata la muerte de Inju, una reconocida pintora, que fallece en un accidente de coche, pero que un crítico que prepara un libro sobre ella lo considera un suicidio. La mejor amiga, de Inju, Cheonghee, se niega a creer lo que afirma el crítico y se embarca en “una investigación obsesiva que la llevará a desentrañar aspectos desconocidos de una biografía cargada de fragilidad y desamparo. Pero la búsqueda de la verdad, a ratos peligrosa, supondrá remover su propia historia, hurgar en viejas heridas y padecer el vértigo que produce el misterio de la existencia”, según la sinopsis de la editorial.

El crítico Jaime Santiso, escribía en Abc Cultural hace un par de semanas que el relato de Tinta y sangre “ondula desde la cúspide sideral del universo hasta la profundidad íntima del ser humano, dimensiones insondables ambas, a partir de un eje narrativo tan sólido como tradicional”, y Marta Rebón, en La Lectura, aludía precisamente a la inspiración científica que atraviesa la obra así como otros asuntos que se abordan, para puntualizar que esa acumulación de capas –la astrofísica, Mahler, el mundo del arte, el alcoholismo, el teatro– produce a veces saturación: “Han Kang no siempre confía en que el lector haga sus propias conexiones, y el registro emocional es monocorde: grave, doliente, susurrado de principio a fin”.

Esta semana, en El Cultural reseña la novela Lourdes Ventura, y pone el acento en lo que tiene de thriller: “Conforme nos vamos adentrando en las investigaciones de Cheonghee para desmontar al crítico y ofrecer su propia versión sobre la vida y muerte de su amiga, la novela se convierte en un thriller psicológico palpitante, con ramificaciones inesperadas que desbarajustan cualquier certeza. Abundan los pasos detectivescos de la narradora, entremezclados con una memoria lírica señalada en letras cursivas. Las mudas temporales que recorren el devenir de los personajes dejan adivinar los traumas heredados y un simbolismo psicológico: lo que sabemos de los otros es como la cara oculta de la luna”.

Cuando se publica el libro del crítico donde se habla del suicidio de su amiga, Cheonghee explota de rabia y así lo expresa: “Un libro que no decía nada. Un libro mudo, un libro sucio, un libro sin una gota de sangre, un libro arrojado al mundo como una bomba. Un libro en el que cada frase, cada palabra, me abría un corte en la frente, un libro que yo sentía como una lluvia de agujas clavándose en mi cráneo”. Y es la expresión de esa rabia, dice Ventura, “lo mejor de la novela, la búsqueda desesperada de nuevos testigos, el recorrido de calles con intuiciones detectivescas, los encuentros fortuitos y reveladores, los asaltos al estudio de la artista…” Aunque también señala, cómo las reflexiones de astrofísica, sobre todo en la primera parte, “pueden implicar insólitos recorridos por la vida interestelar y hacer la lectura de la novela algo incómoda o lenta”, pero a la vez anima a “atravesar esas barreras entre la ciencia y la abstracción, para proseguir el camino detectivesco de la protagonista. Para emocionarse con el heroísmo de la narradora para salvar la memoria del hijo de Inju”. Un esfuerzo que el lector verá recompensado pues estamos ante “una extraordinaria historia sobre los que sobreviven, aunque la pelea contra el mal haya sido a muerte”. 

Y el millón de euros de Aena es para … 

Samanta Schweblin

La escritora argentina Samanta Schweblin es una firme candidata a ganar la primera edición del Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, dotado con un millón de euros, cuyo fallo se dará a conocer el miércoles en Barcelona. Un premio controvertido y del que mucho se está hablando, y más se hablará cuando se conozca el ganador/a. Le dedicaremos espacio a este asunto en la próxima entrega de estos resúmenes particulares de suplementos literarios. Adelantemos que son cinco los finalistas y ella, Schweblin, tiene muchas opciones con su libro de cuentos El buen mal, una obra de la que habla en la entrevista que le hace esta semana Álex Vicente en Babelia. Un libro de cuentos del que nos hicimos eco en su día en Patio sin red. Virumbrales recomendaba su lectura y resumía así su contenido: “Una mujer que intenta suicidarse sin conseguirlo y continua con su vida de ama de casa mientras su vecino la observa, un niño pequeño que ha sufrido una traqueotomía y se pierde en una gasolinera, un chico que sueña con un caballo y cae desde un tejado; dos hermanas empeñadas en entrar en casas ajenas y cambiar la vida de una alcohólica, una mujer ayuda a una anciana en su regreso a casa. Schweblin nos presenta en sus cuentos unos personajes vulnerables y cotidianos en unas historias que te dejan con un nudo en la garganta”. 

Se puede deducir de la lectura de los cuentos, y lo explica Álex Vicente en la entrevista, que ”los cuidados” es uno de los temas centrales del libro. De hecho, le pregunta a su autora sobre el cuidado mal ejercido, el cuidado imposible: “¿Para usted, ternura y daño son inseparables?”, a lo que responde Schweblin con un “sí y no”, porque entiende que “no hay manera de formar al otro sin deformarlo. Sobre todo, si hablamos de paternidades y maternidades. En el momento en que tratás de proteger, curar y cuidar, estás ejerciendo un poder sobre el otro. No podés escapar de tus propios miedos, prejuicios y dolores, de los mandatos que heredaste, de las ideas que tenés sobre el mundo”. 

Ahora y en la hora (Héctor Abad Faciolince), Marciano (Nona Fernández), Los ilusionistas (Marcos Giralt Torrente), y Canon de cámara oscura (Enrique Vila-Matas) son los otros finalistas junto al libro de Schweblin. ¡Hagan sus quinielas! 

E. Huilson

Un comentario en «‘Las cinco heridas’ (Kirstin Valdez) del pobre Padilla»

  • Apuesto por Tinta y Sangre de Hang Khan, tiene algo que me interesa. Pasé de La Vegetariana, pero llevo tiempo sin leer a una nobel, surcoreana además.
    Mi apuesta para el premio de Aena va hacia Ahora y en la hora de Héctor…o quizá por Vila-Matas. Aunque en el fondo creo que ganará una mujer…

    Salud.

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