‘Contenta’, de Santiago Lorenzo: una visión tragicómica del desamparo

UNA LECTURA PARTICULAR DE SUPLEMENTOS LITERARIOS
Contenta, la última novela de Santiago Lorenzo, recibe en los suplementos de esta semana los primeros aplausos de la crítica, no del todo entregada, claro, pero sí reconociendo esa “voz literaria” tan propia de su autor que podría depararle un éxito de lectores como el que ya obtuvo con su novela más vendida: Los asquerosos. Se adelantó dando noticia del nuevo libro Abc Cultural la semana pasada mediante una entrevista con el autor, al que visitó en su casa de ese pueblo de nueve habitantes en el que vive, un reportaje de Bruno Pardo Porto, del que, por cierto, hemos conocido esta semana su ascenso a jefe de la sección de Cultura de su periódico. De la entrevista de Pardo Porto con Lorenzo ya dimos cuenta en nuestra entrega anterior por lo que nos centraremos en las nuevas reseñas aparecidas.
Empecemos con la que recoge El Cultural y firma Santos Sanz Villanueva. La inicia esbozando un primer apunte de la poética de Lorenzo: “Una visión tragicómica de la vida distingue el fondo unitario de la escritura narrativa que Santiago Lorenzo ha plasmado en un puñado de novelas, alguna tan exitosa como Los asquerosos. Invención loca, puras ocurrencias, hipérboles, desenfado, humor, chistes y bromas, argumentos disparatados, juegos verbales, irreverencias y anticonvencionalismo social se enmadejan en sus obras”. Y Contenta, asegura, sigue esta estela narrativa: “Vuelve aquí a plantear una historia de desvalimiento, el de una persona bastante desamparada que lucha por encontrar los gramos de felicidad que todo el mundo quisiera para sí”.

Esa persona desvalida, como ya les contamos, es una mujer que, ya cumplidos los cuarenta, se gana la vida haciendo reportajes de bodas y eventos familiares, y a la que encargan hacer un imposible video turístico promocional para un feo pueblo cercano a Madrid de unos tres mil habitantes. Hay también un incipiente amor que resulta ser un policía infiltrado que investiga una retorcida intriga, un lío de corrupción y un homicidio, que afecta a la protagonista y también a la feliz relación con un vecino, Trompillo, propietario de una autoescuela, con “cara de hijo de puta”.
Escribe Sanz Villanueva que la intriga está “en los límites de la verosimilitud por la afición de Lorenzo al abultamiento de la realidad. (…) Le inspira (al autor) una poética quevedesca que le aboca a la exageración jocosa, algo que lleva a un extremo en el también quevedesco gusto por el feísmo y lo deforme”. No obstante, aunque el relato “ande cerca de la astracanada, en su fondo late un pulso cálido que explica el final feliz”. Y viene a reconocer el crítico que “a Santiago Lorenzo se le da muy bien asomarnos a las galerías del alma en clave de farsa, más exageraciones y distanciamiento burlesco, que no disimula su complicidad y simpatía con los infelices”.
Que Franzen lea Contenta
Es la recomendación que le hace Silvia Hernando desde Babelia a Jonathan Franzen, el autor de Las correcciones o Libertad, quien recientemente dijo en una entrevista que era capaz de tolerar hasta un máximo de un cliché por libro antes de abandonar su lectura. Explica Hernando, en la reseña que firma del libro de Lorenzo, que Franzen remitía a los clichés en un sentido amplio: “hablaba también de personajes estereotipados y situaciones manidas. Pero en lo que se refiere a las expresiones idiomáticas, a los dichos, a los modismos, a las chirigotas, le recomendamos que lea a Santiago Lorenzo para reconsiderar su animadversión”. Es verdad, dice la reseñista, que los personajes de Contenta se mueven un paso al son del refranero y el otro al compás de la cháchara de ascensor: mientras que unos escuchan atentos al locutor para concluir que “una victoria el sábado beneficia” a su equipo, otros declaran jubilosos que “el 25 o el 26 de diciembre” ya se nota, por fin, que los días se hacen más largos. Son ejemplares purasangres de la especie de “la gente corriente”. Ni muy listos ni guapos, puede que a veces algo incautos. Ni excesivamente valientes ni tampoco íntegros hasta lo inquebrantable, aunque nunca del todo malas personas, escribe la reseñista de Babelia.

Coincide en su crítica en destacar del estilo del autor de Contenta el uso y mezcla de “hipérboles, lenguaje erudito, pitorreo e ideas peregrinas” en sus historias, mientras va tejiendo “una bola de nieve que rueda aparentemente descontrolada, zigzagueando por derroteros tan insospechados que no salen ni en los mapas, hasta que al final, como en un milagro que esconde en realidad una escaleta trabajada al milímetro, todo converge en una conclusión inesperada y aleccionadora. Irrumpen carcajadas sonoras, pero poca broma con lo que cuenta”. Y señala que, por primera vez, el escritor “se atreve con una protagonista femenina”, pero el paisaje y paisanaje sigue siendo el mismo: “esa extática planicie llamada la España vaciada. Al fin y al cabo es en los lugares supuestamente insignificantes, con los paisanos del montón, donde se cuece casi todo en esta vida, en la que pocos, casi ninguno, escriben los titulares de una Historia en mayúsculas que, si se mira por dentro, está mayormente redactada en letra pequeña”. Un decorado que en esta ocasión le sirve para explicar el “destrozo social que provocan los caciques y los mangantes”.
Por último, en La Lectura, Juan Marqués incide en las virtudes del estilo de Lorenzo, y apunta a que en esta ocasión lo que motiva al autor es la denuncia de la precariedad; pero también señala que nos encontraremos en Contenta “un fragmento que parece una divertidísima parodia pueblerina de Asesinato en el Orient Express, o con un párrafo que seguramente tiene un guiño a Las aventuras de Tom Sawyer”.
El deambular de Peter Handke

A pesar de recibir en 2019 el Premio Nobel de Literatura, muy contestado por el apoyo del galardonado a Serbia en la guerra de los Balcanes, del escritor austriaco Peter Handke puede decirse que es un “autor de culto”, o de minorías, que es otra manera de aclarar que, si bien sus lectores no son muchos, sí le son fieles a su obra. En España, sus novelas más conocidas El miedo del portero ante el penalti o El momento de la sensación verdadera datan en su versión en español hacia 1980, aunque su producción es abundante entre ficción y ensayo.
Se acaba de traducir al español su novela La balada del último cliente donde cuenta la historia de Gregor, quien regresa a su tierra natal después de una ausencia prolongada para comunicar a la familia la muerte de su hermano pequeño en la guerra. Sin embargo, lo que encuentra en su regreso no es el refugio familiar que esperaba, sino un paisaje transformado, extraño. Las calles, las casas, incluso los recuerdos parecen haber cambiado hasta ser irreconocibles. El protagonista se ve así impelido a recordar y a cuestionarse su propia identidad.
En El Cultural, Alberto Gordo aventura que, como ocurre en otras obras del autor, “de La balada del último cliente puede extraerse una lectura autobiográfica más o menos clara: ese último cliente que cierra tabernas podría no ser otro que el propio Handke, uno de los últimos y más radicales renovadores de la prosa y la narrativa alemanas tras la debacle, también lingüística, de la Segunda Guerra Mundial”. Vuelve aquí a recuperar Handke uno de los motivos más reconocibles de su prosa: la “expedición unipersonal”, el regreso (o su imposibilidad). Y apunta también el crítico como en esta novela “el lenguaje es un elemento más (como las nubes, la luz, el cielo negro de la noche) sobre el que Handke reclama atención. El narrador se replica, se afea los inevitables lugares comunes de toda obra literaria: Mucho después, repentinamente (otra vez ‘repentinamente’)”.
Y se nos recuerda, al final de su reseña, que este Handke que deambula, este giro programático en su literatura, se inició con Lento regreso (1979), “cuando hizo de la percepción subjetiva la medida de toda su escritura, Peter Handke ha buscado nuevas formas de mirar y habitar el mundo. Por eso el día en que deje de escribir, el mundo será más difícil de ver”.

En el suplemento Abril, Luis M. Alonso abunda en la idea de que para Handke volver no significa exactamente regresar, y recuerda que en su libro La pérdida de la imagen o Por la Sierra de Gredos y otros similares sus personajes caminan, regresan, se pierden, observan y vuelven a caminar, mientras reflexiona sobre el impacto del cambio climático, las guerras continuas, la saturación de los medios de comunicación, la perdida de referentes culturales y sentido comunitario.
Así, escribe Alonso, “el regreso es una prueba de identidad. Quien vuelve espera encontrar un escenario conservado para confirmar que él también sigue siendo el mismo. Pero el tiempo no indulta los escenarios, tampoco a las personas. Ni siquiera a los árboles”. Aunque la misión del protagonista sea comunicar a la familia la muerte del hermano, “el acontecimiento que podría servir de pretexto a cualquier novela convencional queda desplazado por aquello que aparentemente carece de importancia. Gregor sale a caminar. Va al cine, al bosque, recorre calles y caminos, entra en lugares conocidos y trata de reconocer a personas que ya no distingue. Camina para aplazar la noticia, pero también para postergar la aceptación de que su propio pasado ya no le pertenece”
Y así nos encontramos que, en una taberna, Gregor, el protagonista, descubre la posibilidad que no había contemplado de quedarse hasta el final, ser aquel que abandona el local cuando ya se han ido todos, lo que bien nos lleva a pensar, según la tesis de Alonso, que el escritor “contempla desde la vejez un mundo literario que ya no es exactamente el suyo. Sin tratarse específicamente de un autorretrato, tampoco cuesta advertir en esta novela crepuscular el juego de espejos que propone por medio del lenguaje”.
Dos Célines más

Cerramos esta entrega con una noticia que no queremos dejar pasar. Si Handke fue criticado por su posición en las guerras yugoslavas, no menos lo fue Louis-Ferdinand Céline, autor de Viaje al fin de la noche, uno de los mejores libros del siglo XX (Le Monde dixit), por su antisemitismo y simpatías con la Alemania de la Segunda Guerra Mundial. La obra de ambos, sin embargo, siguen siendo apreciada por su singularidad y calidad.

La noticia la da en Babelia el crítico Javier Aparicio Maydeu y trata de la publicación en español de dos libros del escritor francés: Céline oral y La voluntad del rey Krogold seguido de La leyenda del rey René. El primero recoge entrevistas publicadas en distintas revistas literarias y “nos acerca a la controvertida y vehemente personalidad del autor y a sus ideas estéticas y su modo de entender la literatura y sus procedimientos. Se trata de una impagable recopilación de entrevistas y cartas del autor”, escribe Maydeu, a la vez que defiende la calidad literaria del escritor francés: “Al apestado Céline, acusado de vender su alma al diablo nazi por la desmedida inquina de Bagatelas para una masacre (1937) y sus otros panfletos antisemitas, le redime siempre su inmensa literatura. Más allá de la consabida controversia moral y las polémicas suscitadas por su actitud aberrante, que lo marcó para siempre, como a Ezra Pound, Knut Hamsun, Shólojov, Brecht o Günter Grass, conviene adentrarse en los motivos por los que su narrativa resulta imprescindible y dar aquí noticia de los jugosos nuevos inéditos que no solo contribuyen a explicar su proceso creativo —y su excéntrico y eficaz estilo coloquial, frenético y autoficcional—, sino la naturaleza compleja de su universo literario”.
Del libro La voluntad del rey… dijo el propio Céline que lo concibió como “une légende d’un Moyen Âge d’opéra”, una obra a medio camino entre la teatralidad y musicalidad de la ópera y la epopeya. Y a modo de conclusión, cierra Maydeu la reseña valorando la obra entera del autor: “no es el experimento de un lunático sino un intrincado rompecabezas en manos de un lúcido artista que tildaron de demonio pero escribió como Dios”.
E. Huilson
