Semanario Cultural

De Javier Marías a Vila-Matas, o cómo celebrar el Día del Libro

Pues sí, ya estamos en la semana de conmemoración libresca, la del Día del Libro, la de Sant Jordi en Cataluña, la de ferias del libro por doquier y otras por llegar, como la del Retiro madrileño, que se deja para finales de mayo. Tiempos para estimular la venta de libros y publicidad editorial de novedades por doquier. Los suplementos, más parecidos a folletos publicitarios que prescriptores, unos más que otros, cierto, llevan esta semana largas listas de recomendaciones ordenadas por bloques más o menos originales, ficción nacional o extranjera, ensayo y poesía, amén de reportajes apilando libros, entrevistas con autores… y numerosas páginas publicitarias.

Este 2026, el Día del Libro cumplirá 100 años. Lo hará, eso sí, el 7 de octubre, pues fue ese día cuando comenzó la celebración gracias a una iniciativa del Gremio de Editores de Barcelona, que, por mediación del ministro de Trabajo de entonces, Eduard Aunós, consiguió que Alfonso XIII firmara un Real Decreto confirmando el 7 de octubre como Día del Libro oficial. Lo cuenta en Abc Cultural C. Sala, en un breve artículo sobre la historia de esta conmemoración.  

El cambio de la fecha llegaría cuatro años después: “Los responsables escogieron el 7 de octubre porque era el día del nacimiento de Cervantes, pero vieron que si lo movían a primavera y aprovechaban el buen tiempo la gente estaría más receptiva. Entonces decidieron que podían trasladarla al 23 de abril, ya que también era la fecha en que se establece la muerte del propio Cervantes, aunque murió un día antes, y de Shakespeare”, según cuenta para el reportaje el historiador Borja De Riquer. Ese cambio se produjo en 1930, fijando la fecha definitiva para el Día del Libro tal y como lo conocemos hoy. En cuanto al Sant Jordi, en esos años ya se celebraba el Día de la Rosa y se conmemoraba a su vez la leyenda del santo, así que la unión fue quizá casual, pero igualmente feliz. El día cogió así un corte popular, escribe Sala. Y año a año fue creciendo la celebración hasta conseguir que en 1995 la Unesco declarará el 23 de abril como el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor.

25 años de novela española: del clásico Marías al influyente Vila-Matas.

Como decíamos, las listas de recomendaciones que traen los suplementos son interminables y como todo lector habitual podría hacer la suya propia no entraremos en resumir dichas recomendaciones, así evitamos cualquier tentación de “y el podio del más recomendado es para…”, por lo que nos centraremos en otras formas de selección.

Por ejemplo, echando una mirada al “mapa de la novela española” de estos 25 años que llevamos de siglo. Es lo que ha hecho el crítico Nadal Suau en Babelia tomando este primer cuarto de siglo, del que advierte que es “el último en que la literatura se produjo y leyó sin inteligencia artificial, un elemento destinado a cambiar muchas cosas de forma inminente”, a la vez que se cura en salud para evitar controversias (que las hay) aclarando que su “repaso no recoge todas las obras y voces valiosas”, y que tampoco se ha propuesto configurar un canon.

Javier Marías (F: Marta Jara / RAE)

Habla de tres novelas excelentes que inauguraron el siglo: Romanticismo, de Manuel Longares, Jugadores de billar, de José Avello y Sefarad, de Antonio Muñoz Molina, “que es, en gran medida, un libro sobre el siglo XX”, dice, lo mismo que se podría aplicar a “la trilogía faulkneriana Verdes valles, colinas rojas, de Ramiro Pinilla o a Familias como la mía, de Francisco Ferrer Lerín”. Pero hace un aparte para situar a Javier Marías: “Los tres espléndidos volúmenes de Tu rostro mañana quizá tampoco inauguren nada, y hablamos de un escritor que ya definió el final del siglo anterior, pero resulta que, por mucho que para algunos pueda ser divertido discutirlo o revolverse contra la evidencia (…), la escritura hipnótica e inconfundible de Marías es uno de esos casos en que cuaja un clásico incontestable, fuera de serie”. 

Cita Suau también a José Carlos Llop, “que es a la literatura francesa en España lo que Marías a la anglosajona”, y su novela El mensajero de Argel, y señala como caso curioso la vuelta a la guerra civil española como tema con el exitazo de Uclés y su Península de las casas vacías.

A efectos de “mapeo de la época”, defiende que hay tres autores que marcaron el futuro inmediato de la narrativa española de este siglo: Vila-Matas, Cercas y Chirbes : “Enrique Vila-Matas nos regaló cuatro libros seguidos cuya gracia metaliteraria, autoficcional, vanguardista y slapstick es inolvidable: Bartleby y compañía, El mal de Montano, París no se acaba nunca y Doctor Pasavento.” 

A propósito de Javier Cercas cita el acontecimiento que supuso Soldados de Salamina, “que se adelantó a muchísimas cosas, tanto en lo que se refiere a técnicas literarias como al debate en torno a la reconciliación nacional, una cuestión que regresaría en su mejor libro, Anatomía de un instante, preciso como el mejor mecanismo de relojería, emocionante y muy bien documentado”.

En cuanto a Rafael Chirbes, comenta que sería “una simplificación hablar de `realismo´, pero su atención a los aspectos más pútridos de la realidad nacional propició dos novelas perfectas, dolorosamente lúcidas, Crematorio y En la orilla.

Llegan las escritoras a los catálogos

Entre 2008 y 2010 hay cambios significativos, explica: “Los catálogos editoriales ya no volverán a ser lo mismo: la presencia de escritoras da un vuelco inédito e irreversible. Es una cuestión de cantidad y de calidad, pero también de complicidad con el público lector, cada vez más femenino y feminista, queer, comprometido, dispuesto a tejer espacios de encuentro”. Y en esa revolución cita a figuras que considera claves, como Sabina Urraca (Las niñas prodigio y El celo), Rosario Villajos (La educación física) o Elisa Victoria (El Evangelio). Incluye varias autoras más, entre ellas a Cristina Morales, de la que dice (y compartimos) que es “distinta a todo el mundo”, autora de Lectura fácil, “firme candidata a ser la novela española de mayor impacto de la última década (magistral, indomable, una locura)”.

Un repaso, en definitiva, a novelas que quizá no hemos leído y a las que deberíamos hacer un hueco en nuestras elecciones por delante de las últimas novedades que nos asaltan bajo elogios editoriales de “obras maestras”, cuando no lo son, y nos distraen de acercarnos a buenas novelas escondidas por el frenético presente.

Banville nos “recomienda” a Henry James

John Banville (F: JaFestival /©David-Herranz)

Decía Javier Marías que el mejor escritor en lengua inglesa era el novelista irlandés John Banville y a un experto en la materia como era Marías no vamos a llevarle la contraria, aunque otra irlandesa, Iris Murdoch (El mar, el mar), se le acerca bastante a ser merecedora del elogio. A Banville lo entrevista en La Lectura Andrés Seoane, y empieza la conversación recordando que el irlandés hace cuatro años había anunciado su retirada, que no publicaría más. La explicación que da Banville a su cambio de parecer, además de irónica, es inapelable: ¡tiene tiempo! Se justifica Banville: “¿Qué puedo decir? Simplemente, no pensé que viviría tanto. Como sabes, mi esposa falleció en noviembre de 2021, y después de eso pensé que todo había terminado. Pero sigo vivo, relativamente lúcido y estoy despierto 18 horas al día, ¿qué haría con mis días si no escribiera?”.

La nueva obra del irlandés lleva por título Nocturno de Venecia, una novela que “bebe de la tradición gótica victoriana”, en la que se cuenta la historia de un escritor inglés mediocre y fracasado, que se casa con una rica heredera estadounidense empeñada en los estertores del siglo XIX en pasar su luna de miel en la capital del Véneto. 

“Del Otelo shakesperiano a El placer del viajero de Ian McEwan, pasando por la icónica La muerte en Venecia de Thomas Mann, la ciudad de los canales es huésped literario de deseos imposibles y romances truncados –escribe Seoane–. De todo esto hay en esta novela en la que Banville, escudado en su ya legendaria prosa, aprovecha al máximo la atmósfera sombría de la ciudad invernal y, si bien nos advierte explícitamente que nos dirigimos hacia un desenlace inquietante, nos mantiene en la incertidumbre hasta el final”. Al protagonista, el escritor mediocre, lo tacha Banville de “criatura horrible, despreciable”, y no solo él lo es, también los que le rodean: “Me di cuenta mientras escribía el libro de que todos los personajes son personas realmente espantosas. No hay ninguno que inspire simpatía, así que, en muchos sentidos, el libro es desagradable. No obstante, yo nunca pienso en los personajes más que como criaturas hechas de palabras, sin vida propia. (…) simplemente los creo”. 

Por el ambiente y tono de la novela, bien podría ser un homenaje de Banville a su admirado Henry James: “Siempre he tenido querencia por toda esa literatura. Quiero decir, Henry James es para mí el gran novelista, el más grande de todos. Y me encanta su retrato de Venecia. Tiene un pequeño ensayo sobre la ciudad realmente precioso y, por supuesto, está Los papeles de Aspern. Y es extraño que cuando empecé a leer Retrato de una dama (novela de la que Banville escribió una continuación, La señora Osmond), fue en Venecia, a unos 100 metros de donde Henry James se alojaba cuando empezó a escribirla”. (Ahí tienes, atento lector, nuevas recomendaciones para este Día del libro).

Sobre la escritura en el mundo actual

No tiene mejor opinión sobre los humanos: “somos una especie extremadamente cruel. Matamos por placer y torturamos para divertirnos, somo una especie espantosa, el virus más peligroso y destructivo que este planeta haya conocido”; pero a la vez nos deleitamos con el arte: “de vez en cuando reaparecemos, como un Mozart, un Henry James, un Lorca o un Velázquez. Cuando voy a Madrid y me paro frente a Las Meninas, pienso: ¿cómo pudo alguien de nuestra época crear algo tan extraordinario, exquisito, bello y misterioso? Somos una especie muy extraña”. 

En la entrevista deja otras muchas e interesantes reflexiones, como esta sobre la escritura en el mundo actual: “Bueno, el estilo de la prosa es… tiene muy poco que ver con el mundo. Quiero decir, el mundo no está escrito en prosa. El mundo está escrito en caos, desorden e incertidumbre. (…) Ahora la prosa, como todo arte, está cada vez más controlada y en decadencia, pero es que el mundo contemporáneo se ha vuelto banal, busca lo fácil. Y la esencia de cualquier arte es la dificultad. No hay nada bueno, nada duradero y valioso que no sea difícil.

La reina Esther de Irving llega a España

John Irving (F: Derek O’Donnell para The Telegraph)

John Irving es uno de esos autores que mantienen una presencia sólida en el mercado editorial español como quedó demostrado con su última novela, El último telesilla. Entraría en la categoría de esos autores a los que se denomina de «fondo de catálogo» pues da un alto rendimiento. Esto significa que sus libros anteriores no solo siguen vendiéndose, sino que son reeditados con frecuencia. Entre ellos destaca el que está considerado como su mejor obra, El mundo según Garp. 

Llega ahora a las librerías su última novela, La reina Esther, y El Cultural reproduce la reseña que escribió en su día Peter Orner en la revista de libros del New York Times. Empieza Orner su crítica recordando la intensidad de la lectura que le produjo Las normas de la casa de la sidra, y en el resumen de esta última novela, nos cuenta que comienza a principios del siglo XX, gira en torno a Esther Nacht, la única huérfana judía que creció en el orfanato de St. Cloud, que su padre murió de camino a Estados Unidos, mientras emigraba desde Viena y su madre fue asesinada por antisemitas en Portland cuando Esther tenía tres años. A los quince, Esther ya sabe quién es y adónde va, y no necesita la ayuda de nadie. Pronto llevará tatuada en el pecho una frase de Charlotte Brontë: “Cuanto más sola, más desamparada y más abandonada esté, más me respetaré a mí misma”.

Para el crítico, esta obra “carece del impulso adictivo” de sus primeras novelas y “adolece de una repetición a veces exasperante”, lo que no le ha impedido disfrutarla: “Necesitaba esta dosis de la decencia a la antigua usanza típica de Nueva Inglaterra. En realidad, pocos critican la hipocresía como Irving en su mejor momento. La defensa que hace Irving de las familias alternativas no solo es bienvenida, sino necesaria, especialmente en estos tiempos en los Estados Unidos tras el caso Dobbs [en el que el Tribunal sostuvo que la Constitución de los Estados Unidos no contempla ningún derecho al aborto]”.

Y tras esta declaración de principios, un deseo del crítico: “Ojalá que 2026 sea el año del resurgimiento de Irving. Por supuesto, nunca se ha ido; ha publicado con regularidad desde 1968. Pero es posible que ahora necesitemos su singular sentido de la compasión más que nunca”.

Literatura, pues, para explicar, o enfrentar, o transformar, si es que eso, contradiciendo a Banville, fuera posible. Y, en todo caso, para disfrutar del Día del libro…

E. Huilson

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