Una biblioteca por ordenar

Biblioteca del autor

Andaba yo buscando algunos cuentos de terror que me inspirasen (toda inspiración es plagio involuntario) para escribir un relato donde poder descargar la neurosis que me están produciendo las obras de reforma de una parte de nuestra casa (¡sí, efectivamente, aún no han terminado!), cuando caí en la cuenta de que una parte de la modesta biblioteca que poseemos está ahora embalada en cajas, pues no pocos libros reposaban en el salón en reforma, que hubo que vaciar. Cuando los metía en cajas, con honda pena, me juré para mis adentros que cuando pudiera desembalarlos, ¡a saber qué día!, organizaría de una vez por todas la biblioteca, terminaría con el desorden que arrastra desde hace años, y que tan apesadumbrado me tiene.

Roberto Calasso en su estudio (1989/AGF)

Pero no es fácil organizar una biblioteca. El escritor Roberto Calasso sostenía que ordenar una biblioteca es un tema altamente metafísico y, no sin ironía, se sorprendía de que Kant no hubiera escrito un breve tratado sobre el asunto, pues habría sido una buena ocasión, decía en su libro Cómo ordenar una biblioteca, para indagar sobre qué es el orden. El escritor italiano, excelente editor además, creía que el orden perfecto no es posible y a partir de ahí se atrevió a ofrecer su propia fórmula: “En lo que se refiere a los libros, el mejor orden no puede ser sino plural, al menos tanto como lo sea la persona que usa esos libros. Debe ser, además, sincrónico y diacrónico a la vez, geológico (por estratos sucesivos), histórico (por fases y caprichos), funcional (en relación con el uso cotidiano en un momento determinado) y técnico (alfabético, lingüístico, temático). Está claro que la yuxtaposición de estos criterios tiende a crear un orden por parches, muy cercano al caos”. Esta última frase de la propuesta de Calasso me llevó a pensar que si ese camino tan tortuoso lo que me ofrece es un caos bibliotecario distinto mejor será dejarlo todo como está: un caos propio de libros desordenados, fruto más de la holgazanería que de la razón. Me sedujo más la teoría de Aby Warbug (la cita Calasso), quien sostenía que la única regla áurea es la del buen vecino, según la cuál en la biblioteca perfecta, cuando se busca un determinado libro, se termina por tomar el que está al lado, que se revelará aún más útil que el que buscábamos. ¿No nos ha pasado a todos esto alguna vez? 

Hablando de vecindades, en la parte de biblioteca no embalada por causa de las obras comparten estantería, vecindad, en la zona de ficción escrita en español, los libros de Borges y Bolaño, y cito primero al argentino por respeto literario, aunque por respeto al alfabeto está primero el chileno en la estantería; sé que Bolaño me lo perdonará, y le supongo encantado del vecino que le ha tocado. Siempre que no le haya dado a  Borges, en un relato en bucle interminable, por recitar aquello que dejó escrito en La Biblioteca de Babel: El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. 

Afortunadamente no es tan infinita nuestra biblioteca, la nuestra es pequeña, modesta, y en nada se parece a la biblioteca imposible de Borges que parodió Umberto Eco con una enigmática, y asesina, biblioteca en El nombre de la rosa, a cuyo guardián, el monje Jorge de Burgos, al igual que hiciera con Borges, le dio Dios, con magnífica ironía, a la vez los libros y la noche. 

Se producen otras vecindades curiosas en nuestra biblioteca: Emilia Pardo Bazán está pegada a Pérez Galdós. No es un chiste fácil, no. Se debe más a una carencia de mi biblioteca pues entre Pardo y Pérez hay, a buen seguro, ausencias reprochables de literatura escrita en español. Pero quiso el azar que en nuestra biblioteca aquel idilio continuase.  

Es evidente que cada biblioteca particular es por su condición única, por el contenido y disposición de los libros, y su cuidado; es una suma de curiosidades de las distintas personas que van aportando a ella los libros. Son bibliotecas, las particulares, que responden a lo que fuimos (o soñábamos con ser) y a lo que somos; a lo que nuestro tiempo nos fue enseñando y, también, ¡vendiendo! (cuánta vieja novedad editorial acumulamos).

En la biblioteca hay libros que no has leído y posiblemente nunca leerás. ¿Y qué? Comparto con Calasso que “es esencial comprar libros que no vayan a ser leídos enseguida”. Ahí queda el libro, esperando el momento. Pueden pasar unos meses o algunos años. “Lo importante ahora (cuando le llega el momento) es que lo podamos leer enseguida. Sin más búsquedas, sin necesidad de buscarlo en una biblioteca”. 

Yo, en lo que me toca de la biblioteca que hemos ido levantando (¿una biblioteca se levanta?), cuando la observo, no puedo evitar “lamentarme de haber leído muchos libros, pero con poca utilidad por carecer de método; he tropezado confusamente con diversos autores (…) con poco aprovechamiento, por falta de arte, orden, memoria o juicio.” (Robert BurtonAnatomía de la melancolía). 

Menos mal que siempre nos quedará el placer de tratar de ordenarla. A cierta edad, un ejercicio melancólico. Aunque ella, la viva biblioteca, no siempre colabora. 

ALFONSO SÁNCHEZ

2 comentarios en «Una biblioteca por ordenar»

  • el 10 de noviembre de 2021 a las 9:30 am
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    Muy bueno este artículo sobre nuestros libros y lo que suponen en nuestra vida.
    Lo del orden, aunque no lo parezca lo tenemos prácticamente resuelto. La teoría del buen vecino casi siempre funciona.

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  • el 11 de noviembre de 2021 a las 8:12 pm
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    En este 11 de noviembre, Día de las Librerías (ya no saben qué días inventar, cuando todos los días deberían ser de librerías) leo con mucho interés el comentario de Alfonso. Y me preguntó qué pensaran los fanáticos de los libros electrónicos sobre las muy sugestivas apreciaciones del autor. ¿Cómo ordenan sus ebook ¿(se escribe así?) Seguramente la máquina se encargará de ello y así los usuarios se quitan de quebraderos de cabeza.

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