Leo Castelli y dos latas de cerveza

Para ser marchante de arte no basta con tener una galería, interesantes y numerosos contactos, un bolsillo solvente, buena formación y criterio, pasión por el mundo del arte… Hay que tener una mirada especial para reconocer el talento, una habilidad singular para descubrir al artista genial que será antes de serlo; una intuición, en definitiva, para ver lo que los demás no ven. Una de esas personas fue Leo Castelli (Trieste 1907-Nuerva York 1999).
Nacido en Trieste cuando esa ciudad pertenecía al imperio austrohúngaro y con apellido Krauss, que más tarde cambiaría toda su familia por el materno Castelli cuando se exigió la italianización de apellidos por parte del dictador Mussolini, Leo se formó intelectualmente en la bulliciosa y bélica Europa de las primeras décadas del siglo XX. Se casó, y esto es importante, con Ileana Schapira, que pertenecía a una acaudalada familia judía. El padre de Ileana ayudó a la pareja a trasladarse a París en los convulsos años 30 y allí conocieron e intimaron con el diseñador de interiores René Drouin, que les abrió las puertas al mundo del arte.
Primera galería de arte en París
Castelli, en aquel entonces más interesado por la literatura que por el arte, y Drouin se asociaron y abrieron una galería en un local que alquilaron cercano a la plaza Vendôme de París. Galería René Drouin fue el nombre que se dio al local, lo que da una idea -el propio Castelli lo reconoció- de la importancia de Drouin en el proyecto. De hecho, la primera exposición, en julio de 1939, acogió principalmente mobiliario de Art Déco, pero también obras de artistas surrealistas como Max Ernst, Leonor Fini y Meret Oppenheim.
Unos meses más tarde, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana, acabó con el sueño de los Castelli. Consiguieron escapar a Nueva York gracias a los contactos de la familia Schapira, a donde llegaron en 1941. Los padres de Leo Castelli, sin embargo, no tuvieron esa suerte y acabarían siendo asesinados en Budapest por los fascistas.
Rodeados de arte en Nueva York

Para entonces, la madre de Ileana, Marianne, se había divorciado de su esposo y en Nueva York conoció y se enamoró del pintor de origen ucraniano John D. Graham (nacido Ivan Gratianovitch Dombrowsky), quien tendría también un papel decisivo en la vida de Leo. En aquél tiempo, Graham, de ascendencia aristocrática, era ya un reconocido coleccionista de arte, experto en modernismo y vanguardia y mentor de artistas estadounidenses. Marianne sería su quinta esposa y juntos formaron una de las parejas más influyentes del mundo artístico de Nueva York. Leo e Ileana conocerían de primera mano, gracias a Graham, a los artistas más reconocidos del momento.
El comercio del arte como profesión
Con esos mimbres, en 1945 Leo comienza a considerar el comercio del arte como una profesión. Se reencuentra en París con su amigo René Drouin y acaba representando a su galería francesa en Nueva York. En esos años conoce ya a personas muy influyentes del mundo artístico como la mecenas y coleccionista Peggy Guggenheim o los pintores Willem De Kooning y Jackson Pollock.
En 1957 Ileana y Leo fundan su primera Galería en la cuarta planta de la casa en la que vivían en Nueva York. La galería se llamará Leo Castelli y acabará siendo el local de referencia del arte más importante del mundo. Dos años después se divorciarán, pero se mantendrán como socios y amigos durante toda su vida. Ileana acabará casándose con un viejo amigo, Michael Sonnabend, y fundarán juntos nuevas galerías de arte que, por cierto, llevarán el nombre de Sonnabend.
Instinto ante los nuevos movimientos artísticos
La reputación de Leo Castelli no fue solo como galerista, que también. Tenía instinto para descubrir nuevos movimientos artísticos y descubrió a numerosos artistas cuyas primeras exposiciones individuales se realizaron en su local. Marisol, de la que hemos hablado en estas páginas -hay una retrospectiva de ella en el Museo Botín de Santander- , fue una de ellas. Jasper Johns, cuya obra todavía puede verse en el Guggenheim de Bilbao, fue otro de los artistas descubiertos por Castelli.
Pero la lista es larga. Jugó un papel muy importante en el inicio de la carrera de artistas como Roy Lichtenstein, Andy Warhol, Cy Twombly, Donald Judd, Richard Serra, Bruce Nauman, Robert Morris… La lista es impresionante. Su personalidad era tan arrolladora que Johns -su artista fetiche-, Lichtenstein y Nauman permanecieron en su galería hasta su muerte. También fue de los primeros galeristas que metió en ‘nómina’ a sus artistas. Por ejemplo, a Richard Serra, al que descubrió en 1967, le pagó mensualmente durante tres años aunque no sabía muy bien cómo vender esas placas de plomo del que hoy, museos como el Reina Sofía o el Guggenheim, tienen obra permanente.
Vender el arte, todo un arte

La anécdota la contaba Jasper Johns en una entrevista televisada para explicar cómo había creado su obra Painted Bronze. Johns escuchó a Will De Kooning decir una vez: “Leo Castelli es capaz de vender cualquier cosa. Dale dos latas de cerveza y te aseguro que él las venderá como obras de arte”. Dicho y hecho, ¡qué gran idea! Jasper Johns creó en 1964 Painted Bronze Alle Ballentine, conocida como Botes de cerveza, que es precisamente eso, dos botes de cerveza.
No tan sencillo. Paukl Hayes Tucker, experto en arte y profesor emérito de la Universidad de Massachussets, explicaba así la obra de Johns: “Parece, a primera vista, algo banal: dos latas de cerveza de 355 ml sobre una sencilla base rectangular. Pero no son latas de cerveza. Son cilindros de bronce pintados para que parezcan latas de cerveza, cada cilindro fundido a partir de latas reales Ale, en aquella época una cerveza más sofisticada que la común. Combina pintura y escultura recubierta de forma irregular con aspecto desgastado, pero realizado a conciencia. Las latas no son idénticas, sus tapas son diferentes, una está abierta y la otra no, el pedestal no es liso, las letras son diferentes en ambos cilindros…”. Y añadía que “parece la obra de un aficionado y no de un artista, una de las contradicciones favoritas de Jasper Johns”.
Dos latas de cerveza se vendieron inmediatamente a un coleccionista por cerca de mil dólares. Diez años más tarde, fue subastada por 90.000 dólares y hoy puede ser contemplada en el Whitney Museum of American Art de Nueva York.

Leo Castelli, modelo de artistas
El legado de Leo Castelli es inmenso. El MOMA acoge parte de su colección particular. Recibió numerosos homenajes, se han escrito libros sobre su vida. Fue “el padrino del mundo del arte contemporáneo”, según definición de Dennis Hopper. Además, muchos artistas Leo Castelli le han consagrado como modelo en sus obras. La pintora del expresionismo abstracto Elaine de Kooning pintó su retrato en 1954. Andy Warhol le hizo una serigrafía donde aparece con chaqueta y corbata. Robert Morris tituló una de sus esculturas Leo. El pintor minimalista Frank Stella nombró una de sus obras con el nombre de Leo Castelli. El artista contemporáneo francés Klaus Guingand le inmortalizó en su enorme proyecto de sombras. En fin, por citar uno más, Andy Warhol le hizo una serigrafía donde aparece con chaqueta y corbata.
Leo Castelli fue todo un fenómeno en el mundo del arte. Influyente e intuitivo para reconocer el genio artístico, obtuvo a cambio la mejor de las recompensas: vivir rodeado de belleza.
Ana Amador
