Lunes de bohemia (en verdad era jueves)

Hace unos días tuve la suerte de presenciar, en el Teatro Español, el ensayo general (con público, a modo de preestreno) del esperpento más famoso de Valle-Inclán: ‘Luces de bohemia’. La Plaza de Santa Ana probablemente sea una de mis favoritas de la madrileña almendra. A pesar de la reciente tala de árboles que ha sufrido a manos de la motosierra de Almeida, Calderón y Lorca siguen mirando hacia las puertas del teatro, que ese día abrían para el disfrute de un grupo de afortunados entre los que me encontraba. Las razones de tan distinguida invitación me las reservo para otra ocasión.
Después de calentarme la garganta y reblandecerme un poco el corazón con una generosa copa de vino tinto, tomé asiento y me preparé para una buena dosis de sarcasmo castizo en la aterciopelada comodidad de mi butaca. Tras el recordatorio de apagar los móviles, nos quedamos a oscuras iluminados por las cuatro columnas de focos fijas sobre el escenario.
De golpe, Valle-Inclán nos sumerge en su noctámbulo paseo por aquel Madrid de los años veinte, en el que es imposible no ver analogías con este Madrid de los años 20. Los “maricas” de la Unión Ciudadana, los báquicos (hoy bacanos) modernistas, los alguaciles, el catalán ajusticiado, la taberna parlamentaria, la parodia española… ¡Cráneo privilegiado el de este don Ramón!
Ginés García Millán (Max Estrella) y Antonio Molero (Latino de Hispalis) encabezan el primer montaje de la obra sobre las tablas del Español, según su director Eduardo Vasco, que hace honor con su puesta en escena a una obra que merecía por fin ser sentida en el corazón de Madrid, que tan bien representa Valle-Inclán a través de los ojos de su tragicómico héroe Malaestrella.
Guillermo Sánchez Amador
Nota: Hasta el sábado 7 de marzo de 2025 en el Teatro Español de Madrid

Gran fortuna don Guillermo por la entrada y por su narración