Hora sexta en un pueblo pequeño

POEMAS
Bajaba por el camino
con una llama en el pecho
que me encendieron, sospecho,
aquellas tazas de vino
que el ventero Marcelino
nos daba bajo su techo.
“¡Anda y camina derecho!”
le oí bramar a Paulino.
Me agaché a agarrar un chino,
que hice zumbar con arrecho.
Quedaba yo satisfecho
y un chichón hecho al vecino.
Guillermo Sánchez Amador
