¡Coméntalo! «No digas nada» es un excelente relato

Fotografía de portada: Phil Montgomery

    “No digas nada es un libro basado en cuatro años de investigación, siete viajes a Irlanda del Norte y entrevistas con más de cien individuos. Pero haciendo honor al título, fueron muchas las personas que declinaron hablar conmigo, o que accedieron y una vez puestos se echaron atrás. Parecerá extraño que acontecimientos de hace casi medio siglo pudieran provocar tanto temor y tanta angustia, pero en Belfast, como espero que deje claro este libro, la historia está viva y es peligrosa”.

De este modo advierte al lector Patrick Radden Keefe, autor de Say Nothing (No digas nada, en español, publicada en 2020 por Reservoir Books) del arduo trabajo que ha llevado a cabo para escribir este libro sobre la “guerra” en Irlanda del Norte entre católicos y protestantes, o entre republicanos y unionistas para ser más exactos, durante tres décadas del siglo pasado, con el IRA Provisional y algunos de sus líderes más destacados como protagonistas principales del relato. 

     Sin entrar en muchos detalles de la larga y turbulenta historia de Irlanda del Norte, recordemos que la violencia, desatada tras los sucesos de 1968 durante una manifestación en favor de los derechos civiles de los católicos, minoría frente a los protestantes, se alargó durante treinta años, hasta aquel viernes santo de 1998 que se inició el camino de la paz; atrás quedaban más de 3.000 muertos y 50.000 heridos. Radden Keffe centra su atención, e investigación, en el caso de una madre de diez hijos que fue secuestrada, asesinada y desaparecida en Belfast al considerarla el IRA colaboradora del ejército británico, algo que nunca pudo demostrar. 

     Recomendar la lectura de No digas nada, uno de los mejores libros de no ficción narrativa del pasado año, puede ser un intento baldío por el escaso interés que a estas alturas pudiera despertar entre los lectores españoles adentrarse en el conflicto de Irlanda del Norte, y más una vez que hace años que dejó de ser noticia tras el fin de la violencia. Pero sería un error despacharlo así: No digas nada es, además de una lección de historia reciente sobre ese pequeño territorio europeo, un ejercicio de periodismo excelente que saborear en sí mismo, un relato literariamente cercano al thriller de una amenidad sorprendente. 

     Su lectura nos aporta, por encima de todo, una visión nítida sobre la violencia política y sus consecuencias a corto, medio y largo plazo. Los actos terroristas del IRA, las acciones violentas de las bandas paramilitares, y no pocas veces las intervenciones policiales o militares británicas en un contexto de violencia extrema desembocan en horror y terror para la mayoría de la población a la que los bandos en liza presumen defender y que en su nombre dicen actuar. En un país como España, donde las tensiones independentistas (Cataluña, País Vasco) afloran regularmente, tener presente esta lección sobre los efectos de la violencia se convierte en un ejercicio de pedagogía ciudadana como pocos; no es asunto baladí, ahí quedan los años de violencia etarra como ejemplo más evidente.

     Radden Keefe ha elegido para epígrafe de su libro una frase del escritor vietnamita residente en Estados Unidos, Vet Than Nguyen, con la que nos advierte de que “todas la guerras se libran dos veces, la primera en el campo de batalla y la segunda en el recuerdo”. Cambien el término recuerdo por relato y comprenderán la plena actualidad de un libro como este. Siempre se ha argumentado que la situación que dio lugar a la violencia de ETA nada tenía que ver con la de Irlanda del Norte y las acciones del IRA. Siendo esto cierto, causas muy diferentes en contextos no comparables, algo sí les emparenta: la violencia política, la actividad terrorista, y, cuando llega a su fin con el abandono de las armas por desistimiento o negociación, la necesaria tarea de la reconstrucción de la paz y la explicación lo más objetiva posible de lo ocurrido para conocimiento de generaciones futuras. 

     No digas nada es una aportación relevante para este fin, un ejemplo de ahondamiento objetivo en el pasado con el fin de explicarlo. Cierto es que el autor se encontró con un botín precioso que no abunda, más bien es excepcional: el material de un proyecto de investigación de una universidad de Boston mediante el cual dirigentes destacados de las bandas paramilitares, entre ellas el IRA, concedieron largas entrevistas para dejar el testimonio personal de su actividad y apreciaciones en torno a aquellos años bajo la condición de que no se harían públicos hasta después de su muerte. Que esta salvaguarda no se cumpliera tiene que ver con parte de la trama del libro por lo que no es conveniente desvelarlo en esta reseña. Pero el proyecto, que quedó inconcluso, es ya en sí mismo revelador.

     Los personajes de esta historia de no ficción, personajes reales tratados con los mecanismos literarios de la ficción, no pierden en ningún momento su veracidad pues son sus propias acciones y sus testimonios los que han permitido al autor recrearlos. Las hermanas Price, sobre todo Dolours, Brendan Hughes y Gerry Adams, líderes destacados del IRA (aunque Adams siempre defendió su desvinculación de la lucha armada) además de Jean McConville, la madre de diez hijos asesinada por la banda, forman un conglomerado que según nos dice el autor del libro le inspiró para escribir una historia “sobre cómo ciertas personas llegan a radicalizarse en su inflexible devoción a una causa, y sobre cómo unos individuos -y toda una sociedad- dan sentido a la violencia política una vez que han atravesado el crisol y por fin tienen tiempo para reflexionar”.


    Un apunte final. La no ficción narrativa o literaria está dando unos frutos excelentes en los últimos años en el campo del periodismo. Lástima que no abunden en nuestro país este tipo de textos elaborados con objetividad, premiosa investigación que lleva su trabajo y tiempo, y una prosa cuidada. En definitiva, con la calidad suficiente. El hijo del chófer, del ensayista y crítico literario Jordi Amat, es una excepción si nos remitimos a la cosecha de 2020, y un camino a seguir.

A.J.S.

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