Mangas Verdes

Natalie Portman encarnando a Ana Bolena en «Las hermanas Bolena»

Dedicado a Paula Sánchez Amador, auténtica beefeater de la Torre de Londres, en su cumpleaños.

Aquella muchacha se paseaba por la corte con toda discreción. Recorría las galerías y los pasillos de palacio de forma tan sibilina que nadie reparaba en su presencia. Solía llevar un vestido de raso color crema del que destacaban sus dos mangas verdes, anchas, con encajes blancos en los puños, contrapunto y perfecta combinación para hacer que la prenda resultara verdaderamente original.  Y como complemento al vestido, siempre una gran cadena de oro al cuello. La lucía una joven y apuesta dama, de nombre Ana, hija de Tomás Bolena, primer conde de Wiltshire, quien tenía el privilegio de vivir en palacio, cerca de los aposentos del Rey Enrique y su esposa Catalina.

Ana, que intentaba por todos los medios pasar desapercibida entre los cortesanos, no mostraba el más mínimo interés por conocer detalles de la vida social del monarca. No le incumbía en absoluto todo lo que se decía sobre las relaciones con su esposa, su separación de facto, a la espera de lo que dijeran las autoridades eclesiásticas que estudiaban si el matrimonio entre cuñados era válido. Catalina había sido la primera esposa del hermano del Rey Enrique, con quien se casó cuando enviudó. 

Sin embargo, algo notaba Ana cada vez que paseaba por los jardines, se dirigía a las estancias familiares o se distraía con alguna lectura medio a escondidas. Tenía la sensación de que estaba siendo vigilada. Hasta que descubrió quién era su perseguidor. Nada menos que el propio Rey, quien se había fijado en ella, en su modo de vestir, en ese vestido con mangas verdes que tanto la distinguía del resto de las damas de la corte. De forma sencilla, cortés pero atrevida, el Rey le propuso relaciones. Pero tenían que ser unas relaciones discretas, que la reina Catalina no sospechara nada, una amante dentro de palacio. 

Turbada, una y otra vez, Ana le dijo al monarca que no. Y su padre le aconsejó que no rechazara la oferta del Rey, pues era un verdadero privilegio estar en la lista de los cortesanos preferidos del Rey Enrique. 

Pero ella se resistía y se resistía y seguía haciendo su vida como si las palabras y los deseos del monarca no hubieran existido.

La mejor forma de seducción es la música, pensó el Rey.  Y desde sus conocimientos musicales, muy trabajados, le compuso a la amante Ana Bolena una pieza que tituló Greensleeves, Mangas Verdes, en alusión al vestido que lucía por los pasillos y estancias de palacio y que la dotaban de aquella personalidad que había seducido al Rey.

Greensleeves se ha convertido en todo un símbolo del folklore inglés. La partitura circuló por estancias sociales antes de su impresión. En 1580 se registró en la London Stationers Company una pieza titulada A New Northen Dittey Of The Lady Greene Sleeves. Se hizo muy popular en los ambientes sociales británicos del siglo XVI. Los soldados la cantaban para rememorar los amores que habían dejado atrás antes de partir para la guerra. Greensleeves se ha utilizado en distintas bandas sonoras de películas como representante del folklore británico, entre ellas, la mítica La conquista del Oeste, en la que suena en varias ocasiones a lo largo de las tres horas de metraje del film.

¿Fue realmente Enrique VIII el autor de esta tradicional canción romanesca inglesa que ha sido versionada en multitud de ocasiones?

Vista la personalidad del monarca y lo que hizo con sus esposas a las que repudiaba constantemente, bueno sería pensar que, en ese cuerpo y esa mente tan obtusa, vengativa y asesina, cabría un poco de belleza. 

GABRIEL SÁNCHEZ

Greensleeves, con el director de orquesta y compositor catalán Jordi Savall:

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