El mapa y la brújula

(Foto Denis Jans)

Si lo pensamos detenidamente, todos nos hemos cruzado en nuestra vida con alguien que parece haber construido la suya siguiendo una detallada planificación de la que poco se ha desviado a lo largo de los años. Una vida calculada, dibujada con antelación, muy distinta a la de esos otros que, al contrario, han tenido un devenir que parece fruto del azar o de una constante improvisación. De estos últimos se diría que van pertrechados con tan solo una brújula, mientras que aquél se habría guiado mediante un mapa completo y bien detallado. En una película que protagonizaba Kevin Costner, uno de los personajes resumía en una frase este dilema: “Será que la mayoría escribimos la historia de nuestra vida improvisando sobre la marcha, pero otros parecen tener vidas que ya están diseñadas y planificadas. Son ineludibles, perfectas como un círculo”. Son vidas –añado por mi parte– ceñidas a un rígido patrón que apenas admite cambios, y si alguno fuera inevitable, se procura que modifique lo menos posible el conjunto. 

El comienzo de la frase que citaba más arriba: “será que la mayoría escribimos la historia de nuestra vida…”, me llevó a pensar en la distinción que hizo famosa Javier Marías cuando habló de “escritores de brújula y escritores de mapa”, un modo de diferenciar a los que se sientan a escribir una novela sin saber cómo transcurrirá, de los que antes de ponerse a escribir la primera línea desarrollan personajes, un argumento, la trama…etc., en definitiva, dibujan un mapa-guía. En una conferencia de hace años, Marías (aunque cuesta creerle por lo depurado de sus tramas y la coherencia de sus personajes) se confesó como irredento escritor de brújula: “Sí, soy un escritor de brújula y no, como la mayoría, de mapas. Hay escritores que necesitan saberlo todo de sus historias y de sus personajes antes de ponerse a escribir, en cierto modo se limitan a desarrollar algo que ya estaba cerrado”. 

¿Acaso no es así como afrontan en la vida real su futuro aquellos que trazan un mapa donde quepan la vida personal, la vida profesional y la vida social que aspiran alcanzar y saberlo todo con antelación? Trazan, o les trazan el mapa, que en muchos casos responde a una plan establecido por los progenitores que gustosamente asumen. El mapa ayuda, qué duda cabe –y hasta es necesario, diría yo, que nunca me hice uno–, para tales conquistas. Pero sigamos escuchando a Marías, cómo concluye su confesión: “Yo, sin embargo, solo quiero una brújula para que me indique el norte. Y no es que no sepa dónde quiero ir, es que no me gusta trabajar con un mapa y tener la sensación desagradable de que sólo me limito a redactar. A mí me gusta sentir cierta incertidumbre porque si supiera de cabo a rabo lo que va a pasar me aburriría mucho”. 

El caminante sobre el mar de nubes, de Caspar David Friedrich (1819)
Retrato de una familia, de F. Bazille (1867) – Museo de Orsay, París

Podríamos preguntarnos, siguiendo este paralelismo entre realidad y ficción, cómo nos hemos guiado en nuestra vida, si con brújula o con mapa. La respuesta no es fácil porque a la improvisación se le añade a veces, por perentoria necesidad, un mapa, aunque solo sea un esbozo parcial, del mismo modo que cuando se vive acorde a un mapa es necesario en ocasiones improvisar si se topa uno con cualquier ruta inaccesible. Si seguimos el paralelismo de llevar a la vida las palabras que Marías destina a la ficción, podríamos concluir que una vida trazada por un mapa previo nos evitaría incertidumbres, ciertamente, pero saber “de cabo a rabo lo que va a pasar (nos) aburriría muchísimo”.

En un manual para novelistas leo que “los escritores de mapa, defensores de diseñar una estructura previa, sostienen que comenzar el trabajo sin tener un esquema es como lanzarse a la carretera de un país que no se conoce. Los escritores de brújula piensan que un plan minucioso constriñe la creatividad, y prefieren dejarse sorprender o ir descubriendo la novela”. Me temo que los escritores de mapa terminan siendo escritores de género: policiaco, histórico, romántico… mientras que los de brújula corren más riesgos: cierto caos o caer en incoherencias narrativas. ¿No nos pasa lo mismo en la vida real?

Podríamos concluir en que el mapa nos aporta seguridad y nos promete éxitos, mientras que la seductora y romántica brújula solo nos adelanta incertidumbre. Puede que fuera a esto a lo que se refería Vila-Matas en su artículo publicado en El País bajo el título Tendrás éxito y éxito, con una imagen que resume lo que trato de traer a estas líneas: “Y yo ahora os digo que, lejos del fracaso o del éxito, de lo fácil y lo difícil, siempre es mejor avanzar sin control, con las velas rasgadas y los mástiles rotos por los vientos. Después de todo, es el trayecto más común”. 

Al final del viaje quizá descubramos que todo fue un equívoco y que no fueron la brújula y el mapa los que nos llevaron a puerto, sino ese viento cambiante, la caprichosa marea y el esfuerzo titánico para no naufragar durante el viaje los que lo hicieron.

                                                                                                          ALFONSO SÁNCHEZ

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