Helga de Alvear, enamorada del arte

Rocas falsas de Katharina Grosse. Acrílico sobre poliuretano

Una coleccionista apasionada, generosa, fascinada y fascinante

Hay gente que nace inmensamente rica y pasa por la vida sin dejar ninguna huella hasta que muere, quedando en el recuerdo de dos o tres generaciones de sus afines, y para de contar. Pero también hay gente como Helga de Alvear, con una solvencia económica envidiable, rica en el término más claro del concepto, que nos ha regalado la más importante colección privada de arte internacional contemporáneo con que cuenta este país. El Museo que lleva su nombre está en Cáceres, en dos edificios excelsos que unen la parte vieja de la ciudad y la nueva, y, además, es gratuita la entrada.

Edificio nuevo del Museo de Arte Contemporáneo de Helga de Alvear en Cáceres

Es fascinante esta mujer enamorada del arte contemporáneo, que compra por impulso obras pequeñas o gigantes, de autores desconocidos en su momento y hoy imposibles de adquirir. ¿Cómo se inició en el coleccionismo? ¿Cómo intuía la importancia de esas obras contemporáneas que actualmente forman parte de las galerías y museos más prestigiosos? “Yo no soy nadie especial”, dice.

Helga Müller, la H se pronuncia como J, nació en Kirn, una pequeña localidad del estado de Renania-Palatinado, Alemania, en 1936, cuando en España empezábamos un duelo a garrotazos y en Europa se mascaba la tragedia de la guerra. Su infancia transcurre tranquila y feliz. Estudia en Lausana, en Ginebra, en Londres… para la época, un lujo. Estamos en 1957, Helga tiene 21 años, y ha abandonado, ‘aconsejada’ por su padre, la idea de ser pianista. La imaginamos una joven inquieta y curiosa. Habla varios idiomas: alemán, francés, inglés; quiere también aprender español. Su familia no pone pegas, todo lo contrario. Viaja a España para aprenderlo donde pasa varios meses. Acude a la boda de unos conocidos y le presentan a un joven arquitecto, Jaime de Alvear. Dos años después de su llegada a España, Helga se casa con Jaime y ya nunca abandonará el país. Sus tres hijos nacen aquí.

Imagino que viven una vida acomodada, al estilo de la alta burguesía de la época. ¿En qué momento Helga se muestra interesada por el arte? ¿Interviene Jaime, un arquitecto con compromiso social, que participó en el proyecto Poblado Entrevías, en sus gustos artísticos? Puede ser o tal vez fuera al revés. Según sus propias palabras, con Jaime acude cada tarde al Museo del Prado. Cuando sus hijos tienen edad para ello, dedican las mañanas de los domingos a visitar el Prado. A estas visitas se suman las de las galerías madrileñas y a recorrer las ferias de arte internacionales.

Compra su primera obra, a los 31 años, y a lo largo de los años llega a adquirir cerca de 3.000; reconoce que coleccionar es como una droga. Le produce felicidad. Le da lo mismo el material, compra de forma impulsiva y generalmente acierta en sus adquisiciones.

Las gafas del pintor, de Carlos Alcolea

Entre su pasión por el arte y su dedicación al coleccionismo hay un punto de inflexión cuando se cruza en su vida Juana Mordó (1899-1984), una marchante griega de arte que posee una famosa galería en Madrid que lleva su nombre. Helga se pasa cinco años sentada frente a Juana aprendiendo el oficio de galerista que le abrirá la puerta para iniciarse en el coleccionismo, su gran pasión. No tenía ni idea del negocio del arte, pero se convierte en una coleccionista excepcional, íntegra, comprometida y libre. Asume de manera discreta los problemas económicos de la galería Mordó, que acaba adquiriendo.

En 1995 traslada la emblemática galería a un local más amplio, junto al Reina Sofía. El espacio ya lleva su nombre, Galería Helga de Alvear. Tiene casi 60 años, pero una fuerza y entusiasmo arrollador. Apostó y apoyó los comienzos de la Feria de ARCO con ímpetu, y con el convencimiento de que era esencial para la cultura de este país.

Pasa de comprar cosas pequeñitas a cosas grandes, y sigue, porque para ella, esto es un vicio, un vicio fascinante que, dice, no tiene nada que ver con el dinero. A veces se encuentra con galeristas ‘finolis’ que la miran de arriba abajo y prejuzgan que no tiene dinero para comprar una obra. No se achanta, la compra y no vuelve a esa galería. Otras veces, una enorme obra le da un golpe en el corazón, le recuerda la barbarie humana y la destrucción de la segunda guerra mundial. ¿Ocupa 60 metros cuadrados? No importa, la adquiere. Es ‘Power Tools’ del artista suizo Thomas Hirschhorn y puede verse de forma permanente en Cáceres. En ocasiones, hace caso de su intuición. La Galería Mary Boone de Nueva York se pone en contacto con ella, tienen la obra de un autor prácticamente desconocido, pero creen que a Helga le gustará. Es una obra grande, de siete metros de alto por seis de ancho, una especie de lámpara caída que simboliza la caída del capitalismo chino. A Helga le parece impresionante y la compra. La galería no le cobra los gastos del transporte. Es ‘Descending light’, obra del artista Wei Wei, de un valor hoy inalcanzable al bolsillo.

Al cumplir 70 años hará realidad lo que venía pensando desde tiempo atrás: compartir su colección con el público. Compra la Casa Grande, en el casco antiguo de Cáceres, para crear una Fundación con sus fondos. Acude con el proyecto a las instituciones públicas de Extremadura que, en 2006, le dan su apoyo. El Estudio de arquitectura Turón + Mansilla se encarga de la remodelación del inmueble modernista y de la ampliación del museo, con un edificio de nueva planta maravilloso. El Museo se inaugura en febrero de 2021. Helga se convierte, de este modo, en la principal embajadora de Cáceres. Uno puede visitarlo de forma gratuita entrando por la Casa Grande, en el casco viejo, y recorriendo las cuatro plantas del edificio nuevo que va a dar a la ciudad nueva de Cáceres. Por cierto, la increíble obra de Wei Wei preside la entrada la Museo.

Parafraseando al historiador de arte Henry Focillon, hoy Helga, a sus 86 años, ha conseguido “crear, a partir de otros, un néctar que le pertenece a sí misma”, y que ha tenido a bien regalarnos. Traten de paladear este obsequio único y visiten este museo.

Ana Amador (y fotos)

Helga de Alviar con motivo de la 35 Feria de ARCO:

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