Cristina Iglesias, en la profundidad del tiempo

Tiene la escultora donostiarra Cristina Iglesias, al explicar sus trabajos, la delicadeza de una hoja al caer sobre el césped, habla sutilmente y sin levantar la voz para contar la importancia de la naturaleza en sus trabajos o de su interés por la arquitectura y la ingeniería. Se mueve con elegancia en su taller o en los espacios en los que expone su monumental obra, y le cuenta a David Trueba, en un documental, su interés por el agua y el tiempo, y la curiosidad que le supone saber si el público es capaz de esperar a ver qué sucede en sus instalaciones. La obra de Cristina Iglesias nos subyuga en el sentido de que nos domina de forma poderosa por su fuerza, grandeza y atractivo, pero también nos embelesa por su calma y silencio.

La primera muestra monográfica de la artista donostiarra celebrada en Barcelona, que terminó la semana pasada, se expuso nada menos que en un edificio patrimonio de la Unesco, La Casa Milá, conocida como La Pedrera, el edificio modernista obra del arquitecto Antoni Gaudí. Ha coincidido esta muestra con la exposición del que fue su esposo, el también escultor Juan Muñoz (1953-2001), ubicada en el Museo del Prado de Madrid (hasta el 8 de marzo de 2026). Poco imaginaban Cristina y Juan, cuando se conocieron estudiando Arte en Londres, que sus obras iban a estar expuestas algún día en dos referentes mundiales de la cultura.

Iglesias utiliza diferentes materiales para sus obras: aluminio, resina, suelo mineral drenante, circuitos cerrados de sistemas hidráulicos, agua, vidrio, cobre, seda o papel. Sus proyectos suelen estar intrínsecamente vinculados a la naturaleza y a la importancia de su conservación, por eso al ver sus instalaciones nos viene a la cabeza la imagen de troncos de árboles, raíces, tierra, piedras, agua, laberintos, vegetación.
La artista, Premio Nacional de Artes Plásticas, ha expuesto en Londres, París, Grenoble, Los Ángeles, Nueva York, Valencia, Madrid y Barcelona… Si nos perdimos sus exposiciones podemos remediarlo visitando algunas de sus instalaciones permanentes. He aquí algunos ejemplos:
Arroyos Olvidados

En el exterior del edificio Bloomberg, diseño del arquitecto Norman Foster, en la Queen Victoria Street de Londres, se encuentra su escultura Arroyos Olvidados, que evoca uno de los ríos subterráneos de Londres, el Walbrook. Se trata de un enorme hueco a ras de suelo que deja ver un enjambre de tierra y raíces creadas con bronce por donde fluye el agua que va subiendo y cubriendo las cavidades y el espacio para luego desaparecer, una instalación muy reconocible de la artista.
Tres aguas

Con motivo del cuarto centenario de la muerte de El Greco, Cristina Iglesias recibió el encargo de crear una de sus esculturas artísticas en Toledo. El resultado fueron tres instalaciones distribuidas en diferentes puntos de la ciudad de las tres culturas, que lleva por nombre Tres aguas. Fue considerada, en el momento de su inauguración en 2014, una de sus obras más ambiciosas. Ubicadas en la Torre del Agua (en el Campus Tecnológico de la Antigua Fábrica de Armas), en el convento de Santa Clara y en la plaza del Ayuntamiento, se trata de estanques perforados en el suelo donde un metal fundido bajo relieve recuerda al lecho de un río cubierto de sedimentos y maleza, donde fluye el agua gracias a una ingeniería eléctrica y mecánica.
La instalación del Ayuntamiento es exterior y ocupa casi la fachada del ayuntamiento, 25 metros de largo. Es un estanque que semeja un canal subterráneo que hubiera quedado al descubierto. Hay que tener paciencia y esperar porque poco a poco el agua va apareciendo entre las raíces metálicas hasta cubrir por entero el estanque. El reflejo que aparece entonces del edificio municipal es imponente. Poco a poco, el agua vuelve a desaparecer, en un ciclo que dura alrededor de media hora.
Desde lo subterráneo

En Santander, para el entorno del Centro Botín -otra preciosidad- y de los Jardines de Pereda, Cristina Iglesias proyectó cuatro pozos y un estanque visibles al pasear por el parque o acercarse al museo. Son cavidades de acero fundido, esculturas subterráneas con el agua -tan cerca del mar- como seña de identidad.
Portón-Pasaje

En Madrid, basta acercarse al Museo del Prado y subir hasta su ampliación por la parte de los Jerónimos para contemplar la obra de Cristina Iglesias. Se trata de las enormes puertas que dan entrada al edificio de ampliación proyectado por Rafael Moneo. Las construyó entre 2006 y 2007. Con un peso de 22 toneladas, son seis enormes piezas de bronce de seis metros de altura que se abren en distintas posiciones con un mecanismo hidráulico y que semejan, en palabras de la artista, “un tapiz vegetal”.
Hondalea

En el faro de la isla de Santa Clara, frente a la bahía de San Sebastian, se encuentra Hondalea, un enorme vaso de bronce retorcido como piedras golpeadas por el mar, que se sumerge dentro de este faro hacia las profundidades marinas mientras el agua golpea una y otra vez sus paredes.
Cuando en 2016 el alcalde de la ciudad, Eneko Goia, le propuso que eligiera un lugar de Donostia para que quedara para siempre una obra suya en la ciudad que la vio nacer, Iglesias se decantó finalmente por ese faro abandonado desde los años 60.
Para llegar hasta allí tiene que haber buena mar, coger un barco y llegar a la isla, subir hasta el faro y entrar en la casa del faro para contemplar, sin prisa, esta gigantesca obra de 15 toneladas. Hondalea significa profundidad abisal en euskera antiguo (fuente: revista AD) y esa es la sensación que uno siente al verlo.
(Nota: la mayoría de estas instalaciones artísticas pueden visitarse de manera gratuita)
Ana Amador
Lo que se ve y se oye en Hondalea:
