La Noticia

La isla más hostil del mundo, libre de virus

Vista aérea de Sentinel del Norte

Ocurrió hace cuatro años, y el suceso nos dejó perplejos. Un joven misionero con ánimo evangelizador se había acercado con una barca hasta una remota isla del golfo de Bengala, en el océano Índico, donde fue recibido –y acribillado- a flechazos por los indígenas. La noticia, además de la lamentable muerte del joven, que no llegó a ver cumplido su sueño , puso de nuevo en la palestra esta isla cuya población, más bien escasa, vive como hace miles de años gracias a su decisión defendida a muerte, y nunca mejor dicho, de no permitir incursión alguna de otros seres humanos en su territorio.

La isla se llama Sentinel del Norte y forma parte del archipiélago de las 300 islas Andamán, pertenecientes a India. Las autoridades indias no mantienen relación con la isla. Es más, los sentineleses no tienen ni idea de que pertenecen a India.

A sus pobladores se les ha acusado de hostiles, caníbales y monstruosos. En realidad, es una de las etnias más aisladas y particulares del mundo, de la que se sabe muy poco. Según un artículo publicado en Science en 2005, las poblaciones de las islas de Andamán, a la que pertenece Sentinel del Norte, han permanecido genéticamente aisladas desde hace unos 60.000 años, aparentemente desde su migración inicial desde África.

A VISTA DE PÁJARO

El número de habitantes de la isla, del tamaño de San Sebastián, es un dato poco fiable. ¿Qué como saben cuántos son? Se han calculado en vuelos de inspección con helicópteros. En un censo parcial, realizado en 2001, se contaron 39 individuos, pero según otras estimaciones podían llegar a 300/500 personas. El terremoto del océano Índico de 2004, que causó más de 280.000 muertes en toda la zona, dañó también este archipiélago y se temió por la posible desaparición de la población de la isla. Una inspección aérea a los pocos días avistó, sin embargo, a varios individuos que no dudaron en lanzar sus flechas contra el helicóptero. Habían sobrevivido, al menos, algunos de ellos. El último dato lo ofrece Wikipedia, que cifra en 42 sus habitantes con datos de 2011.

Un sentinelés dispara su flecha a un helicóptero en 2004 (Imagen tomada desde el helicóptero)

Como no es una isla amistosa sino más bien hostil, no se ha tenido oportunidad de estudiar ni de conocer su idioma. Puede que sea una lengua emparentada con alguna otra de las islas Andamán, si bien la mayoría se han extinguido a día de hoy, quedando como idioma mayoritario el hindi. Como curiosidad, otros dos idiomas minoritarios se mantienen todavía en ese archipiélago, aunque están seriamente en peligro de extinción: el öñge, hablado por menos de 100 personas, y el järawa, utilizado de forma monolingüe por unas 200 personas, según datos de 1997. Veinticinco años han pasado y es de temer que la cifra hoy en día sea mucho menor, si no han desaparecido.

La isla no ha estado siempre abandonada a su suerte. En los años 70 las autoridades indias intentaron expediciones para contactar con los sentineles. Varios equipos desembarcaron en ciertos lugares dejando en la arena regalos como cocos, plátanos y trozos de hierro. La respuesta solía ser una lluvia de flechas.

ENCUENTROS AMISTOSOS

Sin embargo, en 1991 dos expediciones del Servicio Antropológico de la India consiguieron obtener una respuesta amistosa. Solo una mujer viajaba en ese equipo, la antropóloga Madhumala Chattopadhyay. De la peligrosidad de la expedición, baste decir que tuvo que firmar, tanto ella como sus padres, un escrito donde declaraban conocer los riesgos que asumía y se comprometían a no solicitar reclamación alguna en caso de daño o muerte. Su experiencia como investigadora la cuenta en una entrevista publicada en la revista de National Geographic, en diciembre de 2018.

Se acercaron a la isla en un barco pequeño y varios hombres sentineleses, armados con arcos y flechas, aparecieron en la playa. “Empezamos a mandarles cocos flotando. Para nuestra sorpresa, algunos de los sentineleses entraron en el agua para recogerlos”.

La investigadora y parte de su equipo en la orilla de la isla Sentinel del Norte en 1991

Durante las dos o tres horas siguientes, los hombres sentineleses entraron en el agua para recoger los cocos una y otra vez —un producto desconocido para ellos— mientras mujeres y niños observaban desde la distancia. Sin embargo, Chattopadhyay recuerda que persistía el riesgo de ataque a los antropólogos extranjeros. “Más tarde, algunos de los hombres de la tribu se acercaron y tocaron el barco. Creímos que ese gesto significaba que ya no les asustábamos”. El equipo llegó hasta la orilla, pero la tribu no les permitió ir más allá.

Regresaron un mes más tarde. Los hombres de la isla no se conformaron con los cocos del agua en esta ocasión, llegando a subir a la barca para llevarse bolsas enteras de cocos. El equipo investigador era más numeroso y los sentineleses se mostraron más desconfiados. En un momento dado, uno de ellos se enfadó y sacó un cuchillo. Fue el momento de salir pitando. Estas dos visitas de Chattopadhyay a la Sentinel del Norte se consideran los únicos encuentros “amistosos” entre sentineleses y forasteros.

En 1996 las autoridades decidieron poner fin a estas misiones porque si un pueblo se valía por sí mismo y había vivido de esta forma más de 60.000 años, ¿a qué cambiarlo? La isla, con sus playas blancas, su frondosa selva, y rodeada de arrecifes de coral es una atracción para el turismo aventurero. El Gobierno indio no solo protege la cultura de los aborígenes, sino que ha prohibido acercarse y visitar la isla, por el peligro de muerte que supone y para evitar el riesgo de que la tribu se contamine con enfermedades llegadas de fuera. Sin inmunidad, un virus cualquiera podría acabar con todos ellos. Si no han desaparecido ya. Las noticias son escasas…

Virumbrales

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