Juan Muñoz nos mira desde el Prado

El teatro, el circo, la arquitectura, el storytelling; mirar aquello que te mira, situar al espectador en su espacio artístico fueron algunas de las obsesiones del escultor madrileño Juan Muñoz, cuya obra puede ahora admirarse en el Museo del Prado hasta el 8 de marzo de 2026.

Por los pasillos de la alargada sala 28 del Museo, esculturas como tentetiesos, con rostros idénticos elaboradas en bronce que han sido colocadas al libre criterio del comisario de la muestra, Vicente Todolí, parecen conversar mientras se enfrentan a las figuras de varios hombres y mujeres elegantemente vestidos que, frente a la fuente dedicada a la diosa Juno, charlan relajados. Es el cuadro El jardín del amor de Rubens. En la sala 12, dedicada a Velázquez, una mujer acondroplásica observa desde una mesa iluminada el cuadro que tiene enfrente, Las Meninas, desde donde Mari Bartola, otra joven acondroplásica, la contempla y a su vez ambas parecen mirar al público de la sala.
Velázquez y Goya fueron fundamentales y continua fuente de inspiración para Juan Muñoz que visitó en incontables ocasiones el museo madrileño. Como explicaba de forma magistral Alfonso Palacio, director adjunto de conservación e investigación del Museo, en un vídeo sobre esta exposición, el artista se jactaba de apropiarse, robar y saquear la historia del arte, para crear con ello una obra nueva y original. Tal vez sea esta una buena respuesta a la razón de la muestra en un museo que no acoge el arte contemporáneo.
En las salas de la Puerta de los Jerónimos se muestra diversas obras de este escultor nacido en Madrid en 1953 y que falleció a los 48 años, cuando se encontraba en plenitud creativa. Su intensa mirada y su interés por numerosas manifestaciones artísticas se dejan ver en su obra. También sus reflexiones sobre la otredad y la alteridad, como explica Palacio. Y el teatro y el absurdo. Nos encontramos en un espacio llamado El apuntador, donde su modelo George aparece de espaldas, en la concha del apuntador de un escenario vacío cuyo suelo óptico e hipnótico recuerdan a la arquitectura barroca. Sobre el escenario, un tambor. ¿Ha terminado ya la obra? ¿Va a empezar?

En otras salas, pequeños grupos parecen mantener una conversación. Son todos personajes masculinos, grises, más bajos de la figura natural, sin pies. ¿Hablan entre ellos? Miran a otro más allá que no les mira y, a su vez, son mirados por otros. Pasamos entre ellos. ¿Nos miran? ¿Formamos parte de la escena? Como ya hemos dicho, están colocados a gusto del comisario de la exposición. Juan Muñoz fue también comisario y nunca dio instrucciones para colocar a sus personajes. Así, las posiciones que hay en el Prado no coinciden con las que en su día estuvieron en el Museo Patio Herreriano de Valladolid (2021).
Balcones desde donde te miran y eres mirado, personajes que murmuran (sí, mueven los labios), figuras en continua conversación o en continua carcajada, en todas sus obras existe una narración y una tensión entre el público y el objeto. En Five seated figures aparecen cinco personajes sentados, dos a cada lado y uno de frente, con un espejo al fondo donde la figura en cabecera ha girado su rostro y te observa atentamente a través del gigante espejo mientras tú haces lo mismo, en una clara alusión a Las Meninas. En la serie Broken noses, inspirada en una cabeza egipcia del siglo IV a.C., se encuentras diversas esculturas, todas ellas relacionadas con el mundo del circo que tanto gustaba a Juan Muñoz.



Muñoz estudió en el Central School of Art and Design de Londres, donde conoció a la que sería su compañera de vida, la también escultora Cristina Iglesias. Tras una beca Fulbright que le llevó a Nueva York en 1982, pronto comenzó a tener éxito y exponer. En el año 2000 recibió el Premio Nacional de Bellas Artes de España. La Tate Modern de Londres le encargó un proyecto para la Sala de Turbinas que él llamó Double Bind y que fue inaugurado en junio de 2001. Dos meses después, el 28 de agosto, falleció repentinamente de un paro cardiaco. Tenía, como decíamos, 48 años.
Una de sus obras más famosas es Pieza escuchando la pared. Otra de sus series se titula Todo lo que veo me sobrevivirá. Quedémonos con este título y contemplemos una obra que sobrevive a un autor que encontró en el museo toda una fuente de inspiración. La muestra es pues un regreso de Juan Muñoz a su casa formativa, el Prado.
Ana Amador

Excelente visión de la exposición