Esas listas tan extrañas

     Al parecer, el ser humano tiene necesidad de listas, de hacerlas y de ver las que otros hacen, una ambición de enumerar, de clasificar de mayor a menor o de mejor a peor, o por años, o por precio… en fin, le gusta ver, uno debajo de otro, listados de todo tipo. Hay listas de tareas, que sirven de incentivo para acometer lo que uno se propuso en su día y comprobar después lo que cumplió y lo que no; y hay infinidad de listas que clasifican todo lo imaginable en un intento de ordenar el caos. De las listas más curiosas que cada año llegan a nuestro conocimiento están las que elaboran los suplementos culturales de los periódicos para señalarnos cuáles son los mejores libros del año, o qué libros son ideales para regalar en navidades, incluso la lista de los libros que será publicados al siguiente año y que más esperados son.

Esas extrañas listas
Phil Hearing

     2020 nos dejó sus listas literarias con el escalafón de los mejores libros publicados. Los suplementos literarios acudieron fieles a la cita y sus críticos habituales votaron a fin de elaborar una lista, la lista, su lista. Repasando los más destacados que aún se editan en papel, Babelia,de El País, ABC Cultural y El Cultural, de El Mundo, llama la atención cómo teniendo un mismo fin, ofrecernos un pequeño canon anual, el modelo de lista cambia sustancialmente de un suplemento a otro. Diferencias que van desde limitar la lista a una decena de títulos hasta el que la amplia a cincuenta. O de meter en el mismo saco ficción, poesía, ensayo, etc., como hace Babelia, a realizar una selección más o menos ordenada por géneros o campos de escritura como es el caso de El Cultural.

     Así, mientras en ficción escrita en español (la mejor novela del año, para entendernos) Babelia y El Cultural coincidían en otorgar ese privilegio a Un amor de Sara Mesa, el ABC Cultural apostaba para su mejor libro del año por El infinito en un junco, el excelente ensayo de Irene Vallejo. Los cuatro restantes, pues su lista es sólo de cinco títulos, son novelas escritas en español, colocando en segundo lugar la novela del Pérez Reverte Línea de fuego. No aparece en esta lista Un amor. Es más, de la veintena de críticos y reseñistas, que seleccionaban tres títulos cada uno, sólo dos incluyeron el libro de Sara Mesa, ambos en segundo lugar.

     Más curiosidades. Mientras que para el ABC Cultural la novela de Pérez Reverte, colaborador habitual del grupo Vocento, al que pertenece ABC, es la mejor ficción del año en español, en la lista de El Cultural aparece en el quinto lugar y en Babelia ni siquiera aparece, a pesar de que es la lista con más títulos, hasta cincuenta. Algo parecido, pero al contrario, ocurre con la muy vendida historia de Almudena Grandes La madre de Frankenstein, que para Babelia es el segundo mejor libro del año sin que aparezca en las otras dos listas. Elvira Lindo y Marta Sanz se colocan con su A corazón abierto y Mujeres rojas, respectivamente, entre los diez mejores libros del año para el suplemento cultural del diario El País, periódico donde Grandes, Lindo y Sanz, son colaboradoras habituales.

     Tanta disparidad nos lleva a sospechar del juicio profesional, académico, de quienes elaboran estas listas. El crítico y editor Ignacio Echevarría se mostraba irritado por los resultados, un año más: “Lo primero que estas listas de los mejores libros del año pone de manifiesto no es tanto la desconfianza hacia la crítica sino su irrelevancia. En la era de la cultura plebiscitaria, tan fomentada por la red, se reclama la representatividad del juicio, no su autoridad. Pero esa autoridad solo puede ser avalada estadísticamente. Y lo propio de la estadística es desplazar el juicio razonado por el lugar común”. Y se lamentaba Echevarría desde su colaboración semanal en El Cultural, “pero cómo, ¿la misma lista que destaca a Sara Mesa y Alejandro Zambra recomienda también a Elvira Lindo y Pérez Reverte? Pero entonces…”.

     Hay otras razones que pueden ayudar a entender el mecanismo. Manuel Rodríguez Rivero, colaborador de Babelia comentaba: “hemos asistido, urbi et orbi, a la publicación de las listas de los mejores libros del año, un juego no tan inane como puede parecer: pregunten a los libreros cómo van las ventas de, por ejemplo, Un amor, de Sara Mesa (Anagrama), después de que varios medios la eligieran la mejor novela del año”.

     Vamos comprendiendo. En este juego “no tan inane” el lector poco versado, pero con disposición a seguir recomendaciones que considera autorizadas, sale perdiendo por desconocer las reglas. Por ejemplo, que algunos libros concitan tan alto consenso, que se hacen, por decirlo de algún modo, ineludibles de incluir en toda lista que se precie. O que ya el propio modo de elaboración de las listas conlleva el error en su planteamiento: ¿qué tienen que ver dos novelas de las más citadas, como Un amor o Como polvo en el viento, de Leonardo Padura, con El infinito en un junco o El hijo del chófer, de Jordi Amat, otro libro de no ficción que ha recogido numerosos elogios? Por último, tampoco faltan los favores, los elogios con interés a medio plazo o el ánimo de apoyar a colegas o editores afines, seguramente, o al menos es la impresión que da ver en alguna de las propuestas al actual presidente de la RAE (¿buscando un sillón?), o a Jiménez Losantos, Pérez Henares y alguno más.

     De todo ello se desprende que la confianza del lector tendrá mejor recompensa si la deposita en aquellos críticos con los que tenga ya contrastada una cierta afinidad en el juicio y el gusto que en una lista elaborada con un método que no se sostiene desde su elaboración perpetrado por un suplemento cultural donde se prima a los conocidos, los valores editoriales fijos, cuando no a los propios colaboradores. Afortunadamente hay libros, decíamos, que por su calidad terminan aunando voluntades y apareciendo en las listas, ese es el caso de Un amor, la excelente novela de Sara Mesa, que suma reconocimientos, aunque seguro que unos cuantos más, de parecida calidad, seguirán condenados al cuasi anonimato.

     La parte positiva de estas listas, que llevarán compradores a las librerías, y otra no menos gozosa: que te puedes pasar un buen rato de chanza una vez que conoces los entresijos del entuerto y a sus autores.

A.J.S.

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