Rose Wylie, veinte años en pausa y regreso a un arte audaz e impactante

La pintora británica Rose Wylie (Kent, 1934) frenó su brillante carrera artística durante veinte años para atender la crianza de sus tres hijos. Ni se arrepiente de ello ni le produce ninguna frustración. “Creo que los niños son importantes, hay que hablar con ellos y estar disponible para ellos”. Pintar era incompatible con esa dedicación. Regresó a los pinceles en los años 70 y desde entonces ha recibido numerosos premios y ha sido reconocida como una de las artistas más destacadas de Gran Bretaña. Ahora, a sus 91 años, la Royal Academy of Arts de Londres acoge, hasta el próximo 19 de abril, la mayor muestra de la artista hasta la fecha, con sus obras más emblemáticas junto con pinturas totalmente nuevas y nunca antes expuestas.
Un mar de periódicos en el taller

Wylie tiene su casa cabaña en Kent, donde ha residido más de 50 años, cuando se fue a vivir con su pareja, el también pintor Roy Oxlade (1929-2014) y sus hijos. En un reportaje realizado en 2024 para la revista digital Rabbit’s Foot -del productor y cineasta Charles Finch-, se describía el lugar con un frondoso jardín que ella recorre todas las tardes, porque las sombras son más hermosas, y con la casa llena de cuadros y pinturas, si bien nada se podía comparar “con la planta de arriba, dedicada por completo a su estudio y a un mar de periódicos rasgados y arrugados salpicados de botes de pintura medio vacíos y múltiples tubos de Pritt Stick. El viejo suelo de tablones parece estar cubierto de confeti, salpicado de puntos y manchas de color. Lo mismo ocurre con el radiador y el interruptor de la luz”. Algo nada extraño para Wylie que explicaba de forma despreocupada a las atónitas autoras del reportaje, Fatima Khan y Anna Pierce, que “es lo que pasa cuando pintas y no estás limpiando constantemente”.
Extravagante y a contracorriente
Interesada por la moda -hasta el día de hoy- y por el cine, estudió Arte animada por su madre, que le aconsejaba tener un plan B porque “nunca se sabe cuánto durará un matrimonio”. Ya siendo estudiante, se consideraba “muy extravagante”: cortaba su ropa y la cosía para buscar nuevas formas, o le quitaba el color a sus zapatos con algún limpiador abrasivo. “Me pintaba la cara de blanco y el pelo de amarillo. Era poco común, una de las primeras punks”.
Estudiando Magisterio en Goldsmiths conoció a Oxlade, que quedó impresionado ante una joven que ni siquiera utilizaba bolso. Dos semanas más tarde le pedía matrimonio, convirtiéndose, ambos ya profesores, en una de las parejas más singulares y queridas para sus alumnos.
Lienzos extraordinarios

Sus lienzos son enormes y en muchas ocasiones cubrían los suelos del taller. Le gustaba pintar y caminar sobre ellos, aunque dejó de hacerlo tras una operación de cadera. Miembro de la Royal Academy desde 2014, el Museo recuerda algunos aspectos importantes de la artista, como, por ejemplo, que dibuja todos los días, en cuadernos de bocetos o en grandes hojas de papel o en cualquier cosa que encuentre. Todos sus dibujos forman un gran archivo lleno de ideas a las que recurre de forma constante en busca de inspiración.
Sus pinturas, irreverentes y atrevidas tienen múltiples puntos de partida: a veces son recuerdos, personas, flora o fauna, imágenes de sus pintores favoritos, los bombardeos de la segunda Guerra Mundial que formaban parte del día a día en su infancia, escenas de películas, los periódicos, o un artefacto arqueológico. Comienza con dibujos, muy meditados y específicos, no trabajados con espontaneidad desinhibida como se ha dicho a veces de ella, y acaba con una pintura de extraordinarias proporciones que, en realidad, es “un gran dibujo, pero con la textura irregular de la pintura”.
Recuerdos y pasión por el cine

A la artista le interesan los recuerdos y la repetición de los mismos, y su transformación, es parte importante de su obra. En ocasiones ha retomado composiciones décadas más tarde, modificando los personajes y los fondos para reflejar su nueva perspectiva.
La Royal recuerda que a Wylie le encanta cómo una película puede capturar la misma escena desde múltiples perspectivas. Ciertas tomas de películas impactantes se le han quedado grabadas en la memoria y a menudo resurgen en sus cuadros. Por ejemplo, uno de los cuadros de su serie Film Notes, que se puede ver en el museo, representa un fotograma de Kill Bill (2007) desde diferentes ángulos.
La primera mujer de Adán

Entre los cuadros que nos han llamado la atención se encuentra el que lleva por título Lilith and Gucci Boy. Es enorme y en él aparece una figura desnuda femenina, casi en color amarillo -uno de los preferidos de la artista- y un texto que cruza el cuadro con la explicación de “la primera feminista”. Al otro lado del óleo, se intuye un hombre, con traje y chaleco escotado, cuya cabeza sale del cuadro. Y casi se queda sin pies, ya que la artista, para adaptar la composición e incluirlo, tuvo que añadir tiras adicionales pegadas en la parte inferior del cuadro. Wylie lo bautizó como “el chico Gucci”.
Pero la figura importante es la mujer, Lilith, la primera esposa de Adán. Llegados a este punto habrá que decir que Lilith es una figura legendaria quien, según algunas tradiciones populares, fue la primera esposa de Adán. Creada al mismo tiempo y con la misma arcilla que Adán, no con su costilla, era su igual. Lilith abandonó el Edén porque la trataban como a un ser inferior y más tarde se convirtió en un espíritu alado o en un demonio malévolo, según la fuente.
La inspiración para este cuadro le llegó a Rose tras ver el documental de Wim Wenders sobre Anselm Kiefer (2023), en el que el pintor alemán menciona a Lilith, lo que supuso toda una revelación para Wylie, cuya educación (como es habitual) había omitido cualquier referencia a este personaje. “Es un tema sensacional, y ha sido blanqueada, porque la historia, las escrituras, todo eso, lo han escrito los hombres”, explicó a la revista Rabbit’s Foot.
Ver de nuevo
“Creo que es fantástica. Creada al mismo tiempo que Adán, hecha de la misma arcilla que Adán y expulsada del Edén por Adán, o abandonada por él, porque no era sumisa. Es toda una historia”, explica Rose. De hecho, Wylie piensa que ya se había encontrado con Lilith antes, al haber realizado un dibujo del Relieve de Burney en el Museo Británico, una placa de terracota de la antigua Babilonia representando a la Reina de la Noche, que algunos creen que representa a Lilith, con alas de búho y patas con garras.
Pinturas, por tanto, que tienen una gran historia detrás. Al contemplarlas nos puede suceder lo que le pasó al pintor y cineasta estadounidense Marcus Reichert, que dijo al observar la obra de la artista británica: “Si contemplo el tiempo suficiente una de las pinturas de Rose Wylie, mi mente se aclara… y comienzo a ver de nuevo”.
Ana Amador

Una nueva sorpresa, me encanta