Welwitschia mirabilis: el árbol que se alimenta de la niebla

Desierto de Namib, Patrimonio de la Humanidad, con su especie más notable, la Welwitschia mirabilis

Allí estábamos plantados, contemplando sorprendidos una planta que no despegaba dos palmos del suelo y que podía vivir 2.000 años. Fue en el Hortus Botanicus de Amsterdam. En aquel viaje, junto a unos buenos amigos y sus hijas, a la ciudad de los canales y las bicicletas, de Van Gogh y de Anna Frank, alguien propuso conocer este Jardín Botánico holandés, uno de los más antiguos del mundo.

El Hortus Botanicus era un lugar excepcional y cada uno de nosotros lo explorábamos según preferencias: unos buscaban el invernadero donde habitan cientos de mariposas tropicales; otros intentaban reconocer las plantas carnívoras; los demás nos paseábamos por la vegetación de sus invernaderos sin más interés que el disfrute de ver miles de plantas y árboles desconocidos.

Y así íbamos, entre plantas medicinales, árboles monumentales e invernaderos tropicales, cuando Paula, la más pequeña del grupo, se paró a contemplar con cara rara una rara planta, de nombre impronunciable, que “se arrastraba” por el suelo, sin mucha gracia, con unas largas hojas que se retorcían entre sí terminando en puntas deshilachadas. ¿Qué es esta cosa? De nombre, welwitschia mirabilis. Vaya nombrecito. Pero el cartel añadía una información que nos sorprendió mucho más: era capaz de vivir 2.000 años. ¡Ops! Esto cambiaba nuestra visión sobre esa especie de revoltijo que había a ras de suelo. Una edad, un respeto.

La planta debe su nombre a su descubridor, el austríaco Friedrich Martin Josef Welwitsch, nacido en 1806 en Carintia, quien dedicó su vida a la exploración, descubrimiento y catalogación del mundo botánico. Se calcula que sus colecciones comprendían cinco mil especies de plantas y tres mil de insectos. 

Exploradores del siglo XIX

Retrocedamos en el tiempo doscientos años. Friederich es un joven enamorado de la botánica, de familia acomodada, que acabó estudiando Medicina en Viena y no Derecho como le hubiera gustado a su padre (ay, los padres). La botánica le atraía enormemente y gran parte de su tiempo lo pasaba en el botánico de Viena. Según su biografía, en 1839 cometió “un acto de indiscreción juvenil” que le hizo poner tierra por medio. No se sabe a ciencia cierta qué pasó, pero la historia ganó un gran explorador y botánico.

Aceptó, pues, un cargo que le llevó a Portugal, país en el que permanecería hasta 1953, encargándose de los jardines botánicos de Lisboa y Coimbra. Exploró la mayor parte de Portugal, reuniendo un herbario de nueve mil especies.

En 1953 inicia, para la Gran Exposición de Londres y por orden de Lisboa, un viaje de siete años para explorar la entonces África Occidental portuguesa. Siete años llenos de vicisitudes, enfermedades y decenas de descubrimientos botánicos. Y de gastos. Para sobrellevar la economía de la misión, y como no le llegaba el dinero asignado por el Gobierno portugués, envió a Inglaterra grandes colecciones de insectos, semillas y plantas vivas para su venta. Por esas tierras africanas conoció a David Livingstone, con quien vivió una temporada, y al también explorador y pintor Thomas Baines, que en esta historia tiene también su historia.

Ya casi finalizando su periplo, en 1859 y después de haber recolectado miles de plantas, llegó al desierto de Namib y allí, en una de las regiones más inhóspitas del mundo, descubrió una planta de aspecto extraño y retorcido que no había visto jamás antes. Le causó tal impacto el hallazgo, que se arrodilló en la arena y no se atrevió ni a rozarla por miedo a que fuera una alucinación y se desvaneciera en el aire.

Dos hojas que crecen sin parar

La planta es en realidad un árbol -una conífera y una gimnosperma- en términos de clasificación botánica. Al contrario de lo que parece a simple vista, tiene dos únicas hojas que crecen durante toda la vida de la planta, a razón de unos 13 centímetros por año. Una vida que, según los análisis científicos hechos con carbono 14, puede llegar a alcanzar los 2.000 años. Aunque es raro que tenga una altura superior al metro, cuenta, sin embargo, con una raíz que puede descender hasta 30 metros.

Más curiosidades de la Welwitschia. ¿Cómo sobrevive en esa zona tan dura y desértica donde a veces pasan meses y meses sin llover? Se alimenta de la niebla. Los estomas de sus hijas permanecen abiertos hasta que se levanta la niebla y captan el agua. Con el calor, los estomas se cierran para evitar la evaporación del agua durante el día.

La colección que hizo Welwitsch fue muy reconocida entre científicos, pero también entre el gran público en una época donde los descubrimientos botánicos causaban asombro y curiosidad. Llegó a ser considerada, incluso años después de su muerte en Londres 1872, como la mejor que jamás haya salido de África tropical, y hasta el día de hoy sigue siendo de un valor único.

Fotografía de Welwitsch con su hallazgo (London News) y dibujo realizado por Thomas Baines tras encontrarse con la misma

Mientras, y hay que reconocerlo, Thomas Baines, el explorador que coincidió en algún momento con Welwitsch, también encontró esta planta, no sabemos si antes o después, y mostró el mismo asombro por ella. Mandó muestras a Inglaterra, pero como no era botánico, llegaron en mal estado. De su admiración por la singular planta, queda constancia de un dibujo que pintó Baines en donde se “autoretrató” con la extraña planta y que se conserva en la Biblioteca de los Jardines Kew, en Richmond (UK). Fue reconocido en su momento y uno de los nombres con los que también se conoce a la planta lleva su apellido: Tumboa bainesii.

De todas las definiciones que se han hecho de la welwitschia, la que quedó para el recuerdo fue la que hizo el botánico Joseph Dalton Hooker, director entonces del Royal Botanic Gardens Kew: “Es sin duda la planta más asombrosa jamás traída a nuestro país, y la más fea”.  De ahí quedó para muchos como la planta más fea del mundo. Charles Darwin la comparó con un ornitorrinco vegetal y el escritor Sean Thomas con una melé de jugadores irlandeses. También se la llamó, más acertadamente, tumbo, el árbol de las dos hojas inmortales. Y luego está la que, acertadamente, ha hecho The Daily Gardener: “Imagine un pulpo (verde, añadiría yo) de dos tentáculos con brazos muy largos y un ramo de flores rojas por cabeza, y tendrá la welwitschia”.

VIRUMBRALES

Fuentes: Dictionary of National Biography, The Garden Trust, The Daily Gardener, Los árboles invisibles, y Plantzafrica.

Un equipo de investigación de la Auckland Universitu of Technology (AUT) estuvo en Namibia en 2016 investigando esta planta y utilizando drones para ello. Este vídeo recoge parte de su trabajo con esta especie amenazada, resumido por el profesor Len Gilman, director de la Facultad de Ciencias de la AUT. Merece la pena ver el vídeo.

Un comentario en «Welwitschia mirabilis: el árbol que se alimenta de la niebla»

  • el 25 de febrero de 2021 a las 11:16 am
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    Realmente una planta poco agraciada…pero una auténtica superviviente!!. Si algún dia fuera a Namibia, me la miraría con otros ojos despues de leer sus particularidades.

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