Cinco líneas

Qué estoy haciendo aquí (Prado), Cuaderno de Hebrón (Lagarriga), El verano que mi madre tuvo los ojos verdes (Țîbuleac)

QUÉ ESTOY HACIENDO AQUÍ

Benjamín Prado

Alfaguara. Narrativa Hispánica 2026/336 págs.

Cinco líneas

Eso mismo me pregunto yo: ¿qué estoy haciendo aquí, en una casa que no conozco y con esta gente extraña? Fuera, la noche es fría y la nieve que se ve en las montañas parece caída directamente de la luna llena.

Comentario

Un recorrido por la vida del poeta y escritor Benjamín Prado contada por el mismo de forma amena y divertida. A través de sus diferentes oficios, que no son pocos -periodista, poeta, dramaturgo, letrista, novelista, actor, e incluso veraneante- cuenta cómo ha ido tejiendo amistades duraderas en el tiempo, con gente a la que admiramos. Desde su encuentro fortuito siendo adolescente con Rafael Alberti, hasta sus amistades con Juan Marsé, Jaime Gil de Biedma, Enrique Vila Matas o Javier Marías; o sus tardes con Joaquín Sabina escribiendo sin parar canciones. Desde su amor por Bob Dylan -una de sus hijas se llama Dylan- y su entrevista con Leonard Cohen, hasta sus veraneos con Luis García Montero y Almudena Grandes en Rota, sin olvidar su relación con el editor Chus Visor. Un verdadero canto a la amistad y una gozada de lectura.

CUADERNO DE HEBRÓN

Carlos Lagarriga

Albada Editorial 2022/128 págs. Ilustraciones de Marta Pujol.

Cinco líneas

Me ingresaron aquí un año y medio después de la muerte de mi padre. Y aquí he vuelto -a la misma cama, a la misma habitación- un año y medio después de habérsele diagnosticado a Cristina un cáncer del que no se curará jamás.

Ella muriéndose en paliativos y yo en la planta décima de digestivo.

Comentario

Reflexiones de un hombre muy inteligente y culto, el editor, traductor y docente Carlos Pujol Lagarriga (1966-2020) que escribió, ‘por decir algo’, mientras su mujer estaba en paliativos y él permanecía ingresado en el hospital Hebrón de Barcelona. Notas de gran hermosura y belleza, muchas escritas con ironía, sin orden, observando el día a día, recordando a sus autores preferidos. Es una pequeña joya que animamos a leer. A leer, por ejemplo, “ser solo una vez, ¿no es ya bastante?” O cuando reflexiona: “En una de mis noches de febril delirio hospitalario creo que he decidido quizá las tres cosas más importantes de mi vida. A saber: que no puedo con Schiller, que a Eliot no se le entiende ni la mitad de lo que dice y que Wagner es un pelma genial, pero un pelma”. Divertidas reflexiones sobre los dedos de los pies, interesantes sobre su visión de las urgencias. Reflexivos sus íntimos pensamientos sobre el final. Gracias a la editorial Albada por recoger estas notas y darlas a conocer.

EL VERANO QUE MI MADRE TUVO LOS OJOS VERDES

Tatiana Țîbuleac

Impedimenta 2025/247 págs./Traducción del rumano por Marian Ochoa de Eribe

Cinco líneas

Aquella mañana en que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y nueve años. Era bajita y gorda, tonta y fea. Era la madre más inútil que haya existido jamás. Yo la miraba desde la ventana mientras ella esperaba junto a la puerta de la escuela como una pordiosera. La habría matado con medio pensamiento.

Comentario

Con este potentísimo comienzo, Tibuleac nos arrastra a la historia de Aleksy, un pintor bloqueado, que narra, aconsejado por su psiquiatra -el enésimo de una larga lista-, la (pésima) relación con su madre, su resentimiento hacia ella, sus problemas psiquiátricos, su infeliz infancia y se sumerge en el último verano que pasará con ella, un tiempo que servirá de perdón y reconciliación. Sobresaliente.

Virumbrales

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