De gustos sí hay mucho escrito

Aclaremos que esta parte del patio es el lugar elegido para, al final del día, recordar, repasar y repensar escuchando flamenco, esa expresión artística que un día, sin darte cuenta, se convierte en pasión, tú en aficionado y todo lo que la rodea empieza a interesarte, te lleva a indagar, a escuchar mucho y también a leer, y al deseo de compartir lo que vas descubriendo. Por gusto sólo, pues no es esta parte del patio ni cátedra ni aquí hay doctor; aunque sí curiosidad y mucha admiración por los artistas. Y si por un casual además apareciera el duende entre las palabras… 

Apuntaba que lo hago por gusto, término que, por otra parte, forma parte de esa frase-latiguillo que suele colarse en cada discusión sobre si es mejor o peor este o aquel artista, pongamos Mairena y Caracol, o futbolista, Messi y Ronaldo, o literatos, que anda que no hemos discutido algunos de mi generación sobre si Delibes o CJ Cela. Me refiero a esa frase tan manida que dice que “sobre gustos no hay nada escrito”. Le cogí manía a la paremia esta, qué le vamos a hacer. Primero, porque si de algo no se ha dejado de escribir es del gusto artístico, del porqué las obras que nos ofrecen los artistas nos interesan o no, nos conmueven, nos enseñan, nos interrogan, o todo lo contrario. La susodicha sentencia apunta siempre la voluntad de querer poner punto y final a los argumentos en liza matando así el placer de la discusión. 

Es cierto que lo que el dicho quiere defender es que cada uno es libre de desear o de opinar lo que le venga en gana. Lógica aplastante, pero yo pregunto: ¿porqué no se dice así de claro? O tampoco estaría mal terminar la frase sobre gustos no hay nada escrito con el añadido que sea definitivo pues así señalaríamos que no hay norma establecida para declarar de manera solemne, por ejemplo, que fue mejor cantaor Caracol que Mairena o viceversa. Anda que no han corrido ríos de tinta sobre ello. Otro día nos ocuparemos más a fondo de la controversia entre estos dos gigantes del cante jondo, que, dicho sea de paso, se ha repetido en diferentes épocas con distintos protagonistas pero con muy similares argumentos. 

En esta primera entrega iremos más atrás. A los primeros años del siglo pasado, cuando en los cafés cantantes de Sevilla se dirimían, a veces a tortas, los pleitos del gusto, los reinados del cante grande, y don Antonio Chacón y Manuel Torre arrastraban aficionados allí donde actuaban. La flamencología ha recogido numerosos testimonios orales de la época. Empezaban por entonces las grabaciones, que han perdurado, pero se considera que no dan muestra de la verdadera grandeza de estos dos artistas que marcarían el futuro. Esos testimonios orales vienen a coincidir en que Chacón era la excelencia musical, un creador y conocedor enciclopédico de los distintos palos, mientras que Manuel Torre era lo jondo, el pellizco, convocante del duende… aunque a menudo esto no ocurría y acababa en desastre. 

Que los aficionados estuvieran divididos entre uno y otro no impedía una admiración mutua y documentada está la de Chacón por Torre. Un día que actuaba éste en El Novedades de Sevilla, Chacón, y parte de los que habitualmente le acompañaban, ocupaban un palco. Entre ellos, el cantaor Salvaorillo, de poca fortuna y defensor a ultranza de Chacón, que al parecer alguna ayuda económica le prestaba. Como ocurre a menudo, para ensalzar a uno hay que denigrar a quien le hace competencia, y a eso se dedicaba Salvaorillo por los bares de Sevilla, a poner a caldo a Manuel Torre. Y en esto, Torre se arranca por seguiriya y Chacón, entusiasmado por la hondura de lo que estaba oyendo se levanta y  le arroja su sombrero y la capa y se pone a dar vítores a su paisano jerezano, a lo que Salvaorillo, mosca, sin saber dónde meterse, pues le ponía en solfa, intentaba calmar a su maestro tirándole de la chaqueta. Don Antonio se volvió y le cortó con un ¡vaya usté a la mierda, compare!      Sobre gustos sí que hay mucho escrito y más que se escribirá. Cada uno es libre de elegir los suyos. Y defenderlos y si al otro no le gustan pues allá él, pero si se empecina en llevarle la contraria por tratar de imponer los suyos no le diga eso de que sobre gustos no hay nada escrito, es mejor mandarle a la mierda. No es muy correcto, pero queda más flamenco.

Si quieres ilustrar musicalmente este artículo, te interesa escuchar: 

Soleares, por Antonio Chacón
Seguiriya, por Manuel Torre

Para elaborar este artículo se han consultado los libros: La discoteca ideal del flamenco (Planeta) y Grandes clásicos del Cante Flamenco (Correo de Andalucía).

ALFONSO SÁNCHEZ

Un comentario en «De gustos sí hay mucho escrito»

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