Entre himnos anda el juego

El estadio, de bote en bote. No hay un solo asiento libre en la grada. Los asistentes enarbolan banderas, pancartas, agitan bufandas y pañuelos multicolores. Esta algarabía visual contrasta con un fenómeno completamente inusual en una cancha deportiva: el silencio. Nadie grita, jalea, canta, corea… ¿Por qué?

En el terreno de juego, dos equipos se disponen a iniciar el duelo. Ataviados con sus mejores galas (han prescindido del uniforme que les podría confundir con deportistas) esperan la orden del técnico para ejecutar la acción. El duelo va a comenzar de un momento a otro. A la derecha, el equipo local. Se contabilizan hasta cuarenta ejecutantes, divididos en tres filas, formando semicírculo. A la izquierda, los visitantes, en número bastante superior. Pueden llegar hasta los sesenta integrantes de la formación, divididos en cuatro filas que han sido dispuestas en diagonal sobre el terreno rectangular.  Los momentos previos al enfrentamiento son de máxima tensión que los espectadores saben digerir con un agradecido mutis.

Comienza el espectáculo. El equipo local toma la iniciativa y ejecuta su obra. Se trata de Il canto degli italiani, más conocido por el Imno de Mameli. Es el himno oficial de la República Italiana. El autor, Michele Novaro, no ha pasado a la historia por desgracia, aunque méritos no le faltaron. Novaro, un genovés nacido en 1818 fue un liberal, ardiente defensor de la unificación italiana, idea a la que dedicó toda su vida, su escasa fortuna y su mediocre talento. Fue maestro de coro y segundo tenor en el teatro turinés de Carignano. Pero todo lo abandonó para seguir la causa independentista, unificadora y a su gran artífice, Giuseppe Garibaldi. Durante toda su vida se dedicó a componer himnos y canciones patrióticas que enardecían a los seguidores de la unificación. Ferviente admirador de Verdi, en sus partituras puede constatarse la influencia verdiniana. Consecuente con sus ideales en los que la libertad, la justicia y la solidaridad eran los más grandes dones que el ser humano podía proporcionar a sus semejantes, fundó en 1865 en su Génova natal el Colegio Coral Popular, una institución para que los jóvenes con talento musical pudieran aprender, de manera gratuita, las esencias de la música a través de la voz. Los pocos ahorros que tenía, si es que le quedaban algunos después de bregar por campos de batalla arengando a las masas con sus himnos y canciones de exaltación patriótica, perecieron en la idealista escuela de canto. 

Murió en 1885 sumido en la más absoluta pobreza. Los alumnos de la escuela coral hicieron una cuestación para erigirle un mausoleo digno en el cementerio genovés de Staglieno, junto a la tumba de otro liberal que también había luchado por la unificación de Italia: Giuseppe Mazzoni, un republicano que se sintió decepcionado cuando el Rey Víctor Manuel asumió las riendas de la nueva nación. 

¿Por qué es conocido el himno como Imno de Mameli? Porque el autor de la letra patria es Goffredo Mameli, un poeta que militaba en las filas de Garibaldi y que murió en el campo de batalla en 1849. 

Y ahora, turno para el equipo visitante. La orquesta invitada interpreta el Die Deutschlander (La canción de Alemania), el himno germano desde 1922.

Joseph Haydn compuso este himno en 1797, dentro del Kaiserlied, La canción del Emperador, con letra del poeta Leopold Haschka. Se trataba de una composición para la ceremonia de entronización del emperador del sacro imperio romano germánico Francisco II

Joseph Haydn

Haydn tenía especial predilección por algunos pasajes de esta composición. Y ya la había utilizado en obras anteriores. En 1766 incluyó parte de la partitura en el Benedictus de la Misa Cellensis. Posteriormente, en 1796, volvió a copiarse a sí mismo para introducir partes de su composición en el movimiento lento del concierto para trompeta. Y no tuvo que desempolvar la partitura porque ese mismo año volvió a introducir las mismas notas en el segundo movimiento del cuarteto para el Emperador, el Kaiserquartett.  Cuando se le pidió, al año siguiente, que pusiera música a los versos de Haschka para honrar a Francisco II, no lo dudó y volvió a entregar la misma partitura.

Pero la obra quedó en el olvido. Y no fue hasta el año 1914 cuando se rescató. Un grupo de soldados alemanes comenzó a cantar el Kaiserlied en las trincheras que el ejército germano había cavado en la frontera entre Bélgica y Francia, en pleno fragor de una de las primeras batallas de la Gran Guerra. A partir de ese momento, la composición de Haydn comenzó a fraguarse como himno oficial de Alemania. En el año 1922, en plena república de Weimar, el presidente Friedrich Ebert declaró oficialmente la composición de Haydn como el himno oficial alemán.

De los avatares que la letra padeció durante todo el siglo XX, mejor no acordarse. Nos quedamos sólo con la música que no entiende de fronteras, ni de ideologías.

Y, ahora sí, cuando la orquesta terminó de ejecutar su particular juego, el estruendo de aplausos se hizo ensordecedor. Todos habían ganado. 

GABRIEL SÁNCHEZ

André Rieu y la Orquesta Johan Strauss interpretan el Imno de Mameli en Cortona, Italia. Junio 2014:

Himno de Alemania en la Ópera Semper House de Dresde, 2016:

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