Un Te Deum muy televisivo

Muchos pueden pensar que algún compositor contemporáneo es el encargado de poner fondo musical a las conexiones de Eurovisión. Es más, posiblemente se crea que algún directivo de la Unión Europea de Radiodifusión (UER),  organismo internacional que agrupa a las radios y televisiones, en su mayoría  públicas, de todo el continente, encargara a un compositor una sintonía, tal y como se encarga la banda sonora de una película o un jingle publicitario. Frío, frío.

Sentados frente al televisor, el espectador espera que dé comienzo el espectáculo. Es una conexión, vía Eurovisión, que será transmitido a varios países europeos. Antes de que se ofrezcan las primeras imágenes y los comentarios de los locutores encargados de poner voz al evento suena una sintonía. Todo el mundo la reconoce. Dura poco menos de un minuto y nos advierte de que la conexión está hecha. 

El himno de Eurovisión que todos hemos tarareado en alguna ocasión es, en realidad, el preludio de un Te Deum del compositor francés Marc Antoine Charpentier. Fue compuesto en 1692 para conmemorar la victoria del ejército francés en la batalla de Steinkerque, dentro de la guerra de los nueve años que enfrentó a Francia con las principales potencias europeas, unidas en lo que se denominó Gran Alianza, con el fin de frenar las intenciones expansionistas francesas por la región del Palatinado. 

La primera vez que se interpretó fue en la iglesia de Saint Louis, en París el mismo año de su composición. No existen referencias de que se volviera a interpretar en otras ocasiones. Lo que sí está documentado es que, tras la muerte de Charpentier, sus sobrinos donaron todas sus partituras al fondo del archivo de la Biblioteca Nacional de Francia. Y allí durmieron el sueño de los justos hasta que un día una de ellas despertó del letargo. El encargado de reavivar el Te Deum olvidado fue el sacerdote belga Carl de Nys, quien se acercó hasta el archivo de la biblioteca francesa en busca de obras sacras del siglo XVII. Y allí se encontró con el famoso Te Deum en 1953. Un año más tarde,  la Unión Europea de Radiodifusión comenzó a utilizar el preludio como sintonía para anunciar las conexiones con las emisoras hermanas de todo el continente.

Pero, ¿quién era el pobre Marc Antonione Charpentier, un compositor olvidado durante siglos y famoso por salir en la tele? Fue un autor prolífico, nada menos que 551 obras que reposan en los archivos de la Biblioteca Nacional de Francia. Especialista en composiciones vocales religiosas, tuvo cierto éxito en su época y su talento fue reconocido incluso por sus contemporáneos. Su verdadera vocación era la pintura y a causa de su interés por desarrollar técnicas novedosas, Charpentier viajó a Roma, donde conoció al músico Giacomo Carissimi. Y de la técnica de la pintura pasó a la técnica de la composición musical, atraído por la obra del músico italiano. A su vuelta a París, ya como músico profesional, el dramaturgo Molière lo contrató como compositor de su compañía de teatro. Y escribió la música de las obras más célebres de Jean Baptiste Poquelin, entre ellas la de “El enfermo imaginario”. En 1679 fue nombrado maestro de capilla del Delfín, el heredero de la corona francesa, puesto que ocupó durante diez años, terminando sus días como maestro de capilla de la Sainte Chapelle. Falleció en 1704.

Es notable la influencia italiana en sus obras, como puede observarse en el célebre Te Deum. Pero también tuvo algunos éxitos en la ópera. Pero claro, seguramente a los directivos de la UER no les pareció oportuno llamar la atención de los espectadores con un aria de una ópera cuando está a punto de iniciarse el Festival de Eurovisión. ¡Qué bochorno!

GABRIEL SÁNCHEZ

Sintonía de Eurovisión, con las diferentes caretas que han sido utilizadas a lo largo de los años.

2 comentarios en «Un Te Deum muy televisivo»

  • el 1 de febrero de 2022 a las 10:31 am
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    Me ha encantado esta historia. No tenía ni idea del origen de la sintonía.

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