‘La ciudad de las luces muertas’:ni realista, ni mágica

UNA LECTURA PARTICULAR DE SUPLEMENTOS LITERARIOS
La novela con la que David Uclés ha ganado la edición de este año del Premio Nadal, La ciudad de las luces muertas, no está cosechando buenas críticas, lo que no dejará de sorprender a los muchos lectores que contribuyeron a que La península de las casas vacías, su anterior novela, se convirtiera en uno de los éxitos editoriales más llamativo en lo que va de década. Jordi Gracia en Babelia, J.M. Pozuelo Yvancos en Abc Cultural y Santos Sanz Villanueva en El Cultural, los tres, además de críticos, literarios, catedráticos universitarios, coinciden en líneas generales en el diagnóstico: un intento fallido.
La crítica de Jordi Gracia en Babelia es quizá la más demoledora y lo anuncia ya en el título de la reseña, “Un pastiche plano, mohíno y desaborío”. La novela cuenta la historia de un apagón que se abate sobre Barcelona, “una especie de cabriola mágica que trastoca los tiempos históricos y sitúa en sincronía imposible épocas dispares”, explica. Dicho apagón le sirve al autor para convocar en el texto a numerosos personajes (de brilli brilli, escribe el crítico), principalmente escritores y artistas, “pero nada de eso cuaja en una narración ni creíble ni verosímil ni convincente. De hecho, a ratos he tenido la sensación de estar leyendo una novela destinada a público juvenil o infantil poco lector”.

Los personajes que desfilan por la novela, a los que ve apareciendo “a voleo”, son numerosos: Pau Casals, Gil de Biedma, Roberto Bolaño, Mercè Rodoreda, Montserrat Roig, los Goytisolo, Freddy Mercury, Antonio Machado, Cortázar y Vargas Llosa… y varios más. Especial papel es el reservado a Carmen Laforet que sirve de hilo conductor (no en balde fue la primera edición del Nadal con su novela Nada.)
En El Cultural, Santos Sanz Villanueva sostiene que la novela de Uclés, “confirma la persistencia de una estética que combina referencias históricas y libérrima invención (…) aferrado a lo que se ha calificado, con poca propiedad, como realismo mágico”. No deja de reconocer que la novela tiene detrás un trabajo meritorio, “si bien algo manierista”, pero le pone varios reparos: “La contraposición entre la oscuridad y lo luminoso resulta un simbolismo esquemático. Se incurre en un culturalismo inocentón: que Cortázar ande interrogándose sobre quién es la Maga o que a Ana María Matute se le diagnostique `sobredosis de realismo traumático´. Y no faltan gracietas que suenan a chistes. En resumidas cuentas, el cúmulo de invenciones, agudezas o simples ocurrencias y las ganas de epatar pierden el efecto sorpresa buscado y la novela fatiga por reiterativa”.
Por su parte, Pozuelo Yvancos, en Abc Cultural, comienza la reseña recordando la buena crítica que le hizo en su momento a La península… preparando el terreno: “Todo escritor merece que la reseña de su novela se haga únicamente desde la novela misma, como los merecidos elogios que recibió de quien esto escribe por su Península de las casas vacías. No puede haber iguales para la que recibió el premio Nadal este año, que me ha parecido una novela literariamente muy facilona. Porque no quisiera, no le diera tiempo o no pudiera, ha renunciado su autor a componer una novela con la armadura que tal empresa necesitaría”. Y concluye la crítica con una invitación a la esperanza de que Uclés recupere la capacidad literaria que ya demostró: “Tendremos que esperar a la siguiente, porque en La ciudad de las luces muertas ha decidido escaquearse, amparado en tantas figuras notables que homenajea con alabanzas y características muy de cajón”.
¿Una apuesta vanguardista?

Se detiene Sanz Villanueva en su reseña en los recursos vanguardistas utilizados por el autor jugando con la representación gráfica de la historia, recursos que también menciona en otra reseña, en este caso para La Lectura, Aloma Rodríguez: “hay algunos coqueteos con la experimentación formal tipográfica, no solo hay diferentes tipos de letra aquí o allá –como en los libros de Gerónimo Stilton–, también hay páginas en negro en el momento del apagón y juegos con el modo de disponer el texto en la página”. Una reseña, la de Rodríguez más descriptiva, aunque no se ahorra alguna que otra ironía, como que la novela “está llena de recompensas a modo de pseudocitas que algún lector tal vez disfrute. Como el perrito al que premian por dar la pata”.
De los seis suplementos que habitualmente utilizamos en este particular resumen sólo en Cultura/s hemos encontrado parabienes a la novela de Uclés. La reseña la firma Xavier Ayén y en ella aplaude el riesgo asumido por el autor con una apuesta arriesgada que da lugar a distintas lecturas: “Si todo libro queda reducido o ampliado a los límites mentales de cada lector, aquí resulta más patente que nunca: un adolescente podrá verlo como una novela juvenil, un erudito gozará de los guiños literarios menos evidentes, otros la leerán como una distopía de ciencia ficción, como una novela histórica (de varias épocas), como metaliteratura, acción, aventuras, literatura del absurdo… o los barceloneses apreciaremos con ventaja su agudeza a la hora de describir ciertos edificios, tradiciones o episodios históricos…” Una explicación que parece dar respuesta a “las recompensas a modo de pseudocitas que algún lector tal vez disfrute. Como el perrito al que premian por dar la pata”, que decía Aloma Rodríguez, o la sensación que decía tener Jordi Gracia (no tan adolescente ya) de “estar leyendo una novela destinada a público juvenil o infantil poco lector”.
El Nadal premió al autor más vendido y publicitado en el último año y medio y por ello se interpretó la decisión como mera operación comercial. Gracia, que ya criticó duramente la baja calidad de los dos últimos premios Planeta, se preguntaba, si estos premios son la única vía posible para vender ejemplares que ha encontrado el grupo Planeta: “Cada vez me resulta más enigmática esta instalación en la poquedad literaria, cabe suponer que sostenida en el criterio de que las ventas están garantizadas ante el apabullante éxito de la primera novela de Uclés. Igual sí es tan simple como esa razón estrictamente comercial, y el jurado (…) habrá estado de acuerdo”, se lamentaba en el cierre de su reseña.
A tener en cuenta…

Escribe Rodrigo Fresán en Abc Cultural que cuando se publicó Mentirosos enamorados, su autor, Richard Yates (sí, el mismo de Las hermanas Grimes o Revolutionary Road) “había dejado de ser una promesa para la crítica, pero no para la literatura”. Recomienda esta recopilación de relatos, entre los que destaca Adios a Sally, del que afirma, a modo de broma elogiosa, que es “sin duda, uno de los mejores cuentos de Scott Fitzgerald (venerado héroe máximo de Yates) jamás escritos por Scott Fitzgerald y con parrafada final que evoca epifánicamente las alturas de aquella de El gran Gatsby”.

En Babelia, Javier Aparicio Maydeu reseña la novela más celebrada de la británica Mary Margaret Kaye de 1978, Pabellones lejanos, donde se narra la historia de amor entre un oficial británico y una princesa india en un reino imaginario denominado Gulkote. Y ensalza la calidad de una escritora a la que, por haber escrito una novela realista de rasgos históricos y estilo decimonónico, habría sido relegada. Argumenta Maydeu que a menudo se subestima al escritor de género en beneficio de aquel que no ha querido encerrarse en modelo alguno, “como si la calidad de un artista dependiese del tema y no de su dominio del lenguaje, como si escribir bien una carga de los lanceros de Bengala fuese menos meritorio que escribir bien el cargo de conciencia de un ser atribulado”. Ese ser atribulado es el protagonista de El mar, el mar, de Iris Murdoch, que se publicó el mismo año que Pabellones lejanos. Lo pone de ejemplo para defender que en la calidad del estilo “se encuentra el fiel de la balanza que mide el valor artístico del realismo historicista epigonal de Kaye y de la posmodernidad reformuladora y filosófica de Murdoch, esto es, Murdoch y Kaye se sientan juntas en el parnaso”.
Koljós: La familia como materia literaria

El poeta polaco Czesław Miłosz sostenía que cuando un escritor nace en una familia, esa familia puede darse por terminada, pues es sabido que “la presencia de un escritor en la familia, a menos que escriba novelas fantásticas, es una fuente de problemas”. La segunda reflexión corresponde al escritor francés Emmanuel Carrère, leída en la entrevista que firma en Babelia Daniel Verdú con motivo de la inminente publicación en España de Koljós, una historia sobre los orígenes rusos y georgianos de su familia, y con el desarrollo de la guerra en Ucrania de fondo. Reflexiones que vienen a cuento después de que, según cuenta Verdú, Carrère, “gran estandarte de ese género llamado no ficción y autor de El adversario, Limónov o Una novela rusa, haya superado los problemas que atravesó y que llegaron a confinarle en un hospital psiquiátrico”. Da ya por superada aquella crisis y “los conflictos literarios y biográficos que libró durante años con la realidad y con algunos de los personajes (algunos familiares) que, contra su voluntad, formaron parte de sus obras”.
Vuelve ahora de nuevo sobre la historia familiar. Koljós arranca con el funeral de Estado de su madre, Hélène Carrère d’Encausse, figura mayor de la vida intelectual francesa, primera mujer al frente de la Academia, Premio Princesa de Asturias a las Ciencias Sociales, y reconocida autoridad en el estudio de la historia rusa. Su muerte en 2023 impulsará al autor a revisar una colección de archivos, cartas y fotografías que su padre había recopilado a lo largo de su vida, y que constituyen el punto de partida de esta investigación: una genealogía, profundamente entrelazada con algunos de los grandes conflictos del siglo XX, que va de Tiflis a París, de la Rusia prerrevolucionaria a la Ucrania actual, según se cuenta en la sinopsis de la editorial.
Nazarena, una historia de Venezuela
“Yo no me colgué de una viga porque tenía libros para leer. Si yo estoy más o menos lúcida es porque de alguna manera me dedique a escribir”, le responde la escritora venezolana, afincada en Madrid, Karina Sainz Borgo, a Bruno Pardo Porto (Abc Cultural) a una de sus preguntas sobre las razones de su escritura.

Aunque desde la ficción, inspirada también en historias familiares, como la de su bisabuelo, y la tradición de su país, de cuyo futuro desconfía publica ahora Nazarena, donde narra la historia de ocho hermanas que conviven bajo la sombra de una madre devastada y una estirpe carcomida, en una casa donde cada silencio es una amenaza. Nazarena es una de ellas, que barre obsesivamente el patio para ahuyentar las desgracias, casa donde se suceden las rivalidades de las hermanas, los muertos que regresan, el deseo como huida, los animales que presagian desastres y un pasado que se encarna en visiones y terror.
Sainz Borgo leyó con atención a Lorca por La casa de Bernarda Alba y novelas de sagas familiares como Los Buddenbrook, La saga de los Forsyte, El Gatopardo y Cien años de soledad, y una vez que había sacado toda la sustancia de esas sagas –explica en la entrevista–, llegó a la conclusión de que “todas las historias familiares son historias políticas. Que las historias íntimas eran historias de una mengua, de alguien que es cobarde, de alguien que dilapida una herencia, de alguien que no está a la altura. Y dije: `Voy a convertir Nazarena, la historia de una pobre desgraciada de fin de estirpe, en una Venezuela, una Venezuela ficticia de finales del XIX y comienzos del XX”.
E. Huilso
