59 Bienal de Venecia – La Leche de los Sueños (2) – Remedios Varo

Creación de las aves (1957)

Una pequeña anécdota para definir el carácter de la pintora Remedios Varo (1908-1963). Un banquero se acercó a verla para encargarle un mural que hablase de la historia de la banca. Remedios se quedó pensativa y le dijo: “sí, se podría hacer. Me imagino un hombre a la entrada de su caverna con un montón de huesos que protege con un mazo”. No hay que decir que el interesado no volvió a insistir.

Desconocía la obra de Remedios Varo, algunos de cuyos cuadros serán expuestos en la Bienal de Venecia de 2022. Sus pinturas describen con un detalle abrumador escenas fantásticas, mundos mágicos, detalles alquimistas y esotéricos, ilustraciones rigurosamente científicas, pinturas con tintes freudianos llenas de imaginación. Su vida, intensa y breve, es igual de apasionante.

Su última pareja, que tanto la quiso, Walter Gruen, decía que su conversación era fascinante e inteligentísima, y admiraba de ella su capacidad de observación, su amplitud de criterio, su generosidad y su enorme interés por los más variados aspectos de la vida y de la ciencia. Conocía también sus miedos, sus “terribles angustias, e intuiciones de otras dimensiones, de otras vidas cuya exploración nos está vedada y que la llevaron a un misticismo que se refleja en su obra madura y que, al final de su vida, se estaba cristalizando más, sin poder llegar a una claridad total, sin poder excluir, al mismo tiempo, aquel alud de dudas que la asaltaban”. Basta observar sus cuadros para preguntarse por el mundo interior que habitaba en Remedios Varo, con una fantasía desbordante y, en ocasiones, abrumadora.

Remedios Varo

Nacida en Anglés (Girona) en 1908, Remedios fue el nombre elegido por su madre para “remediar” la pérdida de otra hija fallecida. De su padre, ingeniero hidráulico y estudioso del esperanto, aprendió materias que le servirían a lo largo de su vida como las matemáticas, el dibujo y la perspectiva. La niña Remedios lee mucho, también los libros científicos del padre. La familia se traslada a Marruecos y después, en 1917, a Madrid. Con 15 años ingresa en la Academia de San Fernando. Y en poco tiempo, su vida entra en una vorágine vital e intelectual. Se casa con un compañero de estudios, Gerardo Lizarraga, viaja a París donde comparte estudio con el pintor surrealista Esteban Francés, entra en el círculo del surrealista André Bretón. Se separa. De vuelta a Barcelona, se integra en la corriente Logicofobista. Posicionada con la República, durante la guerra, conoce al poeta Benjamín Péret, afiliado al POUM, con quien huye en 1937 a Francia. Jamás regresará a España.

En París, se reúne en el café Les Deux Magots con Marx Ernst, Joan Miró, Dora Maar, Leonora Carrington, con la que mantendría la amistad toda su vida, André Breton… Se une a los grupos bohemios vestida de torero, escribe cartas a desconocidos cogiendo las direcciones al azar del listín telefónico y pinta. Pero a pesar de participar en la Exposición Universal del Surrealismo de Tokio y en expos en París y Amsterdam, la pintura no da para vivir. Remedios trabaja de traductora, de locutora, hace viñetas…

Su pareja de entonces, Péret, es encarcelado en 1941 por declararse pacifista y negarse a participar en la II Guerra Mundial, y se inicia para ella un nuevo periplo. Remedios abandona Francia y viaja a Casablanca y desde ahí a México, país que la acogería ya para siempre y que custodia prácticamente toda su obra.

En México se rodea de nuevo de su círculo de amigos, con Esteban Francés y Leonora Carrington, Gerardo Lizarraga; conoce a Octavio Paz, que siempre la admiró, y a Eva Sulzer, mecenas de artistas exiliados. Es una época donde Remedios Varo trabaja para publicidad, colabora con Marc Chagall, realiza encargos de decoración. En 1946 se casa con Péret para conseguir el visado con el que poder viajar a Venezuela donde están su madre y su hermano. Un gran error del que se arrepentiría una y otra vez, pero que le llevaría a desarrollar una obra de carácter científico muy apreciada.

Fue mientras trabajaba en una campaña de salubridad antipalúdica, dibujando con todo detalle los mosquitos que estudiaba al microscopio, o imaginando, para la farmacéutica Bayer, enfermedades como el reuma, convirtiéndose en una ilustradora entomológica de primer nivel.

En Venezuela sufre. Vive en un hotel, todo es caro y todo le resulta extraño. Su madre y su hermano son a estas alturas para ella unos completos desconocidos. Así se lo cuenta por carta a su amiga, la fotógrafa anarquista Kati Horna: “Esto me putrefacta (…) me siento muy sola, la vida sin amigos no vale la pena”, le escribe. Desilusionada, arrepentida de haber hecho este viaje y sin dinero para poder regresar a México, Remedios piensa incluso en irse a vivir “a las pampas como un salvaje y pintar cuadros (…) vivir de un modo menos estúpido. Estar en un lugar donde no haya viejas momias, solteronas santificadas y venenosas que me señalen con el dedo como el diablo que despide olor a azufre”, cuenta refiriéndose a su vida en Maracay.

Remedios Varo en su estudio de México

En 1949, por fin, consigue volver a México. Trabaja de nuevo como ilustradora publicitaria y algo después conoce al refugiado austriaco Walter Gruen, con el que se casará en 1952. El melómano Walter reconoce rápidamente a la artista que es Remedios y la anima a dedicarse en exclusiva a la pintura. Ella tiene 44 años. En esos años llega el éxito con encargos de sus obras y listas de espera. Comienzan de nuevo las exposiciones colectivas e individuales. Vende sus cuadros.

Para Remedios ya no existe otro país que México: “mi vida, no solo material o sentimental, sino también intelectual, está ahí (México), en esa tierra que amo con todas sus fallas, defectos y calamidades”, le escribe a Walter desde París en 1958.

Rodeada de misticismo e interesada en el psicoanálisis, el momento que vive queda reflejado en su obra. Un ejemplo: “Esa señora que sale del psicoanalista arrojando a un pozo la cabeza de su padre (…) y en el cesto lleva otros desperdicios psicológicos: como el reloj, símbolo del miedo a llegar tarde. El doctor se llama FJA (Freud, Jung, Adler)”, escribe Remedios refiriéndose a su cuadro “Mujer saliendo del psicoanalista” (1960).

Tenía 55 años en 1963 cuando falleció de un infarto. “El surrealismo reclama toda la obra de una hechicera que se fue demasiado pronto”, exclamó André Breton, aunque su obra ya había adquirido una personalidad propia lejos de este movimiento. Walter Gruen, con una vida también muy trágica a sus espaldas, dedicó el resto de su vida a proteger el legado de Remedios Varo. Su obra, que se puede contemplar hoy en el MAM (Museo de Arte Moderno de México), fue declarada Monumento Artístico Mexicano en 2001. Una hija del hermano de Remedios, de aquella familia que le fue tan lejana y extraña, promovió en su día un juicio de petición de herencia, pero esa ya es otra historia.

ANA AMADOR

Nota:The Milk of Dreams (La leche de los sueños) es el tema elegido para La Bienal de Venecia de 2022. El título está inspirado en el libro homónimo de la artista surrealista Leonora Carrington, que describe un mundo mágico en el que la vida puede cambiar y transformarse. En su pabellón central se mostrarán obras de las pintoras españolas ya fallecidas Maruja Mallo, Remedios Varo, Josefa Tolrá y la británica nacida en Las Palmas de Gran Canaria Georgina Houghton.  También han sido seleccionadas piezas de las artistas contemporáneas June Crespo y Teresa Solar. Este artículo es el segundo de un pequeño homenaje a todas ellas.

Enlaces de interés:

Conferencia Surrealistas en México

Remedios para provocar sueños eróticos. Una receta.

Fuga epistolar, correspondencia.

Secretos y misterios de Remedios Varo por Antonio García Villarán, un vídeo con una explicación muy divertida e instructiva de su obra.

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