Vivaldi furioso

El salario del padre Vivaldi en el Ospedale della Pietâ no daba para mucho, pues era una institución caritativa que disponía de escasos recursos. En 1713 el cura pidió permiso para dedicarse a una actividad más lucrativa: la composición de óperas. Le fue concedido y enseguida se enroló en el mundo de la música en sus dos vertientes, como compositor y como empresario. Se hizo cargo del teatro veneciano de Sant’ Angelo del que llegó a ser, además, director de ópera. Se convirtió en el Juan Palomo de la música veneciana. Entre 1714 y 1739 constan más de 50 óperas representadas en el teatro si sumamos los pastiches, es decir, composiciones musicales en las que se mezclan distintos estilos, las adaptaciones de determinadas obras a las que Vivaldi les daba un toque personal y las composiciones originales, salidas de la pluma del maestro veneciano.

Gustaba mucho al público que asistía a las representaciones los dramas épicos. Los autores se habían volcado en un personaje salido de la pluma de Ludovico Ariosto: Orlando. El héroe representaba el paladín del guerrero carolingio pero adaptado a la personalidad, costumbres y estilo de vida del ídolo italiano. Y comenzaron a proliferar las composiciones que aludían a Orlando en todas sus vertientes. A partir de los textos de Ariosto, los libretistas montaban dramas per música (no se denominaba ópera a la composición, pues este término quedaba reducido a la representación teatral, no a la obra en sí) en todas direcciones. Y Vivaldi no se quedó atrás. Era empresario y había que hacer caja y entretener a los aburridos venecianos con recursos (la mayoría de ellos comerciantes, unos boyantes y otros venidos a menos que vivían de las rentas) en las noches cuya agenda pasaba primero por la ópera, luego por los bailes en los salones de los palacetes más sofisticados y después, sabe Dios dónde acababan la fiesta.

En 1714 Vivaldi tuvo su primera experiencia con el personaje de Ariosto: Orlando finto pazzo (Orlando loco fingido). Rotundo fracaso. Aquello ni era ópera ni era nada. La música no acompañaba al drama y los recitativos (era habitual mezclar música y recitativos en la obra) eran bastante malos. Había que resarcirse.
El maestro llamó a Grazio Braccioli, un abogado de renombre que tenía veleidades poéticas y le encargó el libreto de otro Orlando: el furioso.
El libretista fue capaz de reducir los 38.736 versos compuestos por Ariosto a la mínima expresión para que se comprendiera la obra. Eliminó toda referencia a las guerras santas que mantenían cristianos y musulmanes, uno de los nudos gordianos del poema épico y se fijó especialmente en el aspecto sentimental del protagonista. Para darle más dramatismo y tensión a la obra (a veces, cargada de humor), Braccioli urdió una trama de amores cruzados: (Orlando y Angélica; Angélica y Medoro; Astolfo y Alcina; Bradamante y Ruggiero; Ruggiero y Angélica), engaños e intrigas (alguna de naturaleza ciertamente criminal), hechizos y magia, todo ello cargado de una extraordinaria agilidad y destreza que Vivaldi supo complementar con una magnífica partitura, llena de fuerza musical y rigor dramático.
Orlando furioso es, tal vez, la ópera más perfecta de Il prete, como se le conocía en los ambientes musicales italianos de la época.

La obra fue estrenada, naturalmente, en el teatro Sant’ Angelo en el otoño de 1727.
Pero este relato tiene una coda que hay que mencionar para hacer honor a la verdad.
Vivaldi tomó la partitura, o parte de ella, pues algunos pliegos se habían perdido, del Orlando furioso, compuesta en 1713 por el músico italiano Giovanni Alberto Ristori. Si bien es cierto que el cura recompuso la obra por completo, hay que mencionar al original para ser coherentes. De hecho, algunos historiadores musicales no le dan la autoría a Vivaldi, sino a Ristori. Pero también hay que reconocer que la ópera, que, por cierto, se representa muy poco en la actualidad y está fuera de todos los repertorios de los teatros operísticos, no se sabe muy bien por qué, llegó a adquirir reconocimiento y fama por su extraordinaria calidad, gracias a la reescritura de Il prete della Pietâ. Dicho queda.
Gabriel Sánchez
Aquí se puede ver la ópera completa representada en el teatro La Fenice en 2020, con una puesta de escena sensacional y dirigida por Fabio Ceresa. Sonia Prina como Orlando y Michela Antenucci como Angélica:
