La política y las letras

Las relaciones entre escritura y política serán siempre motivo de controversia. El compromiso del escritor acaba, dicen unos, en sus obras y con sus obras, mientras que otros sienten como un deber moral participar en el debate público, incluido apoyar abiertamente determinadas opciones políticas en momentos señalados, como son las citas electorales. Así ha venido ocurriendo desde tiempo inmemorial y así seguirá pasando. Escritores destacados participaron en la actividad política y no pocos políticos publicaron obras de mérito literario a lo largo de la historia. Otro asunto son los prejuicios que puede levantar en los lectores de tal o cual autor su posicionamiento político; la influencia en la recepción de una obra que puede tener conocer que su autor apoya a tal o cual partido. Conozco a más de un buen lector que dejó de leer a Vargas Llosa por su apoyo al PP de Aznar, cuando el Nobel peruano es de los que mejor han diseccionado el autoritarismo derechista en Sudamérica, la figura del dictador. Y a lectores que votan opciones de centro derecha que decidieron no leer a Almudena Grandes por su adscripción izquierdista, cuando su realismo galdosiano  tanto les haría disfrutar. 

Con motivo de las elecciones autonómicas a la Comunidad de Madrid, al final de la campaña, de un colorido y repercusión inéditos en el actual periodo democrático, de nuevo algunos escritores e intelectuales desvelaron su intención de voto desde los espacios públicos de los que gozan, principalmente en la prensa escrita, que es donde aún tiene un peso este tipo de confesión cavilada, como lo es un testamento que se deja escrito, aunque luego se cambie. Unos lo hicieron a título individual, el dar cuenta de lo que iban a votar, pues la tribuna se lo propiciaba; otros se tuvieron que conformar con agrandar con su nombre la lista de firmas a pie de manifiesto. Y otros, no pocos, se volcaron en hacer campaña a través de las redes sociales al andar ayunos de mejor tribuna.

Siendo estos posicionamientos ya algo habitual en las sucesivas convocatorias electorales, no creo equivocarme al afirmar que nunca antes había pasado una cosa así en unas elecciones autonómicas en Madrid. La broma es fácil: debe ser porque Madrid es España dentro de España, o algo parecido, que dice la actual presidenta, y, por lo tanto, lo que pase en Madrid podría pasar en España; o se desea que pase en España lo que ocurra en Madrid, o, por el contrario, se teme que en España pase lo mismo que en Madrid. 

Imposible hacer un seguimiento exhaustivo de todos los que se han pronunciado, pero sí es de destacar que muchas opciones han contado con sus apoyos correspondientes. No todas, claro, que hasta veinte listas distintas concurren a estas elecciones. Desde el mayoritario PP de Ayuso, hasta muchas minoritarias, como la plataforma que se opone a los recortes sociales. E imposible, también, dar cabida a todos en este resumen. Y, además, no todos -con perdón- provocan el mismo entusiasmo o rechazo en la ciudadanía, por no decir conocimiento. 

Recojamos algunos de los pronunciamientos fetén, de primeras plumas que se han visto impelidos a “influir” con la revelación de su voto en la campaña. En su columna de El País del 24 de abril, Fernando Savater decía estar Convencido (título de la columna), de que iba a votar a Ayuso, a pesar de que “a los comicios madrileños se presenta gente estimable como Edmundo Bal y Ángel Gabilondo (que) no despiertan la animadversión de gente tan significativa como ella (Ayuso), cuyos enemigos la honran”. El filósofo revelaba, para que nadie se equivoque, que nunca había votado al PP “y me cuesta, pero esta vez será Díaz Ayuso”. Una declaración de intenciones que acompañaba de su correspondiente crítica a los que, mediante un manifiesto, expresaban lo contrario, que había que derrotar a Ayuso: “Sólo faltaban los del manifiesto de los ’26 años infernales’, cráneos privilegiados. Con ellos, ni a cobrar una herencia”. Firma personal contra manifiesto con firmas. 

Se refería Savater al manifiesto impulsado por la Fundación Espacio Público en apoyo a la izquierda progresista (ninguna opción en particular) con el fin de “conseguir que la derecha, y la ultraderecha, salgan del poder en la Comunidad de Madrid…”. Entre las primeras cinco firmas que encabezan dicho manifiesto figuran cuatro escritores: Elvira Lindo, Almudena Grandes, Antonio Muñoz Molina y Marta Sanz. La lista contiene algunos más, como Isaac Rosa, Rosa Regás, Luis García Montero y Manuel Rivas, entre los más conocidos.

No confundir este manifiesto con que bajo el título Redistribuir la riqueza ha impulsado la plataforma Recortes Cero, que se publicaba el 29 de abril en el diario El País, y que apoyaban, entre otros, los escritores Juan José Millás y … ¡Rosa Regás!, que también firmaba el anterior.

Leída la columna de Savater y visto el manifiesto Ahora sí y sus destacados firmantes, esperaba con curiosidad la columna de Félix de Azúa, también en El País. Se publicó el 27 de abril y llevaba por título Sostenella. Argumentaba Azúa que “quienes ocupamos espacios públicos en los diarios deberíamos tener la humildad de confesar nuestras preferencias”. Y desde este autoimpuesto deber moral, venía a desaconsejar el voto a Más Madrid y UP; nada dice del PSOE, aunque sí del Gobierno, para descalificarlo, y terminar diciendo de Vox que “es la derecha tradicional” (sic), pero que como no tienen un programa claro, no se fía. Y concluye: “hay tanto obispo en el PP que sólo me queda Ciudadanos (…) que ha cometido errores (…) pero no quiero que desaparezca, sino que se restablezca y apoye a Ayuso”.

Desde el diario La Vanguardia, una vez detectados sus “sospechosos habituales”, el autor de La desfachatez intelectual, Ignacio Sánchez- Cuenca, escribía el sábado 1 de mayo una tribuna en la que, analizaba la campaña electoral de las elecciones madrileñas, para diagnosticar que el crecimiento del nacionalismo español era proporcional a la derechización y señalaba culpables: “A medida que la gente se vuelve más españolista, desarrolla también una mayor querencia derechista. El paso lo han marcado muchos de nuestros intelectuales más consagrados, quienes, como los derviches turcos, giran incesantemente en torno a sí mismos, habiendo pasado de la ultraizquierda de su juventud a un nacionalismo español reaccionario en su senectud”. ¡Derviches turcos! Convendrán que la metáfora tiene su gracia. Tiene distinto vuelo que la teológica de los “años infernales” como se define el tiempo que lleva gobernando Madrid el PP en el manifiesto de la izquierda. 

Javier Marías (RAE)

Antes de entrar en periodo de reflexión aún esperaba a Javier Marías, que en su artículo del domingo 2 de mayo no podía defraudar, algo diría, pensaba yo. Y lo dijo, pero sin despejar la intención de su voto, pues ni siquiera tiene clara la intención de ir a votar. Titulaba el artículo Arrepentimiento simultáneo y en él declaraba que había votado en todas las convocatorias por la razón que muchos ciudadanos de cierta edad que vivieron durante el franquismo comparten: después de años anhelando poder votar en democracia, hacerlo se convirtió en un deber moral. Pero, ¡ay!, no tenía muy claro que haría el día de las elecciones: “me planteo fallar el martes, porque mi conciencia se opone a depositar en la urna la papeleta de ningún contendiente”. De los cabezas de lista salva Marías a Ángel Gabilondo y Edmundo Bal, pero critica sus anuncios de alianzas postelectorales, el primero con Podemos y el segundo con Ayuso. Por todo ello, sentencia: “No hay manera de meter un sobre en la urna sin arrepentimiento simultáneo, una calamidad”.
Como se puede apreciar, el espectro es amplio, y numeroso el plantel de los escritores que han decidido participar de un modo u otro en el debate electoral madrileño. Como lectores, es aconsejable que, conocidas las preferencias políticas de cada uno de ellos, no nos dejemos llevar por prejuicios políticos que, al final, son contraproducentes pues impedirán placeres como hacer un Viaje al fin de la noche, por poner un ejemplo que bien viene al caso.

ALFONSO SÁNCHEZ

Un comentario en «La política y las letras»

  • el 8 de mayo de 2021 a las 1:08 pm
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    Esclarecedor artículo. Estaría de acuerdo en no dejarnos llevar de prejuicios, para poder seguir leyendo a estos autores consagrados, pero es difícil no sentir franca decepción ante sus opiniones políticas.
    Qué Félix de Azua, apoye a Ciudadanos, para apoyar al PP, que apoya a Vox, partido al que normaliza como si no fuera un partido fascista, me daría la risa si no fuera para llorar.
    Qué Javier Marías no sepa a quién votar, porque ningún partido merece su confianza, me produce asombro. No conoce la diferencia entre capitalismo salvaje y socialdemocracia? No es posible! Con esa cabeza que tiene!

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