Relatos con música

Peleas sicilianas

Gabriel Fauré delante de su piano en su apartamento del Bulevar Malesherbes, en París

Se trata de un juego de palabras. Pido perdón de antemano por el chiste malo que se me ha ocurrido para titular este relato. A lo que vamos y dejémonos de mojigangas.

Gabriel Fauré, fotografiado por Pierre Petit en 1905

Gabriel Fauré tenía en mente poner música incidental a la obra de teatro El burgués gentilhombre, de Molière. Comenzó a escribir la partitura. Distintas circunstancias  dieron al traste con la idea y la obra del dramaturgo francés nunca se representó en el formato que el músico pretendía.  Las partituras que Fauré había compuesto quedaron guardadas en un cajón. Entre ellas había una pieza muy bella que estaba concebida para chelo y piano.

La actriz Patrick Campbell

Corría el año 1898 y desde Londres le llegó una petición con cierta premura: debía componer la música incidental, es decir, aquella que se concibe para interpretar en determinadas escenas específicas en una obra de teatro, actuando como fondo para realzar determinados aspectos del drama, para la obra Pelléas y Mélisande, del dramaturgo belga Maurice Maeterlinck. La petición la formulaba la actriz Patrick Campbell, muy afamada en todos los escenarios. No podía negarse, pues consideraba, incluso, un honor que los británicos se hubieran fijado en él, máxime cuando otro colega francés, Claude Debussy, estaba componiendo una ópera, basada en el libreto de Maeterlinck. ¿Qué había pasado’ ¿Por qué recurrían a él y no a Debussy? Muy sencillo. El empresario británico contactó con el músico francés que componía la ópera para pedirle la música que acompañara al drama, pero éste le dijo que estaba muy atareado y que no podía perder el tiempo en cuadros para teatro. Le parecía un trabajo menor y lo despreció. Entonces se recurrió a Fauré como plato de segunda mesa.  

Charles Koechlin

El compositor, lejos de sentirse discriminado por no ser el primer candidato, se puso a trabajar día y noche para llegar a tiempo. Pero el calendario era inexorable y el drama debía estrenarse en el mes de junio de ese mismo año. Entonces, Fauré recordó las piezas que había compuesto para la obra de Moliere que nunca llegaron a interpretarse. Pero había un problema: esas partituras estaban concebidas para  chelo y piano y ahora debían ser interpretadas por una orquesta. Como no había tiempo, mientras Fauré retocaba algunos pasajes de la música original, enviaba las partituras a su discípulo Charles Koechlin, quien se encargó de la orquestación. La obra se estrenó en el teatro Príncipe de Gales de Londres el 21 de junio de 1898, obteniendo un rotundo éxito. Entre las obras escogidas para la representación estaba Siciliana, una pieza concebida para chelo y piano, pero que el discípulo cambió los instrumentos por la flauta y el arpa y que destaca por su sencillez y belleza. Es esa simplicidad en los acordes lo que la hace sublime.

Fauré decidió en 1900 agrupar los principales movimientos de la música que se había utilizado en el drama en una suite. Retocó algunas de las iniciativas que habían salido de la pluma de su discípulo. Sin embargo, Siciliana no se modificó, quedó tal y como había sido concebida, eso sí, con la flauta y el arpa como protagonistas. La suite se estrenó en París en el año 1901 por la orquesta Lamoureux, al frente de la cual estaba el director Camille Chevillard. De nuevo, rotundo éxito para Fauré. 

Maurice Maeterlinck y Claude Debussy

¿Y Debussy? Pues siguió adelante con su proyecto de ópera de Pelléas y Mélisande, haciendo caso omiso a los éxitos de su colega con la suite.

La obra fue estrenada en la Ópera Comique de París el 30 de abril de 1902. Durante la composición, músico y autor del libreto, el mismo Maeterlinck que había escrito el drama, discreparon en público y abiertamente, sobre la marcha del proyecto. Tanto es así, que los asistentes al estreno ya tenían predisposición para armar la bronca. Y se armó. La policía tuvo que intervenir en mitad de la representación por las continuas peleas en el patio de butacas entre partidarios y detractores. En un pasaje de la representación, el autor pone en boca de Mélisande: «Yo no soy feliz”, a lo que buena parte del público respondió a coro: “Y nosotros tampoco”. Debussy se pasó toda la obra atrincherado en el despacho del director del teatro y no quiso ver a nadie. El director de la orquesta, André Messager, se deshizo en lágrimas hasta el final de la representación. 

Mientras tanto, Fauré, calentito en su casa, miraba por la ventana cómo anochecía en París. Porque si hay algo que identifica el nombre de Pelleéas y Mélisande con la música es la Siciliana, pues la obra de Debussy rara vez se representa.  

Gabriel Sánchez

El violonchelista francés Gautier Capuçon interpreta Siciliana de Fauré, acompañado al piano por Jérôme Ducros:

Y aquí la Siciliana para arpa y flauta, con Olga Zmanovskaya, flauta, y Elizaveta Bushueva, arpa:

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