59 Bienal de Venecia – La Leche de los Sueños (3) – Josefa Tolrà

Detalle de la obra de Josefa Tolrà (Fotografía: Marcel Albet Guinart)

Oía voces, los espíritus se comunicaban con ella y podía ver el aura de las personas. En ese mundo, Josefa Torà, La Pepeta, se evadía de su entorno, de la masía en la que vivía, y se concentraba frente una hoja en blanco. Bolígrafo en mano, comenzaba a hacer rayas y espirales sin parar. Rellenaba cuadernos y cuadernos con dibujos y textos de origen incierto. Sin formación artística ni académica, algunas de sus singulares obras han acabado en varios museos, entre ellos el Reina Sofía. Por algo será.

Josefa Torà Abril (1880-1959) es una de las pintoras españolas seleccionada por la Bienal de Venecia 2022. La fuerza de sus dibujos y la fascinación que provocó en su época entre pintores y escritores vanguardistas hicieron de Josefa un icono del art brut, el arte que surge más allá de la cultura oficial. Hay poca información de esta payesa que comenzó a pintar a los 60 años, aunque sí hay estudios en catalán de algunos investigadores y enamorados de su obra.

Josefa nació en 1880 en Cabrils, una localidad pequeña por aquel entonces, cerca de Cabrera del Mar, en la provincia de Barcelona, y vivió allí toda su vida. Comenzó a trabajar muy joven en la fábrica textil del pueblo, experiencia que le serviría más tarde para bordar sus mantones. A los 20 años dejó la fábrica para casarse con un vecino del pueblo, el agricultor Jaume Lladó, con el que tuvo tres hijos: Joan, María y Pere. Hasta aquí una vida normal de familia de payeses.

Josefa Tolrà

Dos lúgubres sucesos se convertirían en la espita que Josefa “necesitó” para dar rienda suelta a su creatividad. La muerte de su hijo pequeño, Pere, con 14 años, la sumió en una depresión, que se agravaría años más tarde con la muerte de su hijo mayor, Joan, en un campo de refugiados del sur de Francia. Josefa, muy creyente, sufrió un grave trastorno depresivo. Tenía 60 años y a esa edad descubrió el antídoto a su melancolía. Empieza a oír voces y comienza a garabatear en libretas líneas, espirales, dibujos, extraños símbolos que repite de forma sistemática. Termina una libreta y comienza otra. De esos primeros dibujos repetitivos pasa a figuras que transmiten energía y emoción. “Solo pintando me siento feliz”, dice.

Josefa no para. Además, los vecinos la consideran una médium y acuden a ella para pedirle consejos. Ella les regala sus dibujos. Se convierte en vidente y sanadora. Habla con los espíritus. Ve el aura de las personas. Ve presencias, ve espectros. Y sigue imparable pintando, escribiendo, titulando ya sus cuadros de forma obsesiva con un mismo lema: Dibujo fuerza fluídica.

Su peculiar historia llega hasta Barcelona y llama la atención del grupo vanguardista Dau al Set, cuyos miembros son muy reconocidos: Joan Brossa, Arnau Puig, Antoni Tàpies, Modest Cuixart, Joan Ponç, Tharrats… La visitan en su masía de Cabrils. Reconocen a una artista autodidacta y quedan fascinados por la visión cósmica de sus dibujos. Su popularidad va en aumento. Los artistas admiran un personaje que crea una obra tan personal a miles de leguas del mundo oficial del arte.

La Pepeta no recibió tratamiento médico ni sufrió exclusión social, más bien al contrario. Se recluyó en su masía y creó allí su propio universo. Su talento, intuición y capacidad creativa fueron una buena medicina. Falleció en 1959 dejando tras ella más de un centenar de pinturas, una treintena de libretas dibujadas y escritas por completo y mantones primorosamente bordados. Una exposición monográfica celebrada en 2014 y comisariada por la profesora de la UB Pilar Bonet, una de las principales investigadoras de Torà y admiradora de su obra, volvió a poner de actualidad a la payesa de Cabrils.

Si dejamos a un lado su obra artística y nos ceñimos a los textos de sus libretas, hay igualmente una fascinación ante su misticismo. Textos, poemas y pensamientos escritos tanto en catalán como en español, llenos de faltas de ortografía, transmiten, sin embargo, según los estudiosos de su obra, conocimientos místicos, espiritistas y teosóficos con un vocabulario de un nivel alejado de la educación básica recibida por Josefa.

Bien es cierto que el espiritismo y la teosofía eran corrientes muy practicadas a finales del XIX, y en Cataluña existía un enorme interés por este fenómeno. En Barcelona había un centro al que acudía la alta sociedad y los profesionales liberales, que albergó el primer Congreso Internacional Espiritista en 1888. Josefa tenía ocho años. Y aunque La Pepeta solo salió dos veces de Cabrils, pudo escuchar hablar sobre estos temas en la fábrica textil en la que trabajó en su adolescencia. Y ya adulta, parece ser que también influyó en ella un pariente vinculado a círculos espiritistas, Jordi Galbany, quien “la animó a que dejase que su mano plasmase en el papel las voces que oía”. Eso hizo, enclaustrada en su casa hasta su muerte.                                   

Nota: The Milk of Dreams (La leche de los sueños) es el tema elegido para La Bienal de Venecia de 2022. El título está inspirado en el libro homónimo de la artista surrealista Leonora Carrington, que describe un mundo mágico en el que la vida puede cambiar y transformarse. En su pabellón central se mostrarán obras de las pintoras españolas ya fallecidas Maruja Mallo, Remedios Varo, Josefa Tolrá y la británica nacida en Las Palmas de Gran Canaria Georgina Houghton.  También han sido seleccionadas piezas de las artistas contemporáneas June Crespo y Teresa Solar. Este artículo es el tercero de un pequeño homenaje a todas ellas.

ANA AMADOR

Enlaces de interés

Desde el punto de vista artístico es muy interesante el trabajo de la profesora Josefa F. Mora Sánchez (Departamento de Dibujo de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada) que se puede leer en castellano.

En el Digital La Directa Sagar Malè recuerda así a Josefa.

Y aquí, una conferencia y un trabajo de la profesora Pilar Bonet (Universidad de Barcelona), que ha dedicado décadas a estudiar la obra de Josefa Tolrà.

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